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SEXY BEAST


cartel Dirección: Jonathan Glazer.
Países:
Gran Bretaña, España.
Año: 2000.
Duración: 88 min.
Interpretación: Ben Kingsley (Don Logan), Ian McShane (Teddy Bass), Ray Winstone (Gary 'Gal' Dove), Amanda Redman (Deedee), Cavan Kendall (Aitch), Julianne White (Jackie), Álvaro Monje (Enrique), James Fox (Harry), Robert Atiko (Andy).
Guión: Louis Mellis y David Scinto.
Producción: Jeremy Thomas.
Música: Roque Baños.
Fotografía:
Ivan Bird.
Montaje: John Scott y Sam Sneade.
Diseño de producción: Jan Houllevigue.
Dirección artística: James Alexander-Hamilton, Steve Ritchie, Steve Simmonds y Marcus Wookey.
Vestuario: Louise St. Jernsward.
Decorados: Jane Cooke.

CRÍTICA por Tònia Pallejà
Valoración:

Si uno pasa por alto los reparos iniciales que podría despertar el desafortunado título de esta cinta -más propio de una comedia protagonizada por universitarios o solterones sedientos de sexo-, se encuentra con una película, atípica en su tipicidad, que comienza como una comedia veraniega, ligera y de escasa trascendencia, continúa por los imprevistos derroteros del drama, y acaba recreando un "robo perfecto", siempre, en todo caso, a caballo del cine de gángsters en su sentido más amplio.

Gal Dove (Ray Winstone) es un ex delincuente que, tras cumplir condena en la cárcel y saldar su deuda con la sociedad, vive un plácido retiro en la costa española, junto a su esposa y un matrimonio amigo. Días de ocio que pasa en su villa, tomando el sol en la piscina, y saboreando pequeños placeres como una jarra de cerveza o un plato de calamares. Su tranquilidad se ve truncada por la inesperada aparición de Don Logan (Ben Kingsley), dispuesto a convencerle, a toda costa, de que acepte un último encargo, para el cual deberá regresar a Inglaterra por un breve periodo de tiempo y reencontrarse con su antiguo equipo. La presencia de Logan crea momentos de tensión en el pacífico grupo, y obliga a Gal a enfrentarse con una realidad que ya creía cosa del pasado. Es entonces cuando el relato toma un nuevo giro, y se asienta en los cauces del cine negro, y más concretamente, en la línea de films que, como la reciente Ocean's eleven, llevan a sus personajes a cometer uno de esos golpes milimétricamente programados. Aunque, cabe decir que Sexy beast nos ahorra todo ese metraje que, habitualmente, se dedica a mostrar los entresijos y planificaciones del atraco, y que discurren paralelos al descubrimiento de la psicología de sus participantes y al establecimiento de relaciones de compañerismo o rivalidad entre ellos. La película de Glazer va directa al grano, y tan sólo señalaría que, entre el numeroso -y a veces trillado- abanico de posibilidades a las que se enfrentaba el autor para perpetrar el robo, se decanta por una opción curiosa, sin salirse de lo común.

Se trata, en líneas generales, de un trabajo más que desequilibrado, turbio, con cambios de tono que exigen un continuo reajuste, pero que a pesar de la mínima originalidad de la historia que plantea, no sería necesariamente desestimable por completo en su cómputo final, por un parte por su sutil capacidad hipnótica, pero sobre todo por la solvente labor de los actores protagonistas, muy efectivos a la hora de sostener el ritmo y el interés, y de dar relieve a la trama. La presencia exclusiva de Ben Kingsley en el cartel promocional de la película, y su nominación al Oscar© como mejor actor de reparto, podrían inducirnos a pensar que el film ha sido edificado para su pleno lucimiento en perjuicio del resto del reparto. Ciertamente el actor teje una composición firme y calculada, en las antípodas de la imagen que ofrecía en aquella memorable Gandhi, puesto que, en Sexy beast, Kingsley interpreta a un gángster violento y despiadado que se gana a pulso las antipatías del público. Sin embargo, y puestos a elegir, me quedo con el soberbio desempeño que nos regala Ray Winstone -también alejado del cínico e incestuoso padre de La zona oscura-, en la piel de otro gángster, éste vulnerable y sensible. Ambos tienen la suerte de contar con el notable respaldo de un elenco que, como ellos mismos, mantiene el pulso dramático derramando altas dosis de credibilidad.

El director, Jonathan Glazer, hasta el momento responsable de algunos vídeos musicales y otros trabajos para televisión, no abusa excesivamente de los elementos propios de estos otros medios, aunque sí se percibe un cierto formalismo esteticista en las imágenes.

Sexy beast es, en su rareza, en ocasiones oportuna, en ocasiones desconcertante. En cualquier caso, no se constituye en un film de visionado imprescindible, ni siquiera enriquecedor. No obstante, vale la pena disfrutar del humano retrato que conforma Ray Winstone, y como pieza inusual en el repertorio de Kingsley.


Imágenes de Sexy beast - Copyright © 2000 Twentieth Century Fox. Todos los derechos reservados.

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