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«When you’re strange»: Embrujo y arrebato de los mitos

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«When you’re strange»: Embrujo y arrebato de los mitos

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«When you’re strange» habla con una libertad documental que también incluye ficción chirriante. Pero las imágenes y la música de The Doors se sobran para lograr el embrujo, el arrebato que sólo los mitos verdaderos consiguen.

La normalización —o, mejor dicho, oficialización— de un cierto vocabulario de los géneros decidió que el documental era eso, un género, y nunca un formato a partir del cual nacían formas de expresión tanto o más libres que las de cualquier ficción al uso. También en aquellos casos en los que ese documental venía a significarse como biógrafo ya no del personaje central que le ocupa, sino también de su momento histórico, de las convulsiones que le rodeaban y aquellas a las que contribuía, del lugar, del tiempo, de una realidad que no podría sernos más ficticia, más mítica, y que es reconstruida a golpe de montaje y pasión.

Acotaciones léxicas a un lado, la evolución de esos formatos genéricos y géneros justificados en el formato, encuentra evidencias suficientes para dar con el intuido aforismo: las ficciones en torno a las grandes figuras de la música han demostrado, en muchos más casos, un comportamiento más canónico —y por ende, un espacio de representación más limitado— que en el caso de los documentales situados en parámetros similares. Para entendernos, a este crítico le resulta fácil intercambiar los lugares que ocupan en su memoria «Ray» (Taylor Hackford, 2004) y «En la cuerda floja» (James Mangold, 2005), «The Doors» (Oliver Stone, 1991) y «La vida en rosa: Edith Piaf» (Olivier Dahan, 2007), cuando nunca deberían ser Ray Charles, Johnny Cash, Jim Morrison y Edith Piaf plato del mismo gusto ni hagiografías con morbo subrayado. Por suerte, la regla tiene excepciones, y uno aún puede dejarse llevar por la nostalgia post-punk de «Control» (Anton Corbijn, 2007) o celebrar la polisemia de Bob Dylan en «I’m not there» (Todd Haynes, 2007). Y a propósito de Dylan, la formulación que Martin Scorsese llevó a cabo en «No direction home» (2005) debería bastar para entender que no hay fronteras entre ficción y documental, que no hay límites que valgan porque ambos tratan el mismo material: el de los mitos y su construcción, el de la historia que se escribe desde el acto transgresor, el de esa imposible renovación del momento que acaba por llegar.

«When you’re strange» entiende que es inútil la distinción y proclama, desde sus primeros minutos, su intención de equiparar el material de archivo y la ficción al fin y al cabo documental: un silencioso Jim Morrison recorre taciturno el desierto y hace autostop en escenas varias de la experimental «HWY: An American Pastoral» (Paul Ferrara, 1969). Pero su inclusión, y lo sabremos a medida avance el metraje y se repitan sus apariciones, en realidad no dialoga con las imágenes documentales que ordena la voz narradora de Johnny Depp. Ni siquiera forman parte de la gramática intrínseca, de la materialidad propia del filme, sino que son más un añadido chirriante en busca de un acceso mitológico que ya se halla en los registros visuales —muchos de ellos inéditos— que constituyen el verdadero corpus de la película de Tom DiCillo. No hay nada más penetrante que el indestructible pulso instrumental que mantiene hasta lo imposible Light my fire, ni nada más escalofriante que las sacudidas epilépticas de Morrison en el escenario cuando alcanza el éxtasis de The end. No existe himno más inquietante e intoxicado que Alabama song, ni hipnosis mayores que las conducidas por el teclado de Ray Manzarek. Por eso, son los propios Doors los que destruyen el valor de toda propuesta formal del autor para apoderarse de cada minuto que ocupan la pantalla, de cada instante que su música se hace y se rehace como leyenda.

Esta historia empieza en las playas de California. Empieza incluso antes, en las puertas de la percepción de William Blake y en el malditismo fascinante del poeta Rimbaud. Continúa con estallidos, uno detrás de otro: la mayoría de veces son los acordes los que detonan lo insospechado, lo indecible; las otras, son los gritos y bombas de ese tiempo de agitación, el único en el que los Doors podían ver la luz y cobrar pleno sentido. Y finaliza con el silencio de la muerte, cierre obligado de mitos fugaces y última conquista de Morrison. También con la constatación de un legado, o de la experiencia intensa y ajustada —86 minutos— de un legado, más allá de la discreción documental con la que se nos proporciona. Puede que Tom DiCillo no entienda el embrujo y el arrebato del mismo modo en que Julien Temple entendía la mugre y la furia de los Sex Pistols. Pero para eso, ya están The Doors.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “When you’re strange” – Copyright © 2009 Wolf Films, Strange Pictures y Rhino Entertainment. Distribuida en España por Avalon. Todos los derechos reservados.

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