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BATTLE ROYALE


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Dirección: Kinji Fukasaku.
País:
Japón.
Año: 2000.
Duración: 114 min.
Interpretación: Tatsuya Fujiwara (Shuya Nanahara), Aki Maeda (Noriko Nakagawa), Taro Yamamoto (Shougo Kawada), Masanobu Ando (Kazou Kiriyama), Kou Shibasaki (Mitsuko Souma), Chiaki Kuriyama (Chigusa Takako), Takeshi Beat.
Guión: Kenta Fukasaku; basado en la novela de Koshun Takami.
Producción: Akio Kamatani, Tetsu Kayama, Masumi Okada, Masao Sato.
Música: Masamichi Amano.
Fotografía:
Katsumi Yanagijima.
Montaje: Hirohide Abe.
Diseño de producción: Kyôko Heya.
Estreno en España: 2 Agosto 2002.


 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà
Canalcine.net, Barcelona

La violencia como espectáculo

Tras una larga espera, por fin se estrena oficialmente en España "Battle Royale", la última película del septuagenario director japo-nés Kinji Fukasaku. Battle Royale, que ya obtuvo una entusiasta acogida en el Festival de Sitges –como suele suceder cuando se presenta una producción pretendidamente rompedora y con ciertas trazas de cult movie–, tampoco se ha visto libre de polémica por su notable carga violenta –según ordena el manual de buenos usos y costumbres–.

Mientras unos se estiran los pelos en su airada condena y otros le cuelgan los laureles de obra maestra, perso-nalmente me decanto por la posición del "no es para tanto". Porque si hay algo que no debemos hacer es preci-samente tomarnos esta película de-masiado en serio. No sabemos muy bien si Fukasaku pretendía hacernos reír de incredulidad ante lo absurdo de la historia que propone o bien estremecernos con sus terribles planteamientos. En cualquier caso, ni la violencia ni la crueldad de sus imágenes resultan tan truculentas, ni el film alcanza unas dimensiones reflexivas más allá de lo que algunos quieren ver –las tiene, se hacen evidentes, pero cabe preguntarse cuál es su peso específico y, sobre todo, si éstas llegan al espectador–. "Battle Royale" se disfruta y rinde bastante bien sin necesidad de buscarle más vueltas de las que tiene, no lo vayamos a estropear.

La historia sitúa su acción en un Japón futuro, en el que los índices de desempleo se disparan y los jóvenes, que han perdido el respeto por los mayores, boicotean las clases y agreden a los profesores. El gobierno instaura entonces una Ley de Reforma Educativa –la B.R. del título– que propicia una serie de medidas extremas. Como parte del plan, se elige por azar una clase de alumnos de una escuela, que son conducidos bajo engaño a una isla abandonada y obligados a matarse entre sí durante tres días hasta que quede una única persona con vida, el "ganador". Cada adolescente recibe una bolsa con unas provisiones mínimas y un "arma" –que tanto puede tratarse de una pistola o un cuchillo como de la tapa de una cazuela–. En su cuello, llevan amarrado una especie de collar electrónico que les hará estallar si no siguen las reglas, es decir, si intentan huir o si al cabo del periodo establecido queda más de un superviviente.

Así pues, argumentalmente, "Battle Royale" no hace otra co-sa que ajustarse al esquema de otras películas en las que tiene lugar un forzado y sangriento juego de supervivencia en el marco de un hipotético sistema en el que todo vale. Podemos pensar en cintas como "The Running Man", con Arnold Schwar-zenegger, "Rollerball", o incluso algunos le encontrarán alguna que otra similitud con "El señor de las moscas".

A lo largo del film veremos cómo los diferentes protagonistas reaccionan a la situación y cómo, uno tras otro –o de tres en tres– van cayendo muer-tos. Con semejantes antecedentes, era de esperar que estos –supues-tamente– vándalos empezarían a ani-quilarse unos a otros como posesos en cuanto tuvieran las armas a su disposición, en un desmesurado "aquí te pillo, aquí te mato". Sin embargo, descubriremos que no es tan fiero el lobo como lo pintan. Surgen actitudes de protección, se generan alianzas para escapar de allí con vida, otros se suicidan antes que tener que competir con sus compañeros... Claro está, siempre hay el rarito de la clase que, presa de la paranoia, pierde el control, o el malvado sin escrúpulos que se lo pasa pipa eliminando a todo bicho viviente que se cruza en su camino. Pero muchas de las muertes se producen más por el miedo, la desconfianza o por fatídicos malentendidos que por el ensañamiento o el puro egoísmo. Dadas las circuns-tancias, y que, como adolescentes que son, además están en plena edad del pavo, se conducen bastante civilizadamente. Los sentimientos de estos jóvenes se muestran de forma algo simple, pero apenas afecta a la credibilidad del resto de la trama, porque la situación ya es por sí misma poco probable.

Decía al principio que "Battle Royale" no es sólo hueca diversión, la carnicería como entretenimiento para uso y disfrute de estómagos cinéfilos curtidos a base de vísceras y sangre –público Disney absténgase–, pero ponía en duda la relevancia de su potencial reflexivo, incluso me atrevía a cuestionar que una buena parte del público no se quedara únicamente con su salvaje fachada, de manera que la película no lograría del todo sus objetivos.

Encontramos, por un lado, un choque entre generaciones, que en la socie-dad japonesa tiene especial signifi-cado. Esta confrontación se resuelve haciendo uso de la brutalidad, es de-cir, promoviendo aquello que se pre-tende erradicar. Sin embargo, los adultos no ejercen su represión de for-ma directa, sino que obligan a los adolescentes a enfrentarse a muerte entre sí. Su función "peda-gógica" es más que cuestionable, como resulta obvio, sobre todo cuando todos, excepto uno, van a morir. Por motivos parecidos, esto tampoco asegura que la agresividad vaya a quedar limitada a esta "zona de juego" (lo que se correspondería con la función "terapéutica" que consiste en desplazar los instintos violentos a un campo cerrado o en su sublimación a través de una actividad per-mitida por el sistema –ya sea como parte activa o como parte pasiva–: en nuestra sociedad se habla de que espectáculos como el fútbol, los toros o el boxeo cumplirían este cometido, como en otra época lo hizo el circo romano). Pero sí se trata de un buen símil, puesto que se confronta a los jóvenes con la violencia real de un juego de supervivencia real que emula en sus formas a los violentos videojuegos que tanto éxito tienen entre su generación (por fortuna, la facturación de la cinta no es la típica de un videojuego trasladado a la pantalla, lo cual le hubiera restado aún mayor verosimilitud). Estos videojuegos sí podrían estar represen-tando esa parcela restringida en la que dar rienda suelta a la violencia de forma no perjudicial y "Battle Royale" haría un uso pervertido de esta función.

Siguiendo esta línea de pensamiento, la idea más importante que subyace en la película –y tal vez la que menos se entienda– hace que, como espec-tadores de semejante sangría, nos planteemos la siguiente pregunta: ¿Por qué la muerte, la violencia, la destrucción nos entretiene? ¿Por qué, en definitiva, nos gusta esta película? Fukasaku, con acierto, no elige a unas víctimas cualquiera, sino que toma a unos cuerpos jóvenes y atractivos con sus inmaculados uniformes de colegio, algo que representaría el cadáver exquisito, una combinación de belleza, juventud e inocen-cia, aquél que despierta mayor morbosidad. En este sentido, "Battle Royale" da un paso más allá de otras cintas en las que un juego de supervivencia similar también era protagonista. Nos señala con el dedo porque nosotros somos el público del "circo romano" para la ocasión. ¿Nuestros instintos salvajes quedan también des-plazados o delimitados gracias a la violencia en el cine y la tele-visión? ¿Nos divierte esta agresividad en las películas porque es la válvula de escape –consentida y no dañina para la sociedad– de nuestra violencia inherente?

Podríamos divagar durante horas sobre esto o bien dejar que los manuales de psicología descansen en paz. Como ya apuntaba, creo que el principal problema de este film es que su tono general resulta excesivamente ambiguo. Su humor negro en ocasiones se adecúa bien, pero otras veces se encaja con des-concierto, sin tener nunca demasiado claro qué es lo que pretende la película: burlarse con ironía de sí misma –restándole trascen-dencia al asunto– o sólo relajar la tensión del drama sin dejar de ser consecuente con sus principios. Es por ello que su mensaje pueda quedar debilitado y no se preste a más interpretaciones, o, incluso, se malinterprete.

Al igual que en "La naranja mecáni-ca", "Battle Royale" introduce popula-res piezas de música clásica, que también aquí son usadas como telón de fondo de algunas escenas san-grientas. Este recurso, que podría entenderse como un guiño al film de Kubrick, en el que la violencia tam-bién era objeto de análisis, acentúa un falso contraste, es decir, muy probablemente venga a reforzar la tesis de la muerte como un espectáculo hermoso. Ambas películas coinciden en otro punto: corren el riesgo de que se haga una lectura superficial y que la idea sobre la que fueron construidas sea eclipsada. En su momento, también la controversia rodeó a "La naranja mecánica" y también Kubrick se lamentó de que hubiera sido incomprendida.

Por último, hacer mención de la presencia en su reparto del di-rector / actor Takeshi Kitano / Beat Takeshi, como el profesor del grupo de escolares que supervisa el juego. Kitano, cuyo persona-je se llama como él mismo, resulta inexpresivo hasta límites insospechados, pero ofrece, por contra, la ambivalencia que su papel requiere: una persona fría y despiadada capaz de alber-gar sentimientos reprimidos.

"Battle Royale" es, en resumidas cuentas, una película divertida, exó-tica a su manera y macabramente atractiva, que no podría haber nacido en otro contexto mejor que en el del Japón actual. Como un arma de doble filo, mientras que en un primer plano la violencia cobra más que nunca di-mensiones de espectáculo, en un segundo término nos plantea por qué disfrutamos con ella. La cuestión es si todo el mundo va a ser capaz de valorar su doble vertiente o si en definitiva todo se queda en el "mola un montón porque todo el rato se matan entre sí a lo bestia", que no deja de ser verdad.

Valoración: 8


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Imágenes de "Battle Royale"  - Copyright © 2000 Battle Royale Production Committee. Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos reservados.

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