CRÍTICA
por
Josep Alemany
PASEO POR
LOS AMORES Y LA MUERTE DE REINALDO ARENAS
Mientras
hace cola para embarcarse durante el éxodo de
Mariel, Reinaldo Arenas (Javier
Bardem) pide un bolígrafo para
transformar su apellido en Arinas y así eludir
el control de la policía. La escritura fue
siempre la tabla de salvación de Reinaldo
Arenas.
Al
principio de la película ya había manifestado
su amor por las máquinas de escribir y su
inmensa alegría al tener la primera. Además de
la escritura, Arenas tiene otros amores: los
hombres, el mar, La Habana.
Antes
que anochezca aborda los aspectos
colaterales de la vida de escritor los
premios, las amistades peligrosas del mundillo
literario, las estrategias para sacar los
escritos al exterior, pero no la creación
en sí misma. El tema central es la represión
que sufre el protagonista por su doble condición
de homosexual y de escritor independiente.
O, mejor dicho, como explicará el propio Arenas
no Javier Bardem en una fugaz
aparición, por su triple condición de
homosexual, escritor y anticastrista. Aunque
Schnabel subraya más el primer aspecto.
FRANZ
KAFKA EN CUBA
Pronto
aparece Franz Kafka. Entre los libros esenciales
que para su formación le presta José Lezama
Lima figura La metamorfosis. En un
encuentro nocturno con los militares, al ser
preguntado cómo se llama, Arenas responde:
«Franz Kafka.» Estaba lejos de sospechar que
los procesos a escritores acusados de
contrarrevolucionarios originarían situaciones
kafkianas. En Cuba se convertirán en realidad
las pesadillas de El proceso.
El
encuentro con los militares termina en una
confraternización homosexual. Y es que en
aquellos días, como nos recuerda la voz en off,
además de la revolución política estaba en
marcha la revolución sexual.
Uno
de los mayores aciertos de la película es el
contraste que establece entre la euforia tras la
caída de Batista y la represión que más
adelante desplegarán Fidel Castro y el partido
comunista. «Con la revolución todo,
contra la revolución nada», dirá Fidel Castro.
La frase recuerda otra de Mussolini: «Todo
dentro del Estado, nada fuera del Estado.» De
hecho, vienen a significar lo mismo. Y tienen la
misma aplicación práctica: la represión brutal
marxista-leninista o fascista de todo
tipo de desviación, de disidencia.
El proceso
al escritor Herberto Zorrilla (Michael
Wincott), con retractación pública al
final inspirado en el célebre juicio de
1971 a Heberto Padilla forma parte de la
ola represiva desencadenada en 1970 contra toda
forma de expresión cultural, artística o sexual
discrepante del poder. A partir de aquí se irá
estrechando el cerco de la represión. La
película se centrará, fundamentalmente, en la
persecución, los intentos de salida ilegales y
las peripecias carcelarias de Arenas.
DE
ORIENTE A NUEVA YORK
El arranque
de la película en los bosques de la provincia de
Oriente no está mal. La infancia rural de
Arenas, el traslado a Holguín, la lucha con los
rebeldes, la entrada en La Habana, sus pinitos
literarios y sexuales, el proceso a Zorrilla...
Algunos episodios son desiguales, pero en
conjunto esta parte resulta. Sin embargo, a
medida que avanza la película, la irregularidad
se acentúa, Schnabel va perdiendo fuelle, cada
vez se nota más la falta de garra y de ritmo.
Si bien
muestra lo absurdo e injustificado de la
represión, no logra transmitir el horror ni el
ambiente asfixiante que crea. Antes que
anochezca se convierte en un paseo
turístico, ofrece una visión exterior,
superficial, tanto de Cuba bajo la dictadura
castrocomunista como de la compleja personalidad
de Reinaldo Arenas. Los acontecimientos se
suceden mecánicamente, sin relieve ni
perspectiva. Todo queda esquemático,
difuminado. Ni siquiera sobresale el éxodo de
Mariel. El exilio en Nueva York lo liquida
rápidamente.
Las escenas
pintorescas con Johnny Depp y en la
iglesia abandonada hacen gracia, o no, pero no
resuelven la falta de estructura dramática. Los
personajes entran y salen de la vida de Arenas
sin que ninguno quede bien dibujado, y eso que
Schnabel es pintor.
En Javier
Bardem recae la tarea de dar interioridad al
protagonista y coherencia a la película. Si bien
logra lo primero, lo segundo no, porque es
imposible. A favor de Bardem cabe añadir que la
inclusión fugaz, eso sí de la
entrevista con Arenas sacada del documental Habana,
de Jana Bokova, apenas se nota.
Antes
que anochezca evoca una época histórica
apasionante, raras veces vista en el cine, y
menos aún desde el punto de vista de alguien que
luchó contra Batista y luego fue víctima del
nuevo poder. Es una de las mejores bazas de
Schnabel. Aunque después, lamento tener que
decirlo, el tratamiento no resulta convincente y
se queda en la superficie. La denuncia de la
dictadura castrocomunista y su cruel represión
no supone ninguna novedad. Diez, veinte años
atrás habría significado un acto de valentía
inaudito, políticamente explosivo, a causa del
terrorismo intelectual que ejercían los
estalinistas y de la actitud condescendiente que
ante Fidel Castro adoptaban muchos intelectuales
«progresistas». Hoy en día dicha denuncia ya
es moneda corriente, o casi. Estaríamos tentados
de decir que llega un poco tarde si no fuera
porque vale más tarde que nunca. (Néstor
Almendros en 1984 rodó Conducta
impropia, con escasa repercusión por
tratarse de un documental).
Como
biografía, Antes que anochezca confunde
la pertenencia a una práctica sexual con la
identidad del escritor. Retrata al hombre
perseguido y apenas nos muestra cómo su
experiencia y la resistencia a la opresión
alimentan su obra. La voz en off que lee
algunos fragmentos de Arenas no llena esa laguna.
A pesar de
algunos ramalazos, o florituras, de modernidad,
en el fondo Schnabel ha filmado un biopic
bastante convencional, con una construcción
narrativa irregular.
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