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Dirección: Julian
Schnabel.
País: USA.
Año: 2000.
Duración: 125 min.
Interpretación: Javier
Bardem (Reinaldo Arenas), Olivier Martinez
(Lázaro Gómez Carriles), Andrea Di Stefano
(Pepe Malas), Johnny Depp (Bon Bon / Teniente
Víctor), Sean Penn (Cuco Sánchez), Michael
Wincott (Herberto Zorrilla Ochoa), Najwa Nimri
(Fina Correa), Olatz López Garmendia (madre de
Reinaldo), Sebastián Silva (padre de Reinaldo),
Héctor Babenko (Virgilio Pinera).
Guión:
Cunningham O'Keefe, Lázaro Gómez Carriles,
Julian Schnabel; basado en las memorias de
Reinaldo Arenas.
Producción: Jon
kilik.
Producción ejecutiva: Julian
Schnabel, Matthias Ehrenberg y Olatz López
Garmendia.
Fotografía: Xavier
Pérez Grobet y Guillermo Rosas.
Música: Carter
Burwell.
Montaje: Michael Berenbaum.
Diseño de producción: Salvador
Parra.
Dirección artística: Antonio
Muñoz-Hierro.
Vestuario: María
Estela Fernández. |
CRÍTICA
por
Mateo Sancho
Cardiel
Bardem
y nada más
"Una película puede tener
grandes actores, pero si no hay un buen guión,
no hay nada que hacer", Morgan
Freeman dixit. No hay frase que mejor pueda
resumir esta película. Javier Bardem
hace una de las mejores interpretaciones de su
carrera, pues es un papel que abarca todos los
registros: desde la sensibilidad, hasta
la dureza, desde el estupendo estado físico
hasta la agonía de la muerte por el SIDA, pero
no puede evitar que la película tenga una
calidad muy escasa.
Si bien esta magnífica actuación
no hace que el guión resulte mejor, lo cierto es
que sí hace subir mucho el nivel de la
película, aunque de todas formas se quede en la
categoría de fracaso artístico. Y es que la
historia se hace pesada y poco interesante.
Tal vez la vida del pobre Reinaldo
Arenas era tal cual, pero para eso está
el cine, para dramatizar las situaciones que
aparentemente son insulsas o, en cualquier caso,
para los amantes del rigor histórico en las
películas, seleccionar aquellos pasajes que al
espectador puedan resultar entretenidos. Porque
esta película hace que sus ciento veinticinco
minutos se hagan como una eternidad: el ritmo es
lento, la acción desigual, el mensaje algo
desdibujado y muchos de los fragmentos de la
película podrían haber sido obviados
perfectamente.
Por un lado desaconsejo
completamente la visión de esta película, y
mucho más si ustedes han de pagar la entrada.
Pero, si por razones circunstanciales se ven
forzados a verla, pueden tomárselo con
filosofía y estar al tanto de los cameos
que hacen varios actores famosos, amigos
del excéntrico Julian Schnabel. Ver a Johnny Depp en el
papel de un travestido con extraordinaria
capacidad anal, a Sean Penn como
camionero, Najwa Nimri como una
mujer que se tira por el balcón o, en papeles
más amplios, a Olivier Martinez como
Lázaro, el mejor amigo de Reinaldo y a la mujer
del propio director, que luce preciosa en sus
escasas escenas, es algo que puede hacer más
amena la película, pero que tampoco justifica su
visionado.
Por otro
lado, estéticamente, la película tiene
un marcado estilo documental que no
presenta ninguna escena que nos recree la vista,
así que tampoco se puede acudir a verla como
espectáculo visual, pues Cuba podría haber sido
mucho mejor aprovechada.
En definitiva, esta película es un
producto ambicioso mal realizado que no sé cómo
consiguió el premio del Jurado en Venecia,
cuando es una obra francamente aburrida,
argumentalmente desaprovechada (el tema
de la homosexualidad, sin ir más lejos fue mucho
mejor tratado en Segunda Piel) y
visualmente pobre. Por mucho que Bardem se
esfuerce, por él no merece la pena perder dos
horas y pico de nuestra vida. Hay muchísimas
cosas por hacer bastante más productivas.
Imágenes
y notas de producción de Antes que anochezca -
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