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1. Hayao Miyazaki, el último
emperador
Hayao Miyazaki
lleva 20 años en la vanguar-dia de cineastas de animación en Japón. Fue
uno de los pioneros de la industria y actual-mente es su creador más
destacado. Su filmo-grafía muestra una asombrosa unidad de visión y una
enorme integridad a pesar de la gran variedad de trabajos que ha llevado
a cabo. Esta honestidad puede ser la clave del éxito del que disfruta
hoy día. Productor, diseñador, director, dibujante y es-critor, Miyazaki
es un artista genial y de los más brillantes de su generación.
Su carrera abarca
39 años y durante este tiempo ha abordado todos los te-mas y ha explorado
todos los registros. Con tono satírico, épico o elegíaco ha pasado del
retrato al cine de género y ha expresado con una simplicidad ejem-plar
las grandes pasiones, entregándose al lirismo del alma y a los juegos
en-cantadores de la fantasía... Más que un simple
cineasta, Miyazaki es un poeta, un trovador que da fe del fin de siglo y
del amanecer de un nuevo milenio. Su sacrificio, su rigor y su pasión
por el trabajo le han llevado a desarrollar hasta el límite su
particular percepción y su capacidad cinematográfica. Es un verdade-ro
artesano. Sus películas son edificios monumentales construidos como las
catedrales: con una devoción y fervor casi religiosos. Escrupuloso,
meticuloso e inflexible, durante su larga carrera Miyazaki ha luchado
ferozmente contra los aforismos débiles y la sofistería intelectual. Su
trabajo es un tributo deslum-brante al triunfo de una imaginación
extraordinaria.
2.
Un retiro prematuro
En 1997, cuando La
Princesa Mononoke causaba sensación en la industria, y cuando Hayao
Miyazaki disfrutaba del mayor éxito en su carrera, sufrió una crisis
debido al agotamiento nervioso y físico. Aun así el cineasta no pudo
abandonar su trabajo porque los estudios Ghibli dependían de él para su
futuro. Miyazaki se vio obligado a superar la enfermedad para asegurar
la continuidad de la productora. Tras un esfuerzo hercúleo declaró que
había llegado al final de su carrera. En ese momento la recaudación de
La Princesa Mononoke se acercaba a la de Titanic en las taquillas
japonesas. Sin embargo, hace
tres años Miyazaki decidió volver a trabajar y, arriesgando de nuevo
su salud, rodó El viaje de Chihiro.
Resultó ser una acción valiente y pers-picaz: el director japonés volvió
a conquistar al público, atrayendo a más espectadores que Titanic en la
mitad del tiempo.
“Me di cuenta de
que había anunciado dema-siado pronto mi retirada del cine”, confiesa
Hayao Miyazaki. “Cuando trabajaba en La Princesa Mo-nonoke creí de verdad
que iba a abandonar. Es-taba cada vez más débil y no sabía qué hacer.
Como el trabajo de director requiere en primer lu-gar talento y no fuerza
física, luché por acabar la película especialmente porque la estabilidad
fi-nanciera de la productora dependía del estreno del filme. Cuando se
dio a conocer mi retiro, la noticia se extendió como un reguero de
pólvora. Aunque La Princesa Mononoke no estaba termi-nada, ni mucho
menos, los periodistas siempre empezaban la entrevista preguntando si
tenía pla-neada la siguiente película. Mi vida personal cobró más
importancia que la película y con ello se cuestionó el futuro de Ghibli.
Un día estaba un poco alte-rado y contesté que La Princesa Mononoke sería
mi última película. Hasta me convencí a mí mismo de que había terminado
mi carrera. Invertí todas mis energías en la batalla final,
incrementando mis expectativas y exigiendo cada vez más a mis
colaboradores. Ya estaban bajo una presión enorme y mi acti-tud dejó
agotados a los empleados de Ghibli. Muchos sufrieron crisis nervio-sas.
Estaban resentidos. Yo seguía convaleciente y aún sentía el peso de
mu-chos años de trabajo pero afortunadamente todos estos sacrificios no
fueron en vano. La Princesa Mononoke consiguió un éxito mucho mayor de
lo que hu-biéramos podido soñar”.
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