CRÍTICA
por
Leandro Marques
Buenos Aires, Argentina
Valoración:
    
Radiografía de un mundo que
ya no es el mismo
El
mundo está en pleno proceso de cambio. No hay dudas de eso. Las
nuevas tecnologías de información y el desarrollo de las
comunicaciones globales son grandes responsables de achicar las
fronteras, de acortar los espacios que separan a las na-ciones.
Estos rasgos característicos de las nuevas sociedades modernas
tuvieron su punto de inflexión en septiembre pasado, con la
destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York. Tampoco eso
puede dar lugar a demasiados cues-tionamientos. El mapa del
planeta se modificó, como también, fundamentalmente, se
alteraron los parámetros acerca de aquello que desde aquel
momento pasó a ser posible, esperable, imagina-ble. "La suma de
todos los miedos"*
es otra de las
megaproduc-ciones estadounidenses que se estrenaron tras aquel
nefasto aten-tado, quizás la mejor lograda de todas. Su
característica principal es que representa el nuevo sentimiento
impregnado en los ciuda-danos norteamericanos y del todo el
mundo: Estados Unidos está en peligro, ya no es una potencia
inexpugnable y todopoderosa; en cualquier momento, en su propio
territorio, algo terrible puede llegar a suceder nuevamente.
La película dirigida por
Phil Alden Robinson sobre la base
de la no-vela del mismo nombre escrita en 1991 por
Tom Clancy realiza un buen
retrato de la susceptibilidad y paranoia que domina a los
norteamericanos en la actualidad. A través de una trama
vertiginosa e intrigante, el filme protagonizado por
Morgan Freeman y
Ben Affleck lleva al extremo la
peor y más temida de las pesadi-llas imaginables: una bomba
nuclear cayendo y devastando una ciudad estadounidense. Más allá
de una composición de persona-jes tradicional y estereotipada,
que muestra, por ejemplo, como principal protagonista a un joven
guapo e inteligente en el papel de héroe salvador, y de algunos
momentos de acción poco creíbles, el relato está bien narrado y
captura la atención del espectador la mayor parte del tiempo.
La
historia refleja la investigación que el director de la CIA
(Freeman) y uno de sus agentes (Affleck) encaran al enterarse
que desaparecieron tres científicos rusos especialistas en el
armado de una bomba nuclear. A par-tir de ahí, la trama se
complejiza. La película se transforma en una pelícu-la
multigenérica, de espionaje, de acción, de suspenso, con fuerte
entramado político y gran hin-capié en las tensiones de
siempre entre Estados Unidos y Rusia. Todo esto inserto en
ritmos y tiempos narrativos que proporcionan una dinámica
incesante. No hay tiempo para detenerse, a medida que los
sucesos se desencadenan va encontrándose el sentido de lo que
ocurre. Y si bien la confusión predomina en el relato, tam-bién
los mismos personajes de la historia están confundidos y no
saben cómo reaccionar ante lo que sucede.
La cuestión es que la bomba estalla
y los hombres del poder norte-americano están urgidos de tomar
represalias inmediatas. Pero no tienen pruebas fehacientes de
que los rusos, principales sospecho-sos, son realmente los
responsables. Sin embargo, el sentimiento de venganza es cada
vez más fuerte, y un feroz contraataque ya está preparado,
aunque hayan pasado apenas horas del impacto de la bomba caída
en Baltimore. Al mismo tiempo, en medio del caos generado por
la explosión, el joven agente lucha frente a to-dos los
obstáculos que se le presentan para hacer llegar una
in-formación vital al sitio donde el presidente y otros altos
directivos deciden el futuro inmediato.
A
ese ritmo desenfrenado y cauti-vante se suman algunos
excelentes momentos de acción, un interesante manejo de cámara
para acompañar o involucrarse con los acontecimientos en los
instantes necesarios, muy bue-nas locaciones y el adecuado uso
de efectos especiales impresionantes (imperdible el momento en
que estalla la bomba). También pueden agregarse los correctos
trabajos de los actores, especialmente de Freeman y
James Cromwell (en el papel de
presidente esta-dounidense). Affleck no desentona, pero no puede
desprenderse del todo del mote de actor galán dedicado a
acaparar al mercado femenino. Su personaje es Jack Ryan, el
mismo que ya encarnaron con éxito Harrison Ford ("Peligro
inminente", "Juego de patriotas") y Alec Baldwin
("La caza del Octubre Rojo").
Más allá de todo lo mencionado, "La
suma de todos los miedos" es sin dudas un excelente producto de
acción. Sus puntos más altos (la dinámica, el suspenso, los
momentos de acción) están bien desarrollados y muy bien
logrados. Tanto que no dejan demasiado lugar para reparar en los
aspectos más flojos (sus lugares y personajes comunes, el final
típico,...). Por eso vale la pena vivir la experiencia. Además,
sirve para adentrarse un poco más en esa nueva sensibilidad que
afecta a los norteamericanos en este caso en particular, y a los
ciudadanos del mundo en general. Porque de alguna forma u otra,
el planeta está cambiando a cada segundo, y todos sentimos las
consecuencias de eso.
(*)
Nota del editor: "La suma de todos los miedos", título en
Argentina de "The sum of all fears"
Imágenes
de "Pánico nuclear" - Copyright © 2002 Paramount Pictures.
Distribuidora en España: UIP. Todos los derechos
reservados.
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