CRÍTICA
por
Mateo Sancho
Cardiel
Festival de San Sebastián 2000
Lucha
por unos ideales en tiempos difíciles
La Caza de Brujas es un tema
que se ha tratado varias veces en el mundo del
cine, siempre de una manera amarga,
llena de rencores por la cantidad de nombres que
quedaron desterrados de una de las industrias
más hipócritas de la faz de la tierra: la de
Hollywood. Títulos como La tapadera con Woody Allen o, directamente, Caza de
Brujas han
retratado lo que fue un infierno para aquellos
que apoyaban las ideas comunistas en los años
cuarenta y cincuenta. El acoso se saldó con
varias carreras malogradas e incluso la muerte de
un actor, el conocido John
Garfield, a
causa de un infarto provocado por la continua
tensión creada por las amenazas recibidas,
mientras que directores como Elia Kazan o Edward
Dmytryck acabaron
por dar concesión a la delación, algo que se
les reprocharía toda la vida y que les marcaría
la temática de sus filmes.
Lo cierto es que, pese a que Punto de
mira es una
película a la que le falta un empujón para
resultar excelente, hace un retrato
perfectamente verosímil y revelador de lo que
fue esta difícil época en el cine. Es
esta parte retrato del maccarthismo la más
acertada de toda la película: nos muestra cómo
los protagonistas aguantan el tirón sin perder
unos ideales, siendo consecuentes con sus
pensamientos, pero por otro lado, no podemos
dejar de ser algo comprensivos con los delatores,
que veían amenazadas sus familias, sus carreras
y, en definitiva, sus vidas. Algo que no
justifica, pero sí que llega a ser ciertamente
entendible. Porque en aquella época, Hollywood
se convirtió en un nido de víboras, en la
capital del interés y en una factoría demasiado
influyente como para no recibir presiones
políticas. Y esta película juega con nombres
reales de personajes conocidos: Bogart, Kazan, Trumbo o Dmytryck, de manera que,
para los que hemos leído sobre el tema, se nos
haga todo perfectamente comprensible y revelador.
Asimismo, describe también el sistema de estudio
que hoy en día ya no es lo que era: personajes
ya míticos por su egolatría, como Louis B.
Mayer o Howard
Hughes. Para
los más cinéfilos resulta un documento
altamente interesante.
Sin embargo, la película
pierde su rumbo cuando se adentra en el rodaje de
la históricamente importantísima película La
sal de la tierra, la más atrevida respuesta a la
persecución anticomunista que se ha hecho, no en
cuanto a mensaje, sino en cuanto a realización.
Aquí es donde todo el interés creado en la
primera parte queda algo desvirtuado para
adentrarse en una historia bastante menos
comprometida, aunque luego llevará al mismo
sitio.
El reparto es francamente
bueno. Arropados por una serie de
excelentes secundarios, destacan Greta
Scacchi, en
uno de sus mejores papeles en años, y Jeff
Goldblum,
excelente y sobrio como el director de "La
sal de la tierra", además de la presencia
española de una fantástica Ángela
Molina y el
siempre correcto Antonio Valero.
En definitiva, es ésta una
película interesante, sobre todo como documento
histórico, pero también se ve con
mucho agrado. La verdad es que no tiene una
vocación comercial, pero si se estrena en
nuestros cines, es una buena opción. Y una
última cualidad es que la película ni exalta ni
critica el comunismo, simplemente aboga por un
derecho fundamental: la libertad de expresión.
Imágenes
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