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HARDBALL


cartel Dirección: Brian Robbins.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 106 min.
Interpretación: Keanu Reeves (Conor O'Neill), Diane Lane (Elizabeth Wilkes), John Hawkes (Ticky Tobin), Bryan C. Hearne (Andre Ray Peetes), Julian Griffith (Jefferson Albert Tibbs), Michael B. Jordan (Jamal), A. Delon Ellis Jr. (Miles Pennfield II); Kristopher Lofton (Clarence), Michael Perkins (Kofi Evans).
Guión: John Gatins; basado en el libro de Daniel Coyle.
Producción: Tina Nides, Mike Tollin y Brian Robbins.
Música: Mark Isham.
Fotografía:
Tom Richmond.
Montaje: Ned Bastille.
Diseño de producción: Jaymes Hinkle.
Vestuario: Francine Jamison-Tanchuck.
Estreno en España: 2 Agosto 2002.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà
Canalcine.net, Barcelona

Hardball: Un deporte bajo riesgo

"Hardball" reincide, una vez más, en el cómodo ejercicio de repetir una fórmula ya conocida. Así de sencillo. Para que todos pisemos sobre terreno familiar, nadie se extravíe y el riesgo sea mínimo. La cuestión es que cuando la apuesta es reducida, los beneficios difí-cilmente van a resultar impresionantes, de manera que el trabajo de Brian Robbins se soporta para llenar un tiempo vacío, pero se olvida con facilidad transcurridos unos minutos desde sus cré-ditos finales.

Este drama que participa de pincela-das cómicas y del llamado "cine de deporte" (aunque esto último resulte bastante discutible), redunda en ese esquema habitual en el que un adulto inmaduro, impresentable como figura de autoridad, debe ejercer de guía (tutor, instructor, profesor,... o entre-nador, como en el presente caso) de un individuo o un grupo de individuos desfavorecidos socialmente (léase niños con problemas, deficientes físicos o mentales, u otros adultos en similar situación) del que en principio le separan barre-ras aparentemente infranqueables. Obviamente, la cosa siempre termina igual. El adulto de conducta dudosa pero gran corazón, acaba operando una saludable influencia en sus pupilos, se re-duscubre a sí mismo y se convierte en una mejor persona. El men-saje en favor de la tolerancia, la esperanza, la superación personal y la redención viene rodado, y se manifiesta en todo momento. En "Hardball", esta pauta argumental se concreta cuando su prota-gonista, Conor (Keanu Reeves), un perdedor nato que se dedica a la reventa y a las apuestas, se ve obligado a saldar sus deudas ocupando el puesto de entrenador de un equipo infantil de baseball de un barrio negro muy deprimido (pobreza, delincuencia, drogas, marginalidad...). Conor se convertirá en un amigo y un padre para los niños, además de constituir su última vía de salvación en un entorno tan hostil. Y a su vez, éstos le ayudarán a sentirse útil y estimado.

A pesar de sus consabidas premi-sas, "Hardball" tampoco hace nin-gún esfuerzo por superar el cliché, y reverbera constantemente en luga-res y circunstancias comunes. No se podría hablar siquiera de previsibili-dad, sino que cuanto ocurre es espe-rable, y hasta deseable, en los cau-ces del subgénero al que pertenece. Sus personajes son descritos en base a unos rasgos caracte-rísticos y anecdóticos que no les otorgan mayor profundidad. Así tenemos al niño obeso que sufre asma; al niño que es demasiado pequeño para formar parte del equipo, pero, cómo no, acabará teniendo su momento de gloria; al niño que parece aislado del resto escuchando una y otra vez la misma canción con sus walkmans, pero que se revelará como un arma secreta para el juego; o al niño que al ser rechazado por cuestiones de edad, caerá en el mal ca-mino... En general, el elenco infantil se exhibe fresco y desen-vuelto, pero la simpatía o la piedad que pretende despertar la película hacia sus personajes resulta siempre postiza y hueca. Se trata de una emotividad difícil de encontrar porque, como apuntaba, la historia nos fuerza a un déjà vu que ya no sorprende ni se muestra natural. "Hardball" está basada en un libro inspirado en hechos reales, lo cual podría habernos ofrecido mayores dosis de autenticidad, pero no es el caso. El film es, en todos los sentidos, un producto de la industria norteamericana: distrae, entretiene, pero nunca proporciona realidad, sino vida encapsulada que ha sido pasada por el tamiz de Hollywood.

Comentaba que, si bien por la situa-ción que la rodea, "Hardball" podría ser considerada una película de de-porte, resulta algo más cuestionable hablar de ella como tal dada la forma en que se desarrollan las escenas de entrenamiento y juego. Conor nunca da instrucciones a los niños sobre la táctica a seguir, como sería de espe-rar. Se limita a animarles como grupo, a contentarles a base de pizza, a compensarles con ciertos detalles, y a ejercer de protector hermano mayor. Se comprende perfectamente que el equipo pierda al principio de la película, pero resulta difícil creer que al final acaben ganando los partidos si no es porque como niños desam-parados que son, deben ostentar el papel de "buenos" y, por tanto, alzarse con la "merecida" victoria. Ni siquiera llegamos a saber si Conor entiende algo de baseball o de cualquier otro deporte como técnico, por más que termine trabajando como coordinador de deportes en la escuela.

Keanu Reeves está correcto en su función de pillo metido en apuros, y consigue una buena química en su relación con los niños, pero no puede evitar la sobreactuación. Junto a él va-mos a encontrar a Diane Lane ("Infiel") en un papel secundario co-mo profesora del colegio, sin demasiada oportunidad de lucimiento, ya que queda relegada a la "chica de la pelicula" con la que el protagonista debe mantener el obligado romance.

Por último, cabría preguntarse por qué era necesario que el hombre blanco –y más un ejemplar como el que se nos presenta– se levantara una vez más como el héroe salvador de una comunidad negra, y que no surja ni un solo atisbo de prejuicios en todo el gue-to, sino al contrario. Tal y como señalaba, "Hardball" es tan arti-ficiosamente bienintencionada que olvida la realidad, y sólo explota sus aspectos más amargos para hacernos soltar una lágrima fácil.

Valoración: 5


CANAL #CINE - Revista de Cine colaboradora


Imágenes de "Hardball" - Copyright © 2001 Fireworks Pictures y Paramount Pictures. Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos reservados.

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