Síguenos

Críticas

«Vivir para siempre»: Degeneración dramática

FichaSinopsisCartelTráilerNoticiasCríticasComentarios

Bajo su pátina indie, «Vivir para siempre» esconde el dramón lacrimógeno con enfermedad de siempre. Un telefilme maquillado que se regodea en el fatalismo y roza la pornografía emocional como armas para la destrucción masiva de pañuelos.

El cine de enfermedades degenerativas y sin solución se ha constituido largamente en tipos difícilmente remontables. Cáncer, leucemia y otros monstruos han sido el campo semántico de ese subgénero per se; el drama lacrimógeno o la indestructible unión familiar, el tratamiento que les ha correspondido. En esa estandarización penosa que convierte el dolor ajeno en instrumento de reconciliación interior para el gran público, el optimismo frente a la muerte anunciada ha sido arma de doble filo en títulos como «Quédate a mi lado» (Chris Columbus, 1998), «Planta 4ª» (Antonio Mercero, 2003) y, ahora, en esta «Vivir para siempre».

Adaptación hispano-británica de la novela de Sally Nichols a manos del madrileño Gustavo Ron, su segunda película se inscribe de lleno en esa tradición del melodrama exacerbado, vía el modelo bucket list (1) y con todas las coartadas estéticas imaginables. «Vivir para siempre» busca la distancia para con predecesoras a través de: 1) una pátina indie que nunca fue tan pátina, infografías à la «Juno» (Jason Reitman, 2007) inclusive; 2) cierto contexto de la aventura residencial delatado, en momentos puntuales, por una banda sonora de minimalismos símiles a los de «American beauty» (Sam Mendes, 1999); 3) realismo mágico de cartón piedra, troquelados y fantasías de iluminación quemada que buscan la confirmación de la diferencia —»esta no es otra película sobre la leucemia»—. Tamaño collage debiera bastar para poner en aviso al espectador desprevenido: este no es un ejercicio de tragicomedia más grande que la vida misma, ni una oda pletórica de fuerza adolescente a las ganas de vivir. Se trata, más bien, de otro telefilme maquillado dispuesto a regodearse en el fatalismo y a rozar la pornografía emocional como armas predilectas para la destrucción masiva de pañuelos.

En un momento dado del inacabable sufrimiento del joven Sam (Robbie Kay), una situación crítica le lleva a indicarle a su padre —un Ben Chaplin entregado al único registro de padre impotente, negador del destino aciago—, entre gritos de dolor, el procedimiento a seguir y las medicinas a suministrar con urgencia. Una vez superado el episodio, ese padre mira a su hijo a los ojos y se pregunta: «¿Quién es el padre y quién es el hijo?». El diálogo, de una obviedad magnífica, se halla en perfecta sintonía con la verdadera naturaleza sentimentaloide de la cinta, aquella que se hace explícita en la música de César Benito o en la utilización del vídeo diario como abusivo instrumento de manipulación emocional.

Calificación: 3/10

(1) Lista de cosas que hacer o deseos que cumplir antes de morir.

En las imágenes: Fotogramas de “Vivir para siempre” – Copyright © 2010 El Capitán Pictures, Formato Producciones y Life & Soul Productions. Distribuida en España por European Dreams Factory. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Novedades destacadas

Guía de películas

A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z 1
Subir