CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Valoración:
    
Una fiesta de color sincero
En rara ocasión llega a nuestras car-teleras alguna película de
la industria cinematográfica de la India, de mayor producción
que el mismo Hollywood. Por eso, nos resulta desconocida su
temática y estética, que se podría re-sumir diciendo que
básicamente se someten a un patrón con el amor por tema central,
con continuas canciones en play-back y bailes, y redondeadas con
un final feliz al cabo de no menos de tres horas. Es lo que les
gusta, aunque sea de manera repetida, porque van al cine a
disfrutar, quizá a evadirse de los problemas de la vida real, y
eso lo encuentran en la música y en el amor de ficción.
Con una
versión algo más occidentalizada, Mira
Nair ha logrado con "La boda del Monzón" traspasar
fronteras y triunfar en el Festi-val de Venecia 2001 con el León
de Oro. La trama es aparentemen-te sencilla, girando en torno a
los preparativos para la boda de una chica de la alta sociedad
de Delhi. En ese marco se tejen varias historias de amor entre
las familias de los novios y una más entre el organizador de la
boda y una criada cristiana de la casa, acaso la más sublime y
tierna de todas.
Mira nos introduce en la menta-lidad y cultura india, en
la riqueza ritual que acompaña a la ceremo-nia, y en un gusto
estético lleno de sensibilidad que a nosotros nos puede
resultar empalagoso por mo-mentos. Nos descubre una sociedad
fundamentada en la familia y en la fidelidad matrimonial,
apoyada en la sinceridad y en el cariño. Fren-te a la perversión
del amor, en la que caen algunos personajes y contra la que
luchan otros, se alza el sentido del compromiso y las ganas de
vivir. El colorido del vestuario, la decoración floral y la
mú-sica jubilosa empujan a los protagonistas y al espectador a
mirar el futuro con optimismo, lejos del derrotismo en que se ha
instalado buena parte del cine europeo.
Es
evidente que la directora busca remarcar durante toda la
película las diferencias sociales y económicas que allí se dan,
contrastando la vida acomodada de la familia con la de los
trabajadores que preparan la boda o con los breves retazos de la
vida suburbana de la capital. Pero resulta curioso que al final
todos sepan disfrutar juntos de la fiesta, y que la fractura no
se produzca a nivel social sino moral, pues el único excluido de
la celebración será aquel que ha abusado de la confianza
familiar. Desde luego, este planteamiento dista mucho del que
nos ofrece Ken Loach, por ejemplo.
El carácter coral de la película hace que el arranque sea algo
lento al tener que ir presentando a todos los perso-najes, pero
la capacidad expresiva de éstos permite descubrir una sentida
humanidad que nos introduce pronto en el drama. Es antológica
la inter-pretación del padre de la novia o de su hermana de
adopción, sometidos a duras pruebas in-teriores, entre el
honor y el perdón. Al final serán verdaderos re-tratos de unas
almas grandes, que bien habría firmado Ford o Ca-pra, y que nos
hacen disfrutar de una sentida historia de amor.
Una
estupenda película para descubrir otra manera de ha-cer cine
pero que conserva el esquema del cine clásico ameri-cano, con
unos personajes con problemas y anhelos que son uni-versales,
que se saben sacrificar y por eso gozan de un merecido happy
end.
Imágenes
de "La boda del Monzón" - Copyright © 2001 Mirabai Films.
Distribuidora en España: Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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