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PUNTO DE MIRA
(One of the Hollywood ten)


cartel Dirección y guión: Karl Francis.
Paises:
España / Reino Unido.
Año: 2000.
Duración: 109 min.
Interpretación: Jeff Goldblum (Herbert Biberman), Greta Scacchi (Gale Sondergaard), Ángela Molina (Rosaura Revueltas), Christopher Fulford (Riffkind), Antonio Valero (Juan Chacon), John Sessions (Paul Jarrico), Geraint Wyn Davies (Michael Wilson), Sean Chapman (Edward Dmytryk).
Producción: Karl Francis, Juan Gordon y Stuart Pollack.
Música: Víctor Reyes.
Fotografía:
Nigel Walters.
Montaje: John Richards.
Diseño de producción: Hayden Pearce.
Dirección artística: Vincent Mateu-Ferreur.
Vestuario: Bina Daigeler.
Decorados: Frazer Pearce.

 

CRÍTICA por
Javier M. Tarín

El cine, al igual que otros medios de expresión artística, tiene una vertiente narcisista y le gusta hablar de sí mismo. Un género extendido es la recuperación de rodajes que por diversas razones se han convertido en hitos cinematográficos. De esa manera se descubre al espectador cómo esos filmes tomaron forma al tiempo que se convierte a los artífices -normalmente actores, actrices, directores guionistas y productores- en personajes de ficción fílmica. Ejemplo reciente es RKO 281, que narra la producción de Ciudadano Kane a pesar de la oposición del magnate de la prensa, Randolph William Hearst, sobre el que se basa el filme de Orson Wells. En Punto de mira encontramos una reedición de ese subgénero metalingüístico -cine dentro del cine- para mostrar al espectador la persecución ideológica sufrida por los sectores más progresistas de Hollywood durante los años posteriores a la posguerra.

En un pequeño libro titulado Mcarthy contra Hollywood: la caza de brujas, Román Gubern realiza un recorrido sobre la gestación y desarrollo de las comisiones encargadas de acabar con aquellos sectores izquierdistas que muy pronto –antes que el gobierno norteamericano- se habían manifestado en contra del nazismo. El rigor y el contenido es mucho mayor en el libro que en el filme, pero el fondo tiende a ser el mismo. Gubern deja claro que las fuerzas más conservadoras norteamericanas tenían por objetivo en un primer momento acabar con el New deal y con el presidente F.D. Roosevelt. No se menciona en el filme -centrado en la posterior cacería en el mundo del cine y en concreto en la figura de Herbert J. Biberman- pero la primera Comisión de Actividades Antiamericanas comienza en 1938 dirigida por Martin Dies. Con la entrada en la guerra, que convertía a los soviéticos en aliados, se paralizaron las investigaciones, pero los cazadores siguieron al acecho.

Una vez acabado el conflicto y tras la muerte de Roosevelt, sustituido por su vicepresidente Harry Truman, las elecciones de 1946 dieron la victoria en las dos cámaras del Congreso a los republicanos. Con el senador McCarthy a la cabeza ejercieron la presión necesaria sobre el presidente Truman para que su política tuviera como eje el anticomunismo. Comenzaron de nuevo las comisiones destinadas a determinar la lealtad y americanismo de cualquiera. Primero fueron los funcionarios y más tarde la industria cinematográfica. La Comisión, dirigida por J. Parnell Thomas, investigó de forma secreta la supuesta infiltración comunista en el cine y tras sus pesquisas citó a declarar a 19 profesionales del medio cinematográfico.

En Punto de mira Karl Francis utiliza métodos de narración del modelo clásico como la inclusión de titulares periodísticos y de imágenes documentales para hacer avanzar la acción y en un intento de darle autenticidad y rigor histórico. La primera parte del filme se centra en la puesta en marcha de la comisión dirigida por Thomas y las investigaciones del FBI para acabar con las supuestas redes comunistas que pretendían acabar con Norteamérica. Se refleja acertadamente el acoso que sufren los cineastas por el FBI, y también su impotencia ante las actitudes fascistas desplegadas contra ellos. Pero la complejidad de este lamentable proceso de persecución ideológica no puede plasmarse plenamente, y, como consecuencia, hay una simplificación histórica y narrativa.

El título original -One of the Hollywood ten- deja clara su vocación de centrarse en uno de ellos, el director Herbert J. Biberman, que poco después rodaría La sal de la tierra, un filme mítico dentro del cine militante. La resistencia de los diez de Hollywood a declarar sobre su filiación política y a aceptar la presión de la comisión aparándose en sus derechos constitucionales fue en principio una ilusión de éxito. Pero poco después las consecuencias para aquellos que se habían negado a declarar fueron nefastas: multas, cárcel e inclusión en la lista negra. Es decir, no volverían a trabajar en Hollywood a no ser que se avinieran a colaborar con la Comisión.

A partir del encarcelamiento de Biberman y otros de sus compañeros, los que fueron citados declararon ante la Comisión y dieron nombres de supuestos infiltrados comunistas. En el fondo se trataba de salvar sus piscinas, como dijo después Orson Wells, a costa de otros, que serían incluidos -o lo habían sido ya- en la lista negra. La industria, a su vez, comenzó a producir filmes de exaltación nacionalista y anticomunistas para contentar a las fuerzas conservadoras y evitar problemas con los consejos de censura que imposibilitarían la plena distribución de sus producciones.

El hecho de elegir a Biberman como protagonista tiene un motivo claro: su integridad ideológica e idealismo lo convirtieron en un maldito y por tanto en un héroe ideal para una historia maniquea. Esa misma resistencia le permite rodar en aquella persecución fascista un canto a la libertad y a la lucha obrera: La sal de la tierra, película sobre la lucha real de unos mineros de origen mexicano en Nuevo México, unos protagonistas proletarios que actúan de manera valerosa y que además logran triunfar en su lucha por conseguir unas mejoras laborales. La apuesta no es sólo ideológica sino también formal -está interpretada por no profesionales reclutados entre los propios mineros y sus familias, a excepción de la protagonista interpretada por la actriz mexicana Rosaura Revueltas-, tendencia recogida por cineastas como Ken Loach, cuya película Pan y rosas tiene un referente claro -salvando las distancias- en La sal de la tierra. El filme de Biberman logra acabarse no sin pocas dificultades y a pesar de obtener varios premios internacionales, su exhibición en Estados Unidos fue mínima e incluso evitada.

Punto de mira es, a pesar de sus simplificaciones y previsibilidad, un filme recomendable porque hace memoria de un momento histórico en el que la libertad de expresión e incluso de pensamiento fue perseguida. Sobre todo es una invitación a ver ese filme maldito de gran trascendencia: La sal de la tierra, una apuesta cinematográfica que nos ha sido ocultada por un cine dominante caracterizado por la intrascendencia acrítica.


Imágenes de Punto de mira - Copyright © 2000 Alibi Films International, Bloom Street Productions, Canal+ España, Morena Films, Saltire Entertainment y TVE. Todos los derechos reservados.

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