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Dirección: Roger
Spottiswoode.
Paises: Canadá / USA.
Año: 2000.
Duración: 123 min.
Interpretación: Arnold
Schwarzenegger (Adam Gibson), Tony goldwyn
(Drucker), Robert Duvall (doctor Griffin Weir),
Michael Rapaport (Hank Morgan), Michael Rooker
(Robert Marshall), Sarah Wynter (Talia Elsworth),
Wendy Crewson (Natalie Gibson), Rodney Rowland
(Wiley), Terry Crews (Vincent).
Guión: Cormac
Wibberley y Marianne Wibberley.
Producción: Jon
Davison, Mike Medavoy y Arnold Schwarzenegger.
Música: Trevor
Rabin.
Canciones: Michael Wandmacher.
Fotografía: Pierre Mignot.
Montaje: Michel Arcand, Mark
Conte y Dominique Fortin.
Diseño de producción: James D. Bissell y John
Willett.
Dirección artística: Patrick Banister,
Christopher Burian-Mohr, Doug Hardwick y Ricardo
Spinacé.
Vestuario: Trish
Keating.
Decorados: Peter
Lando.
Efectos especiales:
Amalgamated Dynamics y Rhythm & Hues. |
CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 5.5 / 10
Banda Sonora Original: *****
No puedo aceptar las opiniones de
aquéllos que dicen que Arnold
Schwarzenegger está
acabado. Sin duda, aún sigue siendo un baluarte
de las películas de acción (El Sexto
Día es una
clara muestra de ello), aunque se enfrenta a un
problema contra el que difícilmente podrá
combatir: las nuevas generaciones de espectadores
(aquéllos que se alimentan con Scream y sucedáneos) no parecen
muy dispuestos a ser fans incondicionales de sus
espectaculares producciones, sobre todo en
Estados Unidos. Por mi parte, sólo puedo
reconocer que me encanta el cine en el que
habitualmente interviene Schwarzenegger, aun
sabiendo que su calidad no es homogénea y que,
por tanto, unas veces te agrada y otras te
defrauda. Lamentablemente, El Sexto Día se queda
en un término medio: no aburre, pero su
visionado no consigue extasiar, lo que provoca
una ligera inconsistencia en un producto
notablemente desaprovechado.
Y es que (y probablemente sea lo que
más me fastidia) esta película dirigida por Roger
Spottiswoode
plantea un tema sumamente atractivo, no ya por el
hecho de hablar de la clonación, sino sobre todo
porque se centra en la historia de un hombre que
se da cuenta de que ha sido suplantado por un
clon. El filme intenta entonces equilibrar el
metraje, mezclando seriedad (todo lo que
concierne a la clonación y al debate ético y
filosófico que se produce por ello), acción
(sin llegar a ser espectacular, en todo momento
es correcta), emoción (el desaprovechado
personaje de Robert Duvall y su mujer) y comedia (lo
peor).
Desgraciadamente, lo que podía
haber sido un complejo argumento de confusión
(sin que el espectador sepa, como el personaje,
qué está pasando realmente, al estilo de la
espléndida Desafío Total), se convierte en una
previsible cinta de entretenimiento que, a ratos,
cansa un poco. Menos mal que la
ambientación resulta bastante creíble
(atención a todos los artefactos que rodean la
vida cotidiana de los protagonistas) y que el
villano de turno, al que le da vida un acertado Tony
Goldwyn, no
resulta grotesco; precisamente en su
cotidianeidad, e incluso atractivo social, se
halla la clave de que nos resulte una persona tan
moralmente repulsiva.

Trevor Rabin ha tenido un año bastante
ajetreado, y tal vez por ello sus partituras no
están siendo de mucha calidad durante estos
últimos meses. El Sexto Día no es una
excepción, y aunque no es tan mala como la de Sesenta
Segundos,
atesora momentos insoportables (aquéllos en los
que la música electrónica se hace omnipresente)
y excesivamente vulgares. Incluso Rabin no tiene
complejos a la hora de imitar otros trabajos en
los que ha participado; así, por momentos
creemos estar escuchando uno de los temas que
compuso para Deep Blue Sea, y también toma prestados
esquemas musicales de Enemigo
Público o Con Air, por no hablar de aquellas
escenas en la que, cual Hans Zimmer y Lisa
Gerrard en Gladiator, pretende dar
trascendencia al asunto. En definitiva, una
música muy vulgar y alejada de las
mejores obras de este antiguo componente del
grupo Yes.
Imágenes
de El 6º Día - Copyright © 2000 Phoenix
Pictures. Fotos: Rob McEwan. Todos los derechos
reservados.
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