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«Un cuento de Navidad»: Los Tenenbaums no tenían la última palabra

Críticas

«Un cuento de Navidad»: Los Tenenbaums no tenían la última palabra

Una disección tragicómica y dolorosa de una familia disfuncional, la cinta está contada con narrativa absorbente y empaque clásico, donde la transgresión de los géneros y la destrucción permanente de los tópicos son la norma a seguir.

Puestos a mentar a Wes Anderson, diremos que «Un cuento de Navidad» podría hasta presumir de una similar capacidad para ganarse filias y fobias, de provocar esa polarización extrema del público reservada a unos pocos privilegiados. En una pequeña sala de cine en un domingo por la tarde y de entre una generosa cantidad de asistentes, servidor vio desfilar a un par de ellos cuando la cinta apenas había rebasado su ecuador. Los demás se quedaron hasta alcanzar un final tan imprevisible como el resto de la película de Arnaud Desplechin. Los créditos dieron paso a un desconcierto de la platea que era la suma de los desconciertos acumulados a lo largo de unas dos horas y media de duración, un murmullo que compilaba entusiasmos, fastidios y alguna que otra indiferencia. Y yo, mientras, sonreía feliz.

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Érase una vez un cuento de Navidad fuera de temporada, érase un reverso delicioso de las perpetuas estampas navideñas del cine. Érase una disección tragicómica y dolorosa de una familia tanto o más disfuncional que los mismísimos Tenenbaums, con un buen puñado de genios que escriben obras de teatro, acumulan galardones o viven platónicamente enamorados de alguien de su misma familia. Este cuento está contado con narrativa absorbente y empaque clásico, por capítulos que delimitan a sus personajes y cierres en iris que marcan el inicio o final de un episodio. Y eso que es de los que no necesitan capítulos, de los que te devoras desde el prólogo hasta el último suspiro, desde su magnífica apertura a golpe de siluetas que ponen en escena la tragedia fundacional de la trama hasta la conclusión, que opta por un anticlímax maravillosamente urdido.

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«Un cuento de Navidad» es la obra de un cineasta que entiende la hiriente sinceridad y los actos inexplicables como parte hermosamente inalienable de la cotidianidad, máxime en fechas tan señaladas como las indicadas en el título. Para Desplechin, la transgresión de los géneros y la destrucción permanente de los tópicos es la norma a seguir. Tan pronto dinamita los tabúes que rodean a los difuntos de una familia para desplegar un humor negro plenamente naturalizado como diluye las fronteras entre jueces y acusados en la mesa familiar. El espíritu subversivo del relato se conjuga aquí con la forma cinematográfica, pródiga y fecunda en el uso de recursos varios, a saber el uso de la voz en off o la cámara como elemento introductorio del monólogo dirigido al espectador de Catherine Deneuve. La multiplicidad de mimbres narrativos y herramientas forman un todo de una fuerza inusitada casi desbordante que nunca desinstala al receptor de la sorpresa. Su abanico de imposibles incluye montajes en paralelo de escenas difícilmente conciliables o caprichosas variaciones de una banda sonora, que suena como una Babel de géneros y estilos que tanto abarcan el villancico de Otis Redding como las notables composiciones de Grégoire Hetzel ex profeso para el filme. Por si fuera poco, Desplechin revela un exquisito gusto por la referencialidad, nunca mal entendida (por pedante o por forzada), que nos permite disfrutar de multitud de momentos inclasificables que encuentran la rúbrica en una cita de Renoir, una mención a Kafka (bellísima la carta en la que aparece) o un personaje que se apellida nada menos que Dedalus.

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El elenco es el gran culpable del prodigio, un grupo de actores cuya experiencia se agiganta en la pantalla y otros en estado de gracia por Navidad. El rostro de Deneuve demuestra lo excepcionalmente bello que puede resultar el aplomo de una gran actriz, mientras Chiara Mastroianni es la perfecta cómplice del sarcasmo que luce su personaje. Ahora bien, es Mathieu Amalric el que realmente sobresale como el hermano non grato, el hijo alcohólico y amante de los excesos que molesta con proclamaciones de verdades silenciadas al tiempo que las suyas quedan enterradas en un pasado que se intuye tremebundo. Compleja su incorporación, complejo el personaje en la riqueza de matices que nos infunden una gama de sentimientos no menos complejos. Henri significa la fragmentación familiar, pero también la catarsis del trauma genealógico, la autodestrucción repudiada y la salvación requerida, todo en uno. La pieza clave de una familia hecha poco al uso cinematográfico y mucho al insólito retrato de un autor extraordinario. Y la demostración fehaciente de que los Tenenbaums no tenían la última palabra en esto de la familia disfuncional.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «Un cuento de Navidad» – Copyright © 2008 Why Not Productions, France 2 Cinéma, Wild Bunch y Bac Films. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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