CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación:
6.25 / 10
Banda sonora: *****
Puede que algunos personajes de esta
película sepan ocultar bastante bien sus
secretos, pero a estas alturas es difícil que
determinados realizadores, caso de Robert
Zemeckis,
consigan esconder su afortunado talento. Porque,
si una película como ésta hubiera caído en
manos de otros, y salvando las excepciones, tal
vez estaríamos hablando ahora mismo de un
auténtico desastre. En este sentido, las
similitudes con el maestro Hitchcock son evidentes y
hechas a propósito; muchas escenas que
transcurren en el baño nos recuerdan a Psicosis, e incluso cuando Claire
se lanza al lago encontramos ciertas
reminiscencias a Vertigo. Pero también esa
semejanza se da en el hecho de que ambos
realizadores toman argumentos descaradamente
elementales y los adornan luego con imágenes
poderosas que difícilmente escaparán de las
retinas de la gente.
 Puede que Robert Zemeckis le
dé a la cinta un ritmo pausado, algo que
espantará a algún que otro espectador, pero no
es ése el mayor defecto de la cinta. El
problema está en la no supresión de escenas que
nada añaden al desarrollo de la historia, o que
en todo caso podrían recortarse en duración.
Por lo demás, me parece estupendo que Zemeckis
se tome su tiempo para explicarnos la (sencilla)
historia, que nos sumerja en la vida cotidiana de
los personajes (atención a las secuencias en las
que Claire espía a sus vecinos, sobre todo
cuando piensa que uno de ellos se está acercando
a su casa) y lo haga, precisamente, a través del
silencio, obviando las frases vulgares y tópicas
que en estas circunstancias suelen utilizar los
guionistas. No me engaño, sé que el argumento
tiene lagunas, que no hay una cohesión en la
narración que redundaría en beneficio del
filme, pero es que no puedo dejar de alabar el
gran trabajo de Zemeckis, sencillamente me
encantan las ricas imágenes que sabe atrapar con
la cámara. Qué mejor ejemplo que contemplar la
media hora final de la película, donde la escena
de la bañera se transforma en toda una
portentosa muestra de poderío visual y de
eficacia a la hora de angustiar al espectador.
Pero de nuevo es una pena que exista una
impresión de cierta irregularidad en la
explicación de lo que se nos cuenta, obstáculo
que no impide maravillarnos (y no me canso de
repetirlo) por la prodigiosa técnica de
Zemeckis. Al menos la resolución es
impactante, y no tanto porque sea espectacular,
sino por la sorpresa que para algunos pueda
suponer. En todo caso, el tema de los espíritus
no es lo más importante, sensación que también
la tuve en El Sexto Sentido. De nuevo, la
relación entre los protagonistas se vuelve
fundamental y es lo que en verdad puede atrapar
al público.
 Y si justo es alabar al director,
también me gustaría hacer otro tanto con los
actores. Se habla mucho de que Michelle
Pfeiffer y Harrison
Ford no son
buenos
actores, algo que jamás estaré
dispuesto a defender. Su tarea aquí no es
fácil, ella porque tiene que evitar la
sobreactuación (labor que no consigue siempre) y
él porque, definitivamente, interpreta un papel
en parte muy distinto al que nos tenía
acostumbrados. En todo caso, es en los pequeños
detalles donde nos demuestran que sí saben lo
que es actuar, y para ello me remito, por
ejemplo, al momento en que Claire se despide de
su hija, que va a estudiar en la Universidad, o
cuando Ford, al final de la cinta, consigue que
su personaje, un tanto alejado de la imagen que
teníamos de él, actúe fríamente y sin caer en
las exageraciones propias del género.
Alan Silvestri, que suele componer
partituras asombrosas para Zemeckis, se muestra
en esta ocasión más comedido, y durante toda la
película simplemente se limita a ser una mera
comparsa de las, en ocasiones, angustiosas
imágenes contempladas. Ahora bien, en los
minutos finales su presencia se vuelve más
nítida e, imitando intencionadamente los
compases de Bernard Herrmann para Psicosis, refuerza
con sus dolorosas notas el horror que envuelve a
uno de los protagonistas. No será una de sus
bandas sonoras más recordadas, pero bien cierto
es que esta vez Zemeckis ha preferido que
los efectos sonoros se impongan a la melodía.
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