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«Up»: Lo sublime existe

Críticas

«Up»: Lo sublime existe

El equilibrio alcanzado en «Up» entre aspectos formales y materiales, entre virtudes técnicas y logros afectivos, elementos infantiles y adultos, no es algo frecuente en el momento actual del cine. En definitiva, una experiencia sublime.

Aun a riesgo de incurrir en cierto exceso reverencial, este humilde escribiente ha de confesar que, en la filmografía de Pixar, siempre ha distinguido, en el capítulo de calidades, dos grandes bloques: el de las películas muy buenas —entre las que se contarían, por ejemplo, «Bichos», «Cars» o «Ratatouille»—, y el de las obras maestras, ese en el que acaba de aterrizar, junto a predecesoras tan ilustres como las dos entregas de «Toy Story» o “WALL·E (Batallón de limpieza)”, el último título de la factoría estadounidense, “Up”.

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No es difícil excederse, hasta un punto próximo al papanatismo, cuando se pretende glosar las glorias y virtudes de un filme tan redondo como «Up». Y no lo es porque el equilibrio alcanzado entre aspectos formales y materiales, entre virtudes técnicas y logros afectivos, elementos infantiles y adultos, no es algo frecuente en el momento actual del cine. Y, en todo caso, hace que el visionado de una película como esta se convierta —aun no existiendo pretenciosidad ni artificio en su confección— en una experiencia sublime.

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Qué hermoso disfrutar de esa secuencia en la que se nos presenta, sin diálogos, sólo con un precioso fondo musical (como el de toda la banda sonora compuesta por el maestro Michael Giacchino), todo el desarrollo vital de la pareja formada por Carl y Ellie, desde su boda hasta su final, con una sensibilidad y cariño dignos del mejor Chaplin. Cuánto mimo y detalle el volcado en la fijación de los elementos decorativos de una casa que se erige en un personaje más de la trama, y que recorremos parada y cuidadosamente cual si fuera la cámara de un majestuoso Eastwood la que nos la mostrara. Qué maravilla la de ese interminable viaje de una casa voladora, surcando un cielo inmenso a bordo de unos globos que se constituyen en toda una alegoría de la libertad, y que nos remite a las fantasías en movimiento del mejor Miyazaki. O cómo no brincar en la butaca, presos del frenesí y los nervios generados por unas escenas de acción llenas de tensión y suspense, y que no hubiera firmado mejor el Spielberg mozo de las primeras entregas del mago Indy.

¿Les suena a acumulación de referencias cinéfilas, encajadas con calzador en un ejercicio vanidoso de sabiduría histórica? Nada más lejos de lo ofrecido en pantalla, donde todo surge de manera natural, fluida y sólo como fruto de una observación distorsionada por la acumulación de tales referentes a cargo del que aporta la mirada. Para el niño (y para el que no lo sea tanto, también) que acuda con la mirada limpia a contemplar una bonita historia de superación, empeño, y amor (en todas sus variantes), sólo habrá un hermoso cuento del que disfrutar, tanto por lo bien trovado de su relato fílmico como por el puñado de enseñanzas humanas básicas que de él podrá extraer: de cómo el amor es la palanca capaz de remover cualquier obstáculo en el camino hacia nuestros anhelos; de cómo lo importante no es tanto el llegar como el hacer el camino; de cómo valemos mucho más juntos que por separado, porque la unión hace la fuerza; de cómo la obcecación ciega en pos de un objetivo espurio nos emponzoña y nos pervierte. ¿Demasiado correcto políticamente? Puede que sí, pero no les quepa duda, amigos lectores, de que, ofrecido en este envoltorio de enorme hermosura visual y vigor narrativo incomparable, no lo parece tanto.

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Quizá fuera difícil pronosticar cuando, allá por 1995, Buzz Lightyear acuñara su ya legendario grito de guerra («¡Hasta el infinito, y más allá…!»), este terminaría convirtiéndose en una declaración de principios aplicable a su compañía-madre: una factoría de animación en la que el último listón de talento, por elevado que ella misma lo sitúe, siempre es superado en la siguiente entrega. Pero eso, a día de hoy, y después de ver «Up», parece fuera de duda. Sólo sería deseable que la próxima edición de los Oscars® reconociera formalmente tal estatus mediante un acto de estricta justicia, como sería el de la concesión a «Up» del premio a la Mejor Película. Y no de animación precisamente, no.

Calificación: 9/10

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  • Videojuego: Sólo para los pequeños de la casa, por J.R. Fernández
  • Notas sobre cómo se hizo «Up»
  • Noticias relacionadas con la película y su equipo
  • Videocartelera de la semana de su estreno
  • En las imágenes: Fotogramas de «Up» – Copyright © 2009 Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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