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«Una vida mejor»: La crisis sin fin

Críticas

«Una vida mejor»: La crisis sin fin

«Una vida mejor» retrata con natural realismo los efectos de la crisis sobre el individuo de a pie, aunque su contundencia se pierde en un último tramo que no sabe poner punto y final. Fantásticas interpretaciones de sus protagonistas.

Entre todo el cine reciente que ha abordado la crisis económica, podría establecerse una clasificación que distinguiera aquellas películas que han hecho diagnóstico y señalado a sus responsables y aquellas otras que han abordado los estragos en el ciudadano de a pie, primera víctima en la cadena de depredación del capitalismo. En este segundo grupo, el cine español tuvo su aportación en la estimable «5 metros cuadrados» (Max Lemcke, 2011), en la que la pareja formada por Fernando Tejero y Malena Alterio veían destrozado el sueño de un hogar propio a manos de la corrupción y el pillaje impune de una empresa constructora.

«Una vida mejor» (ver tráiler y escenas), aportación francesa a ese tema y enfoque que firma Cédric Kahn, presenta más de una similitud con la cinta de Max Lemcke —las guerras libradas en los despachos, el local con el que los enamorados sueñan para un futuro mejor—, incluso en el punto en el que su protagonista, desbordado por la situación, decide tomar medidas desesperadas. También hay una diferencia fundamental entre ambas: Lemcke apuntaba sin complejos hacia los culpables, tomaba partido en un ejercicio de ficción que algo tenía de justicia poética para con la vergonzosa realidad denunciada; Kahn, en cambio, elige distanciarse de las constantes decepciones que, a golpe de episodios delimitados por fundidos en negro, van destruyendo un poco más las esperanzas de ese triángulo familiar. Su opción es la de un realismo que esquiva el melodrama, apoyado en la naturalidad que desprenden sus tres personajes principales y en la sobriedad de la imagen. No hay tremendismo, pese a que se muestran escenas terribles. No existe un discurso central, sólo las consecuencias de lo que es temiblemente reconocible.

Dramón sin afectaciones en el que la tragedia siempre brota con espontaneidad, «Una vida mejor» pone en riesgo su credibilidad cuando intercambia, en el salto de un continente a otro, el relato neorrealista por el itinerante en busca de reparar el desgarro emocional que bien podría encontrar su modelo en «París, Texas» (Wim Wenders, 1984). Ese tramo final, sin embargo, se construye con mucha menos convicción que el descenso a los infiernos de la crisis que le precede, hasta el punto que solo las sobresalientes interpretaciones de Guillaume CanetLeïla Bekhti y Slimane Khettabi pueden hacer olvidar que, después de todo su angustioso recorrido, la película es incapaz de llegar a ninguna conclusión o poner punto y final.

Calificación: 6/10

      
      

Imágenes de «Una vida mejor», película distribuida en España por Golem © 2011 Les Films du Lendemain, Cinémaginaire, Maia Cinema, Mars Films y France 2 Cinéma. Todos los derechos reservados.

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