CRÍTICA por
Josep
Alemany
NADA
ES LO QUE PARECE
Cuando la policía acude al
escenario del crimen, el encuentro entre el
detective de Nueva Orleans y la agente del FBI
hace temer lo peor, pues inician un diálogo
rebuscado, que coronan con una cita literaria.
Sin embargo, pronto se disipan los temores. No
sólo porque el autor citado es Jim
Thompson (y no
Dante, por ejemplo). También porque el director
y guionista, Sebastián Gutiérrez novelista venezolano
afincado en Los Ángeles, se «limita»
¡afortunadamente! a rodar una cinta
de género en este caso, un thriller
con pulcritud y modestia, evitando tanto la
parodia como la huera y pretenciosa trascendencia
al estilo de Seven. Conviene añadir que el
tono afectado sólo surge al principio en los
diálogos entre los dos policías mencionados,
quizá un guiño al origen europeo de los actores
(Alan Rickman y Emma Thompson), más en concreto inglés
y teatral. En cambio, por separado su actuación
es excelente, en particular la de Alan Rickman.
Gutiérrez rompe la parsimonia del
relato lineal y empieza El beso
de Judas
con el secuestro del director de una empresa
informática. Acto seguido, la voz en off de Coco
Chávez (Carla Gugino) va reconstruyendo los preparativos
del secuestro y otros episodios de su vida,
entreverados con lo que ocurre en el presente y
con las investigaciones de la policía. Mediante
esa construcción en fragmentos, el director
presenta a la vez el punto de vista de los
delincuentes y el de la policía sin que
uno sea menos atractivo que el otro y,
además, dosifica la información con la
finalidad de que el espectador vaya atando cabos.
(Steven Soderbergh dinamizó Un
romance muy peligroso al recurrir al estilo fragmentado;
incluso llevó mucho más lejos las dislocaciones
en la cronología dramática, sobre todo en el
primer tercio de la película.)
El beso de Judas
no cae en la brillantez superficial gracias a la
construcción narrativa, muy bien articulada, y a
la entidad de los personajes. Si bien
conserva como intriga secundaria el pago del
rescate, se dedica, ante todo, a explorar las
emociones de los integrantes de la banda y las
relaciones entre ellos: Lizard, estudiante de
Harvard y genio de la electrónica; Ruben,
pistolero impetuoso; y la pareja formada por
Junior y Coco. Se soslaya, por otra parte, el
cine espectacular. No abundan los cadáveres y
menos aún la sangre, aunque sí su color, porque
Coco casi siempre viste de rojo. Y sólo vemos
una persecución de coches, tan breve que no sé
si puede calificarse como tal. Es muy de
agradecer.
PROTAGONISMO
FEMENINO
Carla Gugino lleva el peso
de la película. Y, cabe destacarlo, realiza una
actuación extraordinaria. Interpreta un
personaje parecido al de Ojos de
serpiente:
una chica frágil que, a pesar de todo, consigue
salir airosa. Allí era miope; aquí, atormentada
por el asesinato cometido, nos transmite sus
dudas. Incluso entramos en su sesera cuando
rememora varios acontecimientos en busca de
indicios de traición. Coco, a causa de su
situación vulnerable, tiene cada vez más
afinidad con el informático secuestrado. Los
sentimientos que nacen entre los dos darán un
vuelco al desenlace.
El que la voz en off de Coco se
dirija a Jesús supone un mero recurso
dramático, no encierra ningún mensaje, como
tampoco lo encierran otros elementos ornamentales
por el estilo. Yo al menos no he captado ningún
mensaje religioso, ni siquiera subliminal.
El papel central de Coco distingue El
beso de Judas de la corriente del cine negro
que encarnan obras como Reservoir
Dogs, Pulp
Fiction o Sospechosos
habituales.
Dicha corriente se dedica a diseccionar bandas de
delincuentes, la traición es uno de sus temas
preferidos y el elemento femenino brilla por su
ausencia (en Pulp Fiction las mujeres
quedan reducidas a un papel meramente
decorativo). Hasta podría decirse que
la sangre sustituye al sexo. Todo lo contrario de
lo que ocurre en El beso de Judas. Es
decir, comparte las dos primeras características
citadas, pero no la última.
«Nada es lo que parece», dice el
detective local citando a Jim Thompson. Sí, nada
es lo que parece ni en el mundo de la
delincuencia ni en el de «la ley y el orden».
De los secuestradores, el pistolero no mata a
nadie y resulta ser un personaje sensible,
preocupado por los gustos cinematográficos de su
madre (la conversación entre Ruben y Junior
constituye un buen ejemplo del humor que
impregna todos los diálogos); el
traidor
en fin, cuando veáis la película
ya os enteraréis. En cuanto a la policía y los
políticos, la crítica de las apariencias tiene
por objeto un pez gordo: un senador. Detalle que
añade un atractivo más a esta simpática
película.
ENLACES
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de El beso de Judas - Copyright © 1998 Bandeira
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