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«Watchmen»: La adaptación imposible

Críticas

«Watchmen»: La adaptación imposible

Con todos sus «pudo ser y no fue», estamos ante una adaptación que celebrar, lo cual es mucho si tenemos en cuenta la obra adaptada. «Watchmen» es una demostración de que incluso la adaptación imposible es posible.

Y por fin alguien se atrevió con ella. Por fin alguien tan osado, que no visionario, como Zack Snyder, se lanzó de cabeza a la que es presumiblemente la misión más suicida a la que podía enfrentarse un director en nuestro tiempo: adaptar «Watchmen» y sobrevivir en el intento. Tan descabellado como valiente, tan arriesgado como descomunal, su traslado a la pantalla estaba condenado a descubrir las carencias del medio cinematográfico en su intento de abarcar la obra inabarcable, de buscar el complicado equilibrio entre la experimentación narrativa y la síntesis imposible, entre la autocrítica y las concesiones al espectáculo. Y todo sin el beneplácito de un Alan Moore manifestante de su rechazo frontal hacia la adaptación de su obra. Una perspectiva ciertamente poco saludable para la trayectoria de un valor al alza.

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Si logramos entender que nos encontramos ante tal coyuntura, si acudimos a «Watchmen» con las dosis justas de purismo y el deseo de asistir a una monumental película que proponga aunque sea el conato de revolución para el cine de superhéroes, seremos correspondidos con una grata respuesta a nuestras expectativas. Esta «Watchmen» no es la adaptación definitiva, y quizás esta no exista, pero sí es un logrado acercamiento a la magistral obra de Moore y Gibbons. Fidedigna, honesta y poco licenciosa. Así es la cinta de Snyder, que deja atrás los hiperbólicos excesos de «300» para tratar de captar las infinitas lecturas de la fuente, aun a riesgo de perder al público que acude a ver otra función bien distinta, aquella que vendieron los avances como trepidante acción y fuegos pirotécnicos. Que las licencias para con el cómic sean mínimas y que, al menos, el director haya alcanzado a transmitir con eficacia la densa narración de Moore (y pese a las consabidas e inevitables pérdidas), es algo que en el caso de «Watchmen» resulta particularmente meritorio. Incluso se le podría reprochar más por exceso de fidelidad que por falta, pero la verdadera batalla del realizador iba más allá de estas cuestiones: la gran contienda estaba en la profundidad de sus protagonistas, su complejísima definición y la inabordable maraña de interrelaciones que se establece entre ellos. Junto a los mencionados, el otro gran reto es el de la contextualización en la América alternativa, la captación del tono oscuro casi noir que impregnaba las viñetas. En el primer frente, Snyder es sagaz y permite la irrupción de los flashbacks hasta el punto que antecede al quebrantamiento de la línea argumental troncal. En el segundo, la esencia viene más dada por la voz en off de Rorschach que por las estéticas consumadas.

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Sabiendo de la imposibilidad de incurrir con éxito en la totalidad de las metaficciones, tramas secundarias y apuntes sobre la psicología y naturaleza del héroe enmascarado, Snyder hace cura de humildad y reduce sus pretensiones a la fidelidad y pleitesía hacia el original. A partir de ahí, sus logros más notorios los encontramos en unos brillantes créditos iniciales que ponen en escena el relevo generacional de los héroes enmascarados (y, de paso, apuntan hacia su ridiculez y sociopatología), o en un pasaje dedicado al Dr. Manhattan que se aproxima al calco de su equivalente en papel. Precisamente, es en esos momentos de monólogo interior del auténtico héroe indestructible (exitoso su subrayado como elemento inalienable de la Guerra Fría y, por ende, del pre-Apocalipsis) cuando la cinta más demanda complicidad de parte de los conocedores del cómic y suplica paciencia a los que no lo son. Es, también, la escena en la que más se ponen de manifiesto los beneficios y lastres de la adaptación cinematográfica, pues si el montaje es el arma idónea para estructurar con precisión los pensamientos de Jon Osterman, el discurso se torna más denso y difícil en la pantalla de lo que más de un espectador estará dispuesto a tolerar.

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En cualquier caso, y con todos sus «pudo ser y no fue», estamos ante una adaptación que celebrar, lo cual es mucho si tenemos en cuenta la obra adaptada. Esta traslación a la pantalla es más que válida y un hábil ejercicio de plasmación en cuya eficacia tiene que ver un casting correcto en la mayor parte de los casos. Muy acertadas, sin ninguna duda, las elecciones de Jackie Earle Haley (Rorschach) y Patrick Wilson (Búho Nocturno), que capturan la esencia de los personajes que les pertocan y convencen pese a no gozar de una atención equivalente a la que disfrutaban estos en el cómic. Despierta alguna duda el excesivo refinamiento de un Ozymandias incorporado por Matthew Goode, mientras que Laurie Jupiter (Malin Akerman) parece ser la más alejada del correspondiente personaje original, quizás por un desarrollo más endeble que el resto. Pese a todo, el buen hacer general del reparto ayuda a insinuar la disección y desmitificación del universo del superhéroe sin entrar más al trapo, mientras los inacabables detalles y puntuaciones que les rodean y definen toman la forma de pequeñas pero deliciosas rúbricas de fondo de fotograma: desde la película de Sally Jupiter que vemos anunciada en un cine a la línea de productos Millenium cuya publicidad divisamos en el cierre. En definitiva, «Watchmen» es una demostración de que incluso la adaptación imposible es posible. Siempre, claro está, que esta se encuentre en las manos adecuadas, las del autor consciente de las posibilidades y limitaciones del lenguaje cinematográfico en el paso del papel al celuloide. Y, afortunadamente, Snyder se ha mostrado apto en esta empresa.

Calificación: 7/10

  • Más información sobre «Watchmen»
  • Tráiler en español de «Watchmen»
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  • En las imágenes: Fotogramas de «Watchmen» – Copyright © 2009 Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures, Legendary Pictures, DC Comics, Lawrence Gordon/Lloyd Levin Productions. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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