CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 6 / 10
Banda Sonora Original: *****
Uno de los aspectos que ha de
respetar cualquier película con cierto contenido
histórico es el de la verosimilitud. Si esto se
incumple, la imperfección es un hecho. Ahora
bien, ¿condiciona esta circunstancia la calidad
de la película? Evidentemente, no. Porque, más
allá de los fallos que en este sentido se dan
(como la superficial y estereotipada visión de
Cortés o hacer que los indígenas y españoles
hablen el mismo idioma), La Ruta
hacia El Dorado
hay que valorarla por la posible diversión que
el espectador encuentre en ella. Y, ciertamente,
la hay, pero no en las dosis suficientes como
para que perdure mucho tiempo en nuestra memoria.
La película es ágil, a ratos divertida
y espectacular, y ante todo entretenida, pero uno
no acaba de salir satisfecho del cine. Es, en
definitiva, lo mismo de siempre, pero con otra
máscara. Lo peor de todo es que no se
percibe en ella emoción (salvo cuando Miguel
salva a un indio del sacrificio o, de nuevo él,
intenta destruir el temor que los
"dioses" causan en los nativos), y que
los chistecillos introducidos te hacen sonreír
de vez en cuando, pero poco más.
No obstante, nada negativo puede
decirse de la parte técnica, a pesar de no
presentar ninguna novedad con respecto a los
productos de animación vistos durante este año.
Reseñar una escena que me gustó mucho, aquélla
en la que el personaje de Chel aparece por entre
la niebla, perseguida por su gente.
 Por su parte, Hans Zimmer y John Powell componen una
partitura que está muy por encima de las sosas
canciones creadas por Elton
John (y
que, gracias a Dios, ellos mismos arreglan; si
no, estaríamos hablando de una auténtica
catástrofe). La música de raíces hispanas no
me atrae mucho (salvo un fragmento de acción muy
interesante que se oye en España), por eso
prefiero todo aquello que se escucha cuando
nuestros héroes llegan al Nuevo Mundo. Atención
al precioso tema escuchado en el momento en el
que descubrimos la ciudad de El Dorado, o aquel
otro que surge cuando el hechicero emplea su
magia para despertar a una criatura que se
enfrentará a Tulio y Miguel. En definitiva, un
gran trabajo, a pesar de que Zimmer opta, como a
veces es habitual en él, por irse a su aire sin
tener en cuenta las imágenes con las que trabaja
(ver la secuencia en la que la manzana va
rebotando de un sitio a otro; desgraciadamente,
se echa en falta que la música no siga su
vaivén).
Imágenes
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