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«Un dios salvaje»: Disquisiciones de salón

Críticas

«Un dios salvaje»: Disquisiciones de salón

En «Un dios salvaje» Roman Polanski demuestra su maestría como director, si bien no consigue evitar que la evolución de los personajes sea previsible. Grandes actores y un plano final cuya sutilidad se eleva por encima del texto de la obra.

Quizá como terapia para sobrellevar la reclusión forzada por sus problemas con la justicia, Roman Polanski firma ahora, tras la sobrevalorada «El escritor (The ghost writer)» (2010), una pieza de cámara que adapta una famosa obra teatral de Yasmina Reza que contiene, en esencia, los temas principales de la filmografía del director polaco. Una pieza que transcurre en un único escenario, el de un piso neoyorquino en el que, en tiempo real, dos parejas de padres tratan de abordar la agresión del hijo de una de ellas al de la otra, un golpe con un palo que le ha ocasionado la rotura de dos dientes.

Polanski demuestra su maestría como director con una cinta que literalmente transcurre en un suspiro. Podría pensarse que es algo fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que «Un dios salvaje» (ver tráiler y escenas) dura tan solo 79 minutos, pero incluso un metraje tan breve, en manos de alguien menos dotado, podría parecer inacabable si partimos de lo limitado del espacio escénico y sus únicos cuatro personajes. Sin embargo, ninguna de estas restricciones son problema para un Polanski que sabe moverse por la vivienda de los Longstreet —Jodie Foster y John C. Reilly, tan estupendos como sus oponentes los Cowan, Kate Winslet y Christoph Waltz— con una solo aparente sencillez, porque cada plano, cada encuadre, cada movimiento de cámara está planificado al milímetro para trazar las líneas cambiantes en las que se desarrolla el combate, con alteraciones momentáneas en las alianzas que se suceden al mismo tiempo que los modos impuestos por la cortesía y las buenas maneras van dejando paso a las verdaderas naturalezas y contradicciones de unos adultos que, al fin y al cabo, no dejan de ser representaciones, incluso clichés, de posturas fácilmente reconocibles a diario entre nosotros.

De hecho, es la previsible evolución de los personajes —casi podemos adelantar en qué se van a convertir la concienciada humanista, la fiel y dulce esposa, el triunfador y cínico abogado y el amante de la vida sin complicaciones pero también sin ambiciones— lo que, aunque parezca paradójico, menos hace por mantener en pie la cinta. Tampoco la traslación de detalles que poco contribuyen a hacer olvidar su origen teatral —no resulta difícil suponer que sobre un escenario resulte más creíble que en la pantalla el hecho de que los Cowan no abandonen el apartamento a las primeras de cambio—. No, en realidad es la gran inspiración y potencia de los intérpretes lo que hace que el conjunto avance sin descanso y transmita credibilidad, incluso cuando las reacciones, bien por previsibles o, al contrario, por arbitrarias, amenazan con expulsarnos de lo que estamos viendo.

Aunque lo mejor, como en tantas ocasiones con Polanski, quizá sea el plano final, que suponemos forma parte de los añadidos que han hecho que el guión de la cinta esté firmado por Yasmina Reza junto con el propio director. Un plano que ocupa toda la secuencia de créditos finales, y que quizá responda a la posición del cineasta, una declaración que viene a decir que las altas discusiones moralistas que ocupan la conversación de las dos parejas de clase media no tienen, en realidad, gran importancia. O dicho de otro modo, que la gran mayoría de las cosas que suceden en el mundo se desarrollan por sus propios cauces, en muchos casos más lógicos y de sentido común que lo que las construcciones bienpensantes podrían hacernos creer. Un plano cuya sutilidad, todo hay que decirlo, se eleva bastante por encima del texto de la obra, en ocasiones demasiado obvio y subrayado. Una genialidad que, esta sí, es puro cine.

Calificación: 6/10


Imágenes de «Un dios salvaje», película distribuida en España por Alta Classics © 2011 SBS Productions, Constantin Film Produktion, SPI Film Studio, Versátil Cinema, Zanagar Films y France 2 Cinéma. Todos los derechos reservados.

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