CRÍTICA por
Mateo
Sancho Cardiel
Lo
rural y sus gentes
La película irlandesa a concurso ha
despertado opiniones compartidas. A mí
personalmente me ha parecido un filme de notable
calidad, ya no tanto por su realización, sino
por su mensaje. Retrata una realidad que no nos
queda tan lejos, ni en el tiempo ni en el
espacio, y que deberíamos intentar trasladar a
la vida social actual, con los intereses y las
envidias acechándonos en cada rincón.
Todo transcurre en un
tranquilo pueblo, en el seno de una familia que
ha perdido a su única figura femenina: la madre.
El padre, atormentado por su muerte, carga sus
iras clandestinamente con quien menos lo merece,
su hijo pequeño, que se refugia de las palizas
en su tío. Cuando éste muere, el niño pierde
su principal apoyo a la vez que conoce a la
familia de su madre en el funeral. En concreto,
es con su tía con la que entabla una relación
llena de cariño aderezada con el autocontrol que
su padre se impone mientras ella está en su
casa. Paralelamente, la película trata el tema,
típico de los pueblos, con todo mi respeto, del
enfrentamiento entre distintas familias. La
estupidez de la raza y la sangre, del rencor que
va sobreviviendo generación tras generación, la
hipocresía del ladrón que cree que todos son de
su condición y se resarce de sus malas obras
destrozando a los demás y el absurdo sentido del
honor. El rechazo será mayor cuando llegue una
familia nueva y el niño establezca una
gratificante amistad con uno de ellos.
Este retrato aparentemente
costumbrista del ambiente rural, hacia la última
media hora de la película se convierte en toda
una catarsis emocional en la que se sacarán los
trapos más polvorientos de cada uno. De
todos menos de los que son más criticados, los
nuevos vecinos, que como no tienen nada de lo que
arrepentirse, no se dedican a pasar su vida
atacando la dignidad de la gente. Un tío que
viola a su sobrina a la vez que la cataloga de
lasciva por responder a los instintos naturales
de un amor verdadero. El padre que acaba por ser
descubierto de sus malos tratos con su hijo y su
antigua mujer, a la vez que se enamora de su
cuñada y demuestra un torpísimo conocimiento
del mundo femenino. Se queda solo, porque nadie
aguanta su carácter obtuso y violento, y el
único que finalmente le acepta es aquél al que
más ha atacado: su hijo. Un final conmovedor que
nos presenta la quintaesencia del altruismo, del
amor desinteresado y sincero. Un mensaje de
contenido casi cristiano.
Las interpretaciones de todo
el reparto son dignas de mención,
aunque los nombres del elenco no digan nada a
nadie. Asimismo, la dirección, con la
fotografía del campo que da título al filme, es
tan sencilla que la puesta en escena es
naturalista, casi invisible. El espectador cree
estar junto a los protagonistas en los campos
irlandeses.
En definitiva, es ésta una
película de sentimientos ocultos, de rabias
contenidas y dobles morales. Es un canto a la
tolerancia, al respeto y una crítica a una
sociedad llena de prejuicios. Un filme
que no es en absoluto perfecto, pues tiene un
ritmo lento y algunas partes que no son demasiado
necesarias. Pero en conjunto es un estudio social
muy sólido, muy real y francamente interesante.
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