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«Tron: Legacy». Jazz biodigital

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«Tron: Legacy». Jazz biodigital

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Uno de los clásicos seminales de la ciencia ficción ochentera se actualiza y ubica con sobradísima perfección en el cine del siglo XXI. Visualmente impresionante, un espectáculo que se rememora a sí mismo y se cobra una deuda histórica.

Kevin Flynn (Jeff Bridges) lleva veinte años desaparecido. La poderosísima empresa Encom ya no está bajo su control ni el de su hijo, Sam (Garrett Hedlund). Pero pronto ambos volverán a encontrarse en un mundo fascinante, más allá de nuestra realidad. Dos décadas después de que “Tron” pusiera patas arriba buena parte de los conceptos de la ciencia ficción cinematográfica, recibimos “Tron: Legacy”, secuela que, si bien está lejos de alcanzar los pioneros grados de originalidad visual y narrativa de aquella, sí logra ocupar un lugar destacado en el cine de este siglo XXI tan acelerado como artísticamente indisciplinado, al tiempo que se cobra una deuda histórica con todos aquellos que la han homenajeado/plagiado/imitado/vulnerado a lo largo del tiempo.

Dirigida con un mimo excepcional por Joseph Kosinski, director debutante que ya cuenta con un proyecto entre manos para 2012 ─lógico─, la película cuenta con la soberana ventaja estética de ser visualmente deslumbrante, perfecta, preciosa y preciosista, un aluvión de colorido puro y definido, potenciado por las virtudes de la tecnología que tanto bien ─y tanto mal─ está haciendo a muchas de las superproducciones que las majors disparan a la platea universal. Heredera invertida de la matriz de los Wachowski, de la que copia ─y, al tiempo, recupera─ no pocos elementos tácticos y sensoriales, la épica historia del usuario perdido en un universo de programas vivos abraza el inevitable halo críptico que se le supone, abarrotada de tecnologías inabarcables y fabulosas, en un delirio alucinógeno que no elude ni la acción meditada ni los elevados ─y, al tiempo, superfluos─ mesianismos intrínsecos a la utopía que presenta.

Sin excesivas cesiones rítmicas, y a caballo entre la actualización techno del original entorno 80´s ─a lo que ayuda una maravillosa banda sonora de galácticas profundidades─ y la aventura de acción de una consola next-gen, el legado de Tron cabalga con premura y elegancia bien sostenido por un Garrett Hedlund en posado permanente, una esplendorosa Olivia Wilde invitada a ser musa e icono de la nueva chavalada que ha de llenar las salas, y un clonado y súper saturado Jeff Bridges que, en el apogeo de su carrera interpretativa y reconocido ya ampliamente como un grande entre los grandes ─siempre lo ha sido, en realidad─, disfruta de lo lindo metido a Jedi fosforescente, poderes y trascendencias zen incluidas, a pesar de lo inevitablemente artificial de su recreación digital de jovenzuelo. Autoreferencial, consciente, consistente, halógena y zascandil, una pirueta atronadora que funciona dentro de su propio caos. Puro jazz biodigital.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Tron: Legacy” © 2010 Walt Disney Productions y LivePlanet. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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