CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Valoración:
    
Debut en
la dirección de Mark Romanek
tras una brillante carrera en el mundo del vídeo musical,
“Retratos de una obsesión” es la película de inauguración
cinematográfica de un futuro importante autor del Séptimo Arte
que, al igual que David Fincher o Tony Scott, domina con
maestría el lenguaje visual pero cojea levemente en el
narrativo.
Después de hacer importantes pie-zas en la industria del
videoclip como “Are you gonna go my way” de Lenny Kravitz o
“Rain” de Madonna, Roma-nek ha elegido el campo de la
in-triga psicológica para extender su trabajo a la gran pantalla
con una película novedosa y refrescante a la vez que tópica y
previsible. La explicación está en que tanto por su
planteamiento como por los pasajes más desquiciados de su
desarrollo, podría encajar perfec-tamente en cualquier
programación de sobremesa, pero por la utili-zación de la
estética como hipnótico elemento narrativo y descrip-tivo de los
personajes, “Retratos de una obsesión” se convierte en un
trabajo de indudable interés.
La mente
de Sy, el inquietante a la par que modesto encargado de la
tienda de fotos del hipermercado del barrio, nos transmite su
desasosiego y su enfermiza paranoia a través de imágenes de
de-soladora esterilidad, con planos barrocos de un entorno de
espe-luznante soledad. Y así, la historia aparente manida de un
psicópa-ta cotidiano se encauza en una radiografía de turbadora
intensidad de la monotonía, del desamparo y, en esa búsqueda del
ídolo al que aferrarse, también de la obsesión, como reza la
desafortunada traducción del título original “One hour photo”.
Porque la vida de Sy se mantiene a flote por su capacidad de
poner pasión en los pe-queños detalles, por su afán de
minuciosidad y superación en su impersonal trabajo y por su
mitificación del vínculo familiar plasma-do en el seguimiento
entrometido y fatal de un matrimonio y su único hijo. Teniendo
como punto de referencia esa aparente cele-bración de la
felicidad, mantiene la orientación, pero pierde por completo su
equilibrio emocional cuando ve peligrar su objeto de fervorosa
admiración, la palpable representación de la vida soñada.
A esta notable complejidad temática de perspectivas casi
psiquiátricas o filosóficas, contribuye en gran manera la
soberbia interpretación de un insólito
Robin Williams, que deja atrás su comercial vis
cómica e inclu-so su ternura dramática para calzarse un
terrorífico e intrincado protagonista absoluto y, lo que es más
meritorio, consigue colmarlo de humani-dad. Su trabajo, de un
brío arrollador, nos muestra la personalidad poliédrica de un
actor camaleónico que recupera con este éxito personal el
respeto de los grandes estudios. Película pequeña con ansias
de cine de autor y presupuesto de cine indepen-diente, “Retratos
de una obsesión” se ha hecho un sopren-dente hueco en la
taquilla americana y ha sido número uno en Europa, cuando
partía con discretas pretensiones. El atractivo de su reparto,
completado con Connie Nielsen,
y el poder de sus imágenes han ganado por goleada a un guión
fallido por momentos y a un ritmo con altibajos, para lograr que
la película se haya con-vertido, con su minimalismo y su
sobriedad, en una de las propues-tas más sugerentes de este
verano y en el thriller hitchcockiano más interesante en lo que
llevamos de año.
Imágenes
de "Retratos de una obsesión" - Copyright © 2002 Fox Searchlight
Pictures, Catch 23 Entertainment y Killer Films / John Wells.
Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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