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«Wall Street: El dinero nunca duerme». Quiebras, redenciones y mucha frialdad

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Innecesaria secuela que carece de la energía de su antecesora y que posee una desequilibrada estructura en la que se mezcla aburrida terminología económica con pasajes melodramáticos. A destacar su excelente reparto.

El pasado mes de abril tendría que haberse estrenado «Wall Street: El dinero nunca duerme», si bien su distribuidora prefirió retrasar su llegada a las salas de cine hasta el otoño. La decisión tenía su lógica, ya que, por un lado, no hay duda de que resulta difícil introducir una película de estas características dentro de una época en la que comienzan a llegar los primeros blockbusters de la cada vez más anticipada temporada veraniega; por otro, los deseos de presentar el filme en el Festival de Cannes y la posibilidad de que éste compitiera por diversos premios de cara a los Oscar® del año que viene, devinieron en una tentación a la que sus responsables no se pudieron resistir.

Tras abandonar la cárcel, Gordon Gekko se dedica a escribir un libro sobre sus experiencias en el mundo de las finanzas. El joven y ambicioso Jake Moore, que a su vez es el novio de la hija de aquél, se aproxima al otrora magnate para obtener unos cuantos consejos de su futuro suegro. Farragosa en sus lecciones económicas e insuficiente en sus aportaciones dramáticas, «Wall Street: El dinero nunca duerme» se convierte en una prescindible secuela a la que le sobra bastante metraje y le falta el vigor de su antecesora. Aburridos fragmentos cercanos a la Macroeconomía se confunden con otros en los que se presta más atención a las relaciones existentes entre los principales personajes de la película, si bien en ningún momento se alcanza un necesario equilibrio entre ambos elementos de la narración.

Oliver Stone dirige el filme con estilos muy variados. Así, recurre a la grandilocuencia (las vistas de los edificios de Nueva York), a las triquiñuelas del montaje (la división de la pantalla cuando hablan algunos personajes) o incluso se limita a dejar que la cámara se fije en las interpretaciones de los actores. Éstos se convierten en uno de los mejores apartados de la cinta, encontrándonos con un vigoroso Michael Douglas y unos acertados Shia LaBeouf y Carey Mulligan. Frank Langella, Eli Wallach y Josh Brolin, todos ellos meritorios, completan un reparto en el que también se deja ver Susan Sarandon, quien hace lo que puede con su superfluo papel. En definitiva, una propuesta que en ningún momento colma sus elevadas pretensiones y que pretende contentar a espectadores de gustos variados. Obviamente, no lo consigue.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Wall Street: El dinero nunca duerme” – Copyright © 2010 Twentieth Century Fox y Edward R. Pressman Films. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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