CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Hardball: Un deporte bajo
riesgo
"Hardball"
reincide, una vez más, en el
cómodo ejercicio de repetir una fórmula ya conocida. Así de
sencillo. Para que todos pisemos sobre terreno familiar, nadie
se extravíe y el riesgo sea mínimo. La cuestión es que cuando la
apuesta es reducida, los beneficios difí-cilmente van a resultar
impresionantes, de manera que el trabajo de
Brian Robbins se soporta para
llenar un tiempo vacío, pero se olvida con facilidad
transcurridos unos minutos desde sus cré-ditos finales.
Este drama que
participa de pincela-das cómicas y del llamado "cine de deporte"
(aunque esto último resulte bastante discutible), redunda en ese
esquema habitual en el que un adulto inmaduro, impresentable
como figura de autoridad, debe ejercer de guía (tutor,
instructor, profesor,... o entre-nador, como en el presente caso)
de un individuo o un grupo de individuos desfavorecidos
socialmente (léase niños con problemas, deficientes físicos o
mentales, u otros adultos en similar situación) del que en
principio le separan barre-ras aparentemente infranqueables.
Obviamente, la cosa siempre termina igual. El adulto de conducta
dudosa pero gran corazón, acaba operando una saludable
influencia en sus pupilos, se re-duscubre a sí mismo y se
convierte en una mejor persona. El men-saje en favor de la
tolerancia, la esperanza, la superación personal y la redención
viene rodado, y se manifiesta en todo momento. En "Hardball",
esta pauta argumental se concreta cuando su prota-gonista, Conor
(Keanu Reeves), un perdedor nato
que se dedica a la reventa y a las apuestas, se ve obligado a
saldar sus deudas ocupando el puesto de entrenador de un equipo
infantil de baseball de un barrio negro muy deprimido (pobreza,
delincuencia, drogas, marginalidad...). Conor se convertirá en
un amigo y un padre para los niños, además de constituir su
última vía de salvación en un entorno tan hostil. Y a su vez,
éstos le ayudarán a sentirse útil y estimado.
A pesar de sus
consabidas premi-sas, "Hardball" tampoco hace nin-gún esfuerzo por
superar el cliché, y reverbera constantemente en luga-res y
circunstancias comunes. No se podría hablar siquiera de
previsibili-dad, sino que cuanto ocurre es espe-rable, y hasta
deseable, en los cau-ces del subgénero al que pertenece. Sus
personajes son descritos en base a unos rasgos caracte-rísticos y
anecdóticos que no les otorgan mayor profundidad. Así tenemos al
niño obeso que sufre asma; al niño que es demasiado pequeño para
formar parte del equipo, pero, cómo no, acabará teniendo su
momento de gloria; al niño que parece aislado del resto
escuchando una y otra vez la misma canción con sus walkmans,
pero que se revelará como un arma secreta para el juego; o al
niño que al ser rechazado por cuestiones de edad, caerá en el
mal ca-mino... En general, el elenco infantil se exhibe fresco y
desen-vuelto, pero la simpatía o la piedad que pretende
despertar la película hacia sus personajes resulta siempre
postiza y hueca. Se trata de una emotividad difícil de
encontrar porque, como apuntaba, la historia nos fuerza a un
déjà vu que ya no sorprende ni se muestra natural.
"Hardball" está basada en un libro inspirado en hechos reales,
lo cual podría habernos ofrecido mayores dosis de autenticidad,
pero no es el caso. El film es, en todos los sentidos, un
producto de la industria norteamericana: distrae, entretiene,
pero nunca proporciona realidad, sino vida encapsulada que ha
sido pasada por el tamiz de Hollywood.
Comentaba que, si
bien por la situa-ción que la rodea, "Hardball" podría ser
considerada una película de de-porte, resulta algo más
cuestionable hablar de ella como tal dada la forma en que se
desarrollan las escenas de entrenamiento y juego. Conor nunca da
instrucciones a los niños sobre la táctica a seguir, como sería
de espe-rar. Se limita a animarles como grupo, a contentarles a
base de pizza, a compensarles con ciertos detalles, y a ejercer
de protector hermano mayor. Se comprende perfectamente que el
equipo pierda al principio de la película, pero resulta difícil
creer que al final acaben ganando los partidos si no es porque
como niños desam-parados que son, deben ostentar el papel de
"buenos" y, por tanto, alzarse con la "merecida" victoria. Ni
siquiera llegamos a saber si Conor entiende algo de baseball o
de cualquier otro deporte como técnico, por más que termine
trabajando como coordinador de deportes en la escuela.
Keanu Reeves
está correcto en su función de pillo metido en apuros, y
consigue una buena química en su relación con los niños, pero no
puede evitar la sobreactuación.
Junto a él va-mos a encontrar a Diane Lane
("Infiel")
en un papel secundario co-mo profesora del colegio, sin demasiada
oportunidad de lucimiento, ya que queda relegada a la "chica de
la pelicula" con la que el protagonista debe mantener el
obligado romance.
Por último,
cabría preguntarse por qué era necesario que el hombre blanco –y
más un ejemplar como el que se nos presenta– se levantara una
vez más como el héroe salvador de una comunidad negra, y que no
surja ni un solo atisbo de prejuicios en todo el gue-to, sino al
contrario. Tal y como señalaba,
"Hardball" es tan arti-ficiosamente bienintencionada que
olvida la realidad, y sólo explota sus aspectos más amargos para
hacernos soltar una lágrima fácil.
Valoración: 5

Imágenes de "Hardball" -
Copyright © 2001 Fireworks Pictures y Paramount
Pictures. Distribuidora en España: Manga Films.
Todos los derechos reservados.
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