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«¿Y ahora adónde vamos?»: Comedia que no cicatriza

Críticas

«¿Y ahora adónde vamos?»: Comedia que no cicatriza

«¿Y ahora adónde vamos?» conjuga comedia costumbrista con tragedia y con musical improvisado, pero la mezcla de géneros no funciona. La película de Nadine Labaki es incapaz de aportar una reflexión en profundidad sobre aquello que cuenta.

En algún lugar del norte de África, las mujeres de una aislada aldea empiezan una huelga de amor para conseguir que los hombres busquen una solución al penoso transporte de agua. En algún lugar de Oriente Medio, las mujeres de una población ajena a la guerra entre cristianos y musulmanes que la envuelve, recurren a varias estratagemas para que los hombres no desentierren —literalmente— las armas y precipiten un baño de sangre en la comunidad. La primera sinopsis pertenece a «La fuente de las mujeres» (Radu Mihaileanu, 2011), reciente co-producción continental a cargo del director de «El concierto» (2009). La segunda, a «¿Y ahora adónde vamos?»  (ver tráiler), tragicomedia en cuya producción se agolpa capital francés, libanés, italiano y egipcio. Ambas representan un tipo de cine europeo que apela directamente al favor del público, que busca legitimarse como mensaje antes que como obra —la primera, como clamor feminista en medio de una sociedad arcaica; la segunda, como llamada a la concordia entre religiones y pueblos— y halla esa complicidad en su comedia costumbrista, pese a que su capacidad para encandilar a un palco receptivo a las buenas intenciones sea directamente proporcional a su incapacidad para aportar una reflexión en profundidad sobre aquello que retrata.

«¿Y ahora adónde vamos?» es otro ejemplo más de ese cine que no tiene intención alguna de adentrarse consecuentemente en las vicisitudes y contradicciones de una cultura o credo, pero que no tiene reparo en modelar las convicciones y fidelidades a placer de un alegato que sitúa por encima de todo lo demás. En su segundo largometraje, la directora libanesa Nadine Labaki —que además interpreta a uno de los personajes destacados en una coralidad mal repartida— conjuga la comedia con la tragedia sin paliativos o el musical improvisado, pero en ningún momento su ficción da muestras de sentirse cómoda en alguno de esos géneros. Más bien, los tumbos de uno a otro y los violentos contrapuntos que se suceden de una escena a otra dominan una narración en la que son habituales las situaciones inverosímiles o, en el mejor de los casos, poco afortunadas: ahí está el pasaje en que los habitantes del pueblo empiezan una fuerte discusión frente al único televisor del lugar, o aquel otro, increíble e hiperbólico, en el que la parte cristiana se enfurece al descubrir que la pila bendita de la iglesia ha sido profanada con sangre.

Película desequilibrada en su estructura —abre y cierra subtramas, como la de las ucranianas, sin demasiada justificación y con sobrada alegría— y en su mirada —ese plano manipulador de un niño llorando mientras los adultos se pelean—, demasiado ingenua en su intentona de comedia como bálsamo para las cicatrices de la guerra, la intervención en una escena de Labaki gritando a los hombres del pueblo lo que deberían haber aprendido de su convivencia, sintetiza un discurso cuya entidad se antepone a la de la ficción en sí. El chiste que pone el cierre y da pie al interrogativo título no es sino un intento, en vano y a última hora, de restar gravedad a una obra cuyo mejor valor se encuentra en la sincera espontaneidad de muchos de sus actores.

Calificación: 4/10

Imágenes de «¿Y ahora adónde vamos?», película distribuida en España por Alta Classics © 2011 Les Films des Tournelles, Pathé, Les Films de Beyrouth, United Artist Group, ChaoCorp, France 2 Cinéma y Prima Tv. Todos los derechos reservados.

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