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«Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!». La colina de la carcajada

Críticas

«Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!». La colina de la carcajada

Es tremendamente agradable acudir a una sala a descubrir una nueva propuesta cinematográfica y encontrar que no sólo se cumplen nuestras expectativas previas, sino que se superan con creces. Es lo que sucede con “Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!” ─innecesarios son los comentarios acerca de los subtítulos con los que agasajan una vez más al circuito comercial de nuestro país─, relato de las desventuras de un grupo de actores enfrascados en una producción bélica que, buscando una mayor verosimilitud y un castigo para sus egos desbocados, son trasladados a un escenario real en el que se topan con una verdadera y peligrosa guerrilla narcotraficante.

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Sirviéndose de la base de una comedia al uso, se despliega ante nuestros ojos una sorprendente historia en la que no solamente se ha reunido a un elenco interpretativo excepcional, sino que además presenta un cuidado estético, técnico y narrativo realmente notable. Tras un considerable puñado de títulos en su haber tras las cámaras, Ben Stiller ha desarrollado unas más que aceptables aptitudes como cineasta, ofreciendo pasajes impactantes en su planificación y puesta en escena, apoyado por los embriagadores e infinitos paisajes selváticos que enmarcan una trama que, verdaderamente, no deja títere con cabeza en su acertada, ácida y cínica crítica contra los estamentos hollywoodienses. La descontextualización de roles y situaciones funciona a la perfección como arma al servicio no ya de provocar la carcajada, sino de marcar claramente la posición de los responsables de la película respecto de la situación actual de la industria cinematográfica norteamericana; se multiplican las sorpresas inesperadas e hilarantes en un libreto que arremete contra la identificación de las estrellas con auténticos ídolos modernos, contra la contribución de los medios de comunicación a la conversión de los intérpretes en iconos sagrados y contra los propios directivos que manejan los hilos desde los despachos de las majors. Cierto es que se trata de una diatriba dibujada desde la comodidad de la posición comercial de los autores de la cinta, aunque ello no resta valor a su apuesta, más bien todo lo contrario, por el amplio espectro de público que pueden llegar a alcanzar.

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Abundan guiños a la platea que no han de ser desvelados aquí, así que haremos simplemente referencia a la sensacional labor del trío central, comenzando por un Stiller que nuevamente demuestra que se implica mucho más en sus papeles cuando se dirige a sí mismo, entregado a dibujar nuevamente una figura en decadencia que se aferra a un falso impulso vital para salir del pozo, como ya le sucediese al tres veces Mejor Modelo Masculino del Año, Derek Zoolander, en 2001; en esta ocasión, aparece su Speedman como una inversión pretendidamente simplona y efectiva del coronel Kurtz al que dio vida Marlon Brando en el horror de Coppola… Los pesos se descompensan un tanto al referirnos a un Jack Black genial ─como siempre─ pero desaprovechado, que regala momentos impagables ─la adicción a las gominolas en polvo de su Jeff Portnoy es tan sincera como abnegada─ pero que deja un poso de insatisfacción ante la innegable evidencia de que podía haber dado más de sí. Pero sin duda, el gran triunfador es el inmenso Robert Downey, Jr., que nos regala uno de los trabajos más pasmosos que se recuerdan en el género en los últimos años trazando una interpretación sencillamente espectacular, de muchos quilates y absolutamente deliciosa en su versión original, de visionado obligado, si no en pantalla grande al menos en formato doméstico.

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Así las cosas, el pulso del realizador avanza con paso firme entre la ligereza y la más absoluta lisergia, un salto a una realidad paralela en la que no se sabe muy bien por dónde van a ir los tiros ─en todos los sentidos, y nunca mejor dicho─, un mundo alucinado en el que desde las sombras acecha el fantasma de un Nick Nolte definitivamente desgreñado convertido en la ilusión de un vil maestro de ceremonias y marionetista de un Steve Coogan ofuscado y vociferante. Un auténtico delirio, desde luego, pero un delirio inteligente, pensado y pergeñado al detalle, tan alarmantemente sincero en sus intenciones como operativamente solvente y artísticamente sorpresivo. Estas son las gamberradas que hacen falta.

Calificación: 8/10.

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  • …y en la sátira política británica «In the loop»
  • En las imágenes: Fotogramas de “Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!” © 2008 DreamWorks Pictures y Red Hour. Fotos por Merie Weismiller. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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