CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Posemos
para la foto
Las
fotografías familiares, las que vienen a engrosar nuestro ál-bum
de recuerdos –siempre sesgados por nosotros mismos, que somos
quienes decidimos cuándo disparar la cámara o cuándo conservar y
mostrar dichas fotos–, tienen un valor que va mucho más allá de
la simple captación de una imagen que acabará ence-rrada en un
trozo de papel satinado tamaño standard. Estas foto-grafías son
una forma de memoria permanente –recuérdese cómo Leonard Shelby,
el amnésico protagonista de "Memento", hacía uso de la
fotografía con tales fines–, que representan una falsa
rea-lidad, puesto que siempre retratamos momentos felices u
ocasio-nes especiales. Nadie hace fotos de las cosas
desagradables o de los detalles cotidianos más insignificantes
–"de las tiritas usadas o de la abeja dentro de la gelatina",
como señala el propio Sy–, que completarían con negros y grises
ese retrato parcial compuesto únicamente por blancos,
metafóricamente hablando. Y aquéllas que no nos gusta cómo han
quedado, las ocultamos o rompemos.
A diferencia de otros muchos títulos –que tendrían su más válido
referente en "El fotógrafo del pánico" (Peeping Tom), de
Michael Powell–, en los que un individuo perturbado fotografía a
sus víctimas para captar el momento preciso de su muerte, el
instante an-terior o el resultado de ésta, "Retratos de una
obsesión" dirige su atención hacia el último eslabón del proceso
fotográfico: el revelador –tam-bién dependiente– de una
laboratorio fotográfico de una de esas cadenas de "Fotos en una
hora" –título original del film– que se en-cuentra en las
instalaciones de un gran centro comercial. Sy –Seymour Parrish–
es un hombre solitario, de escaso atractivo, amable y solícito,
con importantes carencias sociales y afectivas desde su
infancia. Por sus manos pasan cada día las ilusiones, engaños y
secretos de decenas de personas que llevan sus carre-tes para
revelar al establecimiento donde trabaja. Ese revelador es una
figura que apenas llegamos a considerar nunca, sin importar-nos
que parte de nuestra intimidad sea conocida por él. El interés
obsesivo de Sy se centra en una familia convencional y
aparente-mente modélica –padre, madre e hijo–, los Yorkin,
clientes habitua-les de la tienda. Sy ha sido testigo de su
trayectoria vital –o mejor dicho, de la parte más pública de
ella– a través de sus fotografías, con lo que cree haber
adquirido una cierta familiaridad con ellos, familiaridad que no
es real ni correspondida del mismo modo. Este hombre suple sus
ausencias de cariño y relaciones sociales con esos retazos de
vida que pertenecen a los Yorkin, confeccionando su propio álbum
de fotografías con las de la joven y atractiva fami-lia. Y sus
atenciones, en ocasiones fuera de lugar, hacia el peque-ño
Yorkin quieren suplir algo que a él le faltó de niño. Sin
embargo, este personaje en apariencia educado e inofensivo, ve
cómo su ya de por sí precaria estabilidad mental se rompe cuando
descubre un hecho que puede alterar el orden de las cosas,
destruir el equilibrio perfecto de esa familia perfecta que son
los Yorkin.
"Retratos
de una obsesión" no es un thriller al uso, pues en su
composición tal vez pesa más el drama que el suspense. Pa-ra
quienes vayan buscando emociones con una estructura y una
intriga sostenida al estilo "Seven", "El silencio de los
corderos", o cualquiera de sus copias posteriores, debo
advertirles que proba-blemente ésta no sea su película. El film,
desde su mirada fría y poco piadosa, no es una cinta que
pretenda sobresaltarnos, buscar un impacto instantáneo, y ni
siquiera se puede decir que haya una intriga en los términos
habituales del género. Aquí es el elemento psicológico el que
entra en juego, y aunque hay un componente criminal, se trata de
una película limpia, sin sangre. La ausencia de estos elementos
no le quita interés, pues la creación del univer-so
psicológico de su protagonista, así como de los atmósferas en
que se mueve, están muy bien recreados y transmiten una
contenida pero constante sensación de angustia y desola-ción.
En la construcción de este clima de desazón y asfixia ha
resultado básico el gran trabajo que realiza
Robin Wi-lliams, quien ya
parecía encasillado en determinado tipo de papeles, lle-gando
incluso a agotarnos con su abanico de gestos repetidos en
pelí-culas poco rescatables. En "Retratos de una obsesión" se
huye del concep-to maniqueo de "malo", del tópico "psicópata
asesino" que suele darse en el género, dejando el terreno a
es-te anodino personaje que, aunque aparentemente se trata de
una perso-na con buenas intenciones y educa-da, hay en su
retraimiento, en su actitud solícita y cordial, un poso que se
evidencía enfermizo. También el trabajo de iluminación y
fotografía, junto al diseño de producción, juegan un papel
determi-nante. En las localizaciones del hipermercado en el que
trabaja Sy, nos encontramos con un imponente y cegador blanco,
más nuclear que el que promulgan los anuncios de detergentes
para la ropa. Esta ambientación tan gélida, impersonal,
inhumana, poco acoge-dora, contrasta con los interiores de la
casa de la familia Yorkin, que, contrariamente, se podría
describir como cálida, personal, humana y acogedora. En cambio,
en la vivienda de Sy, domina una iluminación macilenta, sucia,
enrarecida, como también ocurrirá en las habitaciones del hotel
que aparece en la última parte del film. El carácter que se está
imprimiendo a cada uno de estos espacios a través de los colores
y la luz, además de otros elementos como el material con que
está hecho el mobiliario y su distribución, es uno de los
grandes logros de la película, ya que transmite el clima que se
respira en cada uno de ellos y resalta la personalidad y
circuns-tancias vitales de sus personajes. En este sentido,
Mark Roma-nek, director y autor del
guión, que proviene del campo del videoclip, hace un muy buen
uso del elemento estético como soporte y extensión de su
contenido.
Sobre el
resto del reparto, decir que todos cumplen correctamente sin que
nadie sobresalga de manera especial. Como anécdota, mencionar la
participación del actor Gary Cole
como el severo e impasible jefe de Sy Parrish, quien ya hizo de
antipático jefe en "Trabajo basura" (Office Space) de
Mike Judge. También apuntar la intervención de
Eriq La Salle ("Urgencias")
como el comprensivo y paciente policía que se ocupará del caso.
En un territorio tan visual como es el del cine, no existen
demasiadas pelí-culas que hayan tratado de manera más o menos
seria aquellos concep-tos que se engloban en algo tan habi-tual
como es el simple hecho de to-mar una fotografía. "Retratos de
una obsesión" es una película muy certe-ra, que saca gran
partido de sus piezas, y en la que confluyen ideas como el
recuerdo, las apariencias, el anonimato, la soledad o la
vivencia de experiencias y emociones ajenas como propias...
signos de nuestra sociedad. También es de alabar que el peligro
no surja de lo desconocido, lo improbable, lo obvio, sino de
alguien con quien convivimos en nuestro día a día, lo cual se
convierte en un riesgo mucho más amenazante, por posible y real.
Calificación:
8

Imágenes
de "Retratos de una obsesión" - Copyright © 2002 Fox Searchlight
Pictures, Catch 23 Entertainment y Killer Films / John Wells.
Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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