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Comentarios por
Joaquín R. Fernández
Valoración:
    
Joe Hisaishi es un compositor
japonés cuyo prestigio se ha consolidado en Occidente gra-cias a sus
colaboraciones con dos autores de muy distinto signo: Hayao Miyazaki y
Takeshi Kitano. Sus obras han influido en numerosos autores nipones
modernos (la banda sonora de "Shenmue" es buen ejemplo de ello), siendo
tal su importancia que hasta últimamente lo recla-man en países
distintos a aquel que le vio nacer (como para la banda sonora de "Érase
una Vez...", película francesa del año 2001 que relata las
aventuras de Pulgarcito).
Natural de Nagano,
Hisaishi ya comenzó a componer mientras estudiaba en la Kunitachi Music
School, editando su primer álbum musical, "Information", en 1982. Un año
después, y recomendado por una compañía de discos, se hizo cargo del
«Image Album» de "Guerreros del Viento" ("Nausicaa of the Valley of
Wind"), siendo su trabajo tan sólido que Hayao Miyazaki no tuvo más
remedio que pedirle que también se encargara de la banda sonora
(conviene recordar que un «Image Album» contiene música inspirada en un
determinado «anime», pero no la partitura que se escucha en el mismo). A
partir de aquí su carrera es una sucesión de éxitos, habiendo ganado ya
en cinco ocasiones el premio a la mejor banda sonora que anualmente
concede la Academia de Cine Japonesa, aparte de todo tipo de galardones.
Así pues, "El Viaje de Chihiro" se con-vierte en la última maravilla
de la brillante carrera de un artista que, le-jos de haberse acomodado
en lo más alto, continúa brindando al públi-co toda una gama de
deliciosas y apasionadas composiciones.
Ya desde el primer
tema de la banda sonora, «One Summer's Day...» («Ano Natsu He»),
el autor de "La Princesa Mononoke" logra imbuirnos en el inti-mismo de
la historia, siendo sus notas las que guían a Chihiro en su particular
viaje de madurez. Su música, combinada con la fuerza de las imágenes de
Mi-yazaki, provoca que desde el primer segundo una marejada de
sentimientos nos inunde, dándonos precisamente a entender que no nos
encontramos ante una partitura rutinaria o cansina. La forma en la
que Hisaishi se adapta a lo que sucede en pantalla es encomiable,
variando sus melodías en con-sonancia con la historia (y si no,
atentos al instante en el que el padre de Chihiro acelera su coche por
la estrecha carretera que en principio ha de con-ducirles a su nuevo
hogar).
Este recogimiento prosigue en gran parte de la obra, destacando
especialmente la pista diez, «Day of the River...» («Ano Hi No
Kawa He»), una hermosa interpretación vocal y sin letra del tema central
de la banda sonora. Un delicioso pia-no transmite la melancolía del
momento, dando paso a una leve esperanza, la misma que Chihiro debe
mantener si desea volver a reunirse con sus padres. Mas si tuviera
que resaltar un solo te-ma de toda la partitura, no hay duda de que ése
sería «The Sixth Station» («6 Banme No Eki»), prodigiosa descrip-ción
del viaje que Chihiro emprende en tren y que le permitirá descubrir
nuevos paisajes del asombroso mundo en el que se halla atrapada. La
conjun-ción entre música y sueños visuales –pues tal es el calificativo
de la poesía que aquí nos ofrece el director– es perfecta, adueñándose
del espectador una incomprensible y a la vez deseada pena. «The House
at Swamp Bottom» («Numa No Soko No Le») se desarrolla a
través de notas frágiles y discretas, una hermosa pieza que sirve para
presentar a la hermana de Yubaba, cuyo ca-rácter, por cierto, es
antagónico al de ésta. La alegre emotividad de los frag-mentos finales
de la película se puede escuchar en «Reprise...» («Futatabi») y
«The Return» («Kaeru Hi»), un espléndido colofón para una
hermosísima par-titura.
La
espectacularidad de "El Viaje de Chihiro" se percibe en pasajes tan
sor-prendentes como «The Dragon Boy» («Ryuu No Shounen»), hermoso
mo-mento musical en el cual la protagonista conoce a Haku, su valedor en
tan fas-cinante universo. «Procession of the Gods»
(«Kamisama-Tachi») es la pecu-liar y en ocasiones impactante
presentación de los dioses que llegan a la casa de baños. Los elementos
sinfónicos recubren con su energía las divertidas imá-genes de Miyazaki,
adornadas con un simpático coro de voces femeninas que incluso consiguen
acentuar el mágico ambiente que pretende transmitir el com-positor.
También determinados pasajes de acción se asoman en el mayoritaria-mente
contemplativo metraje del filme, momentos para los que «Sen's
Coura-ge» («Sen No Yuuki»), «The Bottomless Pit» («Sokonashi
Ana») y «Kao-nashi» se convierten en indispensables
guardaespaldas de las ilustraciones del director.
El misterio
también se apodera de algunos fragmentos de la partitura, algo que
precisamente se puede comprobar en los primeros minutos de la película.
Así, «The Empty Restaurant» («Dare Mo Inai Ryouriten») describe
los solita-rios pasos de la protagonista por el abandonado parque de
atracciones, mien-tras que «Nighttime Coming» («Yoru Kitaru»)
acompaña a Chihiro en sus te-merosas miradas hacia la oscuridad, momento
en el cual un nuevo mundo pa-rece despertar ante ella. «Yubaba»
(«Yu-baaba»), acertado corte que nos con-duce ante el personaje más
repulsivo de la historia, combina lo épico con lo in-quietante,
resaltando así la magnificencia de la casa de baños y contrastándola con
la personalidad de su regenta.
Finalmente, cabe hablar también de puntuales pasajes cómicos, notas
juguetonas que sin em-bargo engarzan a la perfección con el drama que
esconde la historia, pues, como se encarga de re-cordarnos continuamente
Hisaishi, el destino de la protagonista no depende sólo de ella, sino de
la buena voluntad de terceros («It's Hard Work!» [«Shigoto
Wa Tsuraize»]). Esta extraña contra-dicción también se puede observar
cuando el dios apestoso se adentra en la casa de baños («The Stink
God» [«Okusaregami»]), uno de los momentos más hilarantes de la
cinta y que tan bien sabe puntuar el compositor con su música.
El último corte del compacto es una acertada
canción de Youmi Kimura, «Always
With Me» («Itsumo Nando Demo»), y se puede escuchar en los títulos
de crédito finales de "El Viaje de Chihiro". Es la culminación de una
bella y prodigiosa banda sonora que eleva aún más el especial hálito que
Miyazaki ha sabido insuflar a su obra. Mágica y especial, sus notas
deleitarán al oyente sensible, transformándose en verdaderas gotas de
vida para aquellos que en verdad sepan apreciar el placer de la
contemplación y el intimismo.
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