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AMERICAN PSYCHO


cartel Dirección: Mary Harron.
País: USA.
Año: 2000.
Guión: Mary Harron y Guinevere Turner, basado en la novela homónima de Bret Easton Ellis.
Intérpretes: Christian Bale (Patrick Bateman), Willem Dafoe, Jared Leto, Josh Lucas, Samantha Matis, Matt Ross, Bill Sage, Chlöe Sevigny, Cara Seymour, Justin Theroux, Guinevere Turner, Reese Witherspoon.
Fotografía: Andrzej Sekula.
Diseño de producción: Gideon Ponte.
Montaje: Andrew Marcus.
Música:
John Cale.
Vestuario: Isis Mussenden.

 

CRÍTICA
por Mateo Sancho Cardiel

Aturdido, desconcertado. Así es como me encontraba después de ver una de las películas más complejas, demoledoras y afiladas que se han visto en los últimos años. Y con eso no quiero decir que sea una de calidad extrema, pero sus contenidos son lo suficientemente contundentes como para quedar por encima de un filme realizado con corrección, pero con sus defectos.

"American Psycho" para mí, si bien me gustaría disfrutar de un segundo visionado, no estuvo a la altura de lo que esperaba, que, también es verdad, era mucho. El principio es muy bueno: los platos de los buenos restaurantes, que se convertirán en una constante en el resto del metraje, excelentemente presentados pero que apenas traen comida no son más que una metáfora de la sociedad que la película retrata. La sustentada en las apariencias, pero esta vez no en la mediocridad de "American Beauty", sino en el lujo de aquellos yuppies de los ochenta, que aún cuentan con bastantes supervivientes en la actualidad, derrochando el tiempo en banalidades para no encontrarse frente a frente con demasiados vacíos existenciales. Pero el guión entra demasiado fuerte con este tema y se hace demasiado caricaturesco, forzado. A continuación, empieza lo que más se ha promocionado: el derramamiento de sangre que, afortunadamente, se hace de manera bastante elíptica, pero que en ciertos momentos se llega a hacer algo repetitivo.

Y, ahora sí, se me acaban las pegas. Porque lo cierto es que "American Psycho" es, desde los tiempos de "Psicosis", el retrato más exhaustivo de la mente retorcida y enfermiza del tan tipificado serial killer. Un personaje complejísimo porque, además de su interesante historia, encuentra su mayor valor en que no pretende ser una persona como tal, sino el retrato, con cara y con cruz, de la naturaleza humana más salvaje, con deseos y sin escrúpulos. Esto y mucho más es Patrick Bateman, un hombre que está cobrando un dineral por no hacer absolutamente nada, con espíritu de tiburón de las finanzas, capaz de todo por tener una imagen impecable, desde el acto más simple hasta el más extremo paroxismo.

El guión va cobrando fuerza a medida que avanza la película hasta que, concluyendo, puede sacársele comentarios puramente filosóficos y frases para enmarcar por su extraordinaria capacidad de síntesis. Los decorados son áureos, impolutos, perfectamente higiénicos, mientras que el vestuario es todo un desfile de la moda más sofisticada y la fotografía, muy conseguida a base de contrastes. En conjunto, forman una estítica fría pero apasionante, también muy significativa de lo que se cuece en la mente del protagonista. Las escenas de violencia, pese a toda la sangre, así como las de sexo, están también rodadas con muchísima sobriedad y estilo, de nuevo representativos del mero divertimiento, sin ninguno recargo moral, sino más bien como exaltación egocentrista de Bateman, que para él representa este truculento ritual. Estas secuencias, pese a que como ya he dicho no muestran en sí nada, resultan extremadamente duras, pues no es lo que se ve sino lo que se está diciendo lo que tiene mayor impacto sobre el espectador.

Para encarnar este complejísimo personaje, lejos del bochorno que se imagina uno si la elección final hubiera sido Leonardo DiCaprio, Christian Bale está soberbio, si la película fuera más complaciente para todos los sectores del público, yo diría que de Oscar. Pero el espléndido actor, una vez superado su paso a la edad adulta, ha preferido levantar ampollas a cambio de los encantos de este psicópata brutal a la vez que vulnerable, en cierta manera víctima de la superficialidad de su entorno. Bale transmite todos los matices de una mente compleja en una simple expresión facial: ambición, locura, compasión y también ternura... prácticamente todos los registros son abarcados por este personaje bombón. Además, es loable su trabajo físico, pues también requería explotar todo su atractivo para resultar todavía más turbador.

En definitiva, esta película es de todo menos convencional. Una nueva experiencia cinematográfica que no dejará indiferente a nadie y que requiere un periodo para asentar las ideas, del que todavía no he salido. Pero, sobre todo, es un filme inteligente, que realmente se molesta en mandar un mensaje y se compromete llegando con él hasta el final. Aunque no recomendable para personas demasiado sensibles, es una película que debe figurar, por un sentido o por otro, entre lo más destacado, por lo menos, de este año, que nadie con un poco de inquietud cinematográfica se debería perder.


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