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«X-Files: Creer es la clave». Aquí no está la verdad

Críticas

«X-Files: Creer es la clave». Aquí no está la verdad

A lo largo de nueve temporadas, “Expediente X” nos llevó de viaje a una realidad paralela y fascinante, muy parecida a la nuestra y en la convivían anomalías genéticas, saltos evolutivos, aberraciones variopintas y los mitos y leyendas de prácticamente todos los pueblos, religiones y civilizaciones, investigado todo ello por una pareja de agentes contrapuestos pero complementarios. La gran baza argumental de la serie, nadie lo olvida, era el conocimiento por parte del gobierno ─o de las siniestras organizaciones secretas que operan tras él─ de la existencia de vida extraterrestre, alienígenas que frecuentaban nuestro planeta con inquietante regularidad y de los que los ciudadanos de a pie no teníamos conocimiento efectivo. Convertido en un fenómeno por derecho propio, el serial saltó a la gran pantalla en 1998 en un film insuficiente, excesivamente explícito en su planteamiento y a todas luces innecesario, pero la taquilla manda y, hay que reconocerlo, era el momento adecuado. Ahora, una década después, acudimos de nuevo a las salas para ver si sigue siendo cierto que la verdad está ahí fuera.

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Hace tiempo que Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson) han abandonado su puesto en el FBI. Él vive repudiado por la agencia, apartado del mundo ─siempre lo ha estado, a decir verdad─ e inmerso en lo que bien podría ser una ampliación de su despacho, rodeado de recortes de periódico, con su eterno bol de pipas y la foto de su hermana Samantha presidiendo la habitación donde trabaja; ella ha conseguido el que verdaderamente era su sueño, ejercer la medicina, agarrarse a la ciencia con firmeza para resolver problemas palpables e innegables. Sin embargo, serán nuevamente requeridos por sus dotes investigadoras cuando los federales recurran a los servicios de un párroco, Joseph Crissman (Billy Connolly), que afirma tener visiones que pueden llevar a encontrar a una mujer desaparecida. Si el comentario cinematográfico ─rehusemos el término “crítica”, implícitamente negativo─ es, qué duda cabe, un ejercicio de opinión subjetivo influenciado por los más diversos baremos y parámetros, en el caso de “X-Files: Creer es la clave” lo es aún más, por ser quien estas líneas escribe fan confeso de la genialidad de la mente creadora de Chris Carter, aquí tras las cámaras y el texto ─junto al habitual Frank Spotnitz─ de esta tardía secuela. Aclarado esto, lo primero que hay que reseñar es que estamos ante una película fallida y deficiente, pero que mantiene un entrañable encanto gracias a que recupera a una pareja a la que echábamos de menos desde hace mucho, punto suficiente para justificar un visionado sincero y amable, absolutamente falto de pretensiones artísticas, por otro lado, y de hecho, prácticamente inexistentes.

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Y es que estamos ante un proyecto que parece más deudor de la nostalgia de Carter hacia su más fructífera y potente maquinación que una propuesta a tener en cuenta, con un guión que asemeja más bien un libreto desechado que un capítulo propiamente dicho. No encontramos aquí paranoias conspiratorias, platillos ocultos en la desolación polar o cualquiera de las temáticas recurrentes que hacían las delicias de los incondicionales de “Spookie” Mulder; el único elemento paranormal es la figura del padre Crissman, pedófilo confeso ─nuevo golpe a la alarmante situación actual de la iglesia católica en este desagradable campo─, un personaje que no puede evitar transmitir la sensación de haber sido metido con calzador para poder dar salida a esta cinta, ya que su aportación a la trama es más bien un estorbo a la investigación que una emocionante puerta abierta a lo sobrenatural. Sin una base sólida en la que asentar la narración, el realizador logra, eso sí, mantenerse fiel al espíritu de sus roles centrales, desencantados, hastiados física y espiritualmente, polos opuestos que se atraen y se rechazan constantemente incapaces de lograr la felicidad en un entorno gris, pesimista y delusorio.

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Más que arritmia narrativa, trágicamente este producto luce una absoluta ausencia de ritmo, en una sucesión de acontecimientos vacíos faltos de interés para el espectador ajeno a los tejemanejes previos de la dupla protagonista. No abundan los guiños a un palco avezado, es cierto, pero al menos salpican un metraje hinchado y excesivo que no conduce, no podía ser de otra manera, a una conclusión satisfactoria que recordar; por supuesto, no desvelaremos aquí estas escasas pinceladas cómplices, lo único positivo y realmente reseñable de la producción ─atención a la secuencia tras los créditos, por lo pintoresco─. Tampoco ayuda demasiado el fallido reparto reunido, con una Amanda Peet despistada e insustancial y un Xzibit ciertamente lamentable. Una carcasa del todo artificial, desde luego, y sólo para fans trasnochados dispuestos a rememorar tiempos mejores; pero pese a todo lo expuesto, y aunque la química entre Duchovny y Anderson está más que tocada, por no decir hundida, ver al tándem unido de nuevo en gran formato bien vale un aprobado, aunque sea raspado. Porque nosotros también queremos creer.

Calificación: 5/10.

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  • En las imágenes: Fotogramas de “X-Files: Creer es la clave” © 2008 Twentieth Century Fox y Ten Thirteen Productions. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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