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RETRATOS DE UNA OBSESIÓN
(One hour photo)


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Dirección y guión: Mark Romanek.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 98 min.
Interpretación: Robin Williams (Seymour 'Sy' Parrish), Connie Nielsen (Nina Yorkin), Michael Vartan (Will Yorkin), Gary Cole (Bill Owens), Dylan Smith (Jake Yorkin), Eriq La Salle (Detective Van Der Zee), Erin Daniels (Maya Burson).
Producción: Christine Vachon, Pamela Koffler y Stan Wlodkowski.
Música: Reinhold Heil & Johnny Klimek.
Fotografía:
Jeff Cronenweth.
Montaje: Jeffrey Ford.
Diseño de producción: Tom Foden.
Dirección artística: Michael Manson.
Vestuario: Arianne Phillips.
Estreno en España: 23 Agosto 2002.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà
Canalcine.net, Barcelona

Posemos para la foto

  Las fotografías familiares, las que vienen a engrosar nuestro ál-bum de recuerdos –siempre sesgados por nosotros mismos, que somos quienes decidimos cuándo disparar la cámara o cuándo conservar y mostrar dichas fotos–, tienen un valor que va mucho más allá de la simple captación de una imagen que acabará ence-rrada en un trozo de papel satinado tamaño standard. Estas foto-grafías son una forma de memoria permanente –recuérdese cómo Leonard Shelby, el amnésico protagonista de "Memento", hacía uso de la fotografía con tales fines–, que representan una falsa rea-lidad, puesto que siempre retratamos momentos felices u ocasio-nes especiales. Nadie hace fotos de las cosas desagradables o de los detalles cotidianos más insignificantes –"de las tiritas usadas o de la abeja dentro de la gelatina", como señala el propio Sy–, que completarían con negros y grises ese retrato parcial compuesto únicamente por blancos, metafóricamente hablando. Y aquéllas que no nos gusta cómo han quedado, las ocultamos o rompemos.

  A diferencia de otros muchos títulos –que tendrían su más válido referente en "El fotógrafo del pánico" (Peeping Tom), de Michael Powell–, en los que un individuo perturbado fotografía a sus víctimas para captar el momento preciso de su muerte, el instante an-terior o el resultado de ésta, "Retratos de una obsesión" dirige su atención hacia el último eslabón del proceso fotográfico: el revelador –tam-bién dependiente– de una laboratorio fotográfico de una de esas cadenas de "Fotos en una hora" –título original del film– que se en-cuentra en las instalaciones de un gran centro comercial. Sy –Seymour Parrish– es un hombre solitario, de escaso atractivo, amable y solícito, con importantes carencias sociales y afectivas desde su infancia. Por sus manos pasan cada día las ilusiones, engaños y secretos de decenas de personas que llevan sus carre-tes para revelar al establecimiento donde trabaja. Ese revelador es una figura que apenas llegamos a considerar nunca, sin importar-nos que parte de nuestra intimidad sea conocida por él. El interés obsesivo de Sy se centra en una familia convencional y aparente-mente modélica –padre, madre e hijo–, los Yorkin, clientes habitua-les de la tienda. Sy ha sido testigo de su trayectoria vital –o mejor dicho, de la parte más pública de ella– a través de sus fotografías, con lo que cree haber adquirido una cierta familiaridad con ellos, familiaridad que no es real ni correspondida del mismo modo. Este hombre suple sus ausencias de cariño y relaciones sociales con esos retazos de vida que pertenecen a los Yorkin, confeccionando su propio álbum de fotografías con las de la joven y atractiva fami-lia. Y sus atenciones, en ocasiones fuera de lugar, hacia el peque-ño Yorkin quieren suplir algo que a él le faltó de niño. Sin embargo, este personaje en apariencia educado e inofensivo, ve cómo su ya de por sí precaria estabilidad mental se rompe cuando descubre un hecho que puede alterar el orden de las cosas, destruir el equilibrio perfecto de esa familia perfecta que son los Yorkin.

  "Retratos de una obsesión" no es un thriller al uso, pues en su composición tal vez pesa más el drama que el suspense. Pa-ra quienes vayan buscando emociones con una estructura y una intriga sostenida al estilo "Seven", "El silencio de los corderos", o cualquiera de sus copias posteriores, debo advertirles que proba-blemente ésta no sea su película. El film, desde su mirada fría y poco piadosa, no es una cinta que pretenda sobresaltarnos, buscar un impacto instantáneo, y ni siquiera se puede decir que haya una intriga en los términos habituales del género. Aquí es el elemento psicológico el que entra en juego, y aunque hay un componente criminal, se trata de una película limpia, sin sangre. La ausencia de estos elementos no le quita interés, pues la creación del univer-so psicológico de su protagonista, así como de los atmósferas en que se mueve, están muy bien recreados y transmiten una contenida pero constante sensación de angustia y desola-ción.

  En la construcción de este clima de desazón y asfixia ha resultado básico el gran trabajo que realiza Robin Wi-lliams, quien ya parecía encasillado en determinado tipo de papeles, lle-gando incluso a agotarnos con su abanico de gestos repetidos en pelí-culas poco rescatables. En "Retratos de una obsesión" se huye del concep-to maniqueo de "malo", del tópico "psicópata asesino" que suele darse en el género, dejando el terreno a es-te anodino personaje que, aunque aparentemente se trata de una perso-na con buenas intenciones y educa-da, hay en su retraimiento, en su actitud solícita y cordial, un poso que se evidencía enfermizo. También el trabajo de iluminación y fotografía, junto al diseño de producción, juegan un papel determi-nante. En las localizaciones del hipermercado en el que trabaja Sy, nos encontramos con un imponente y cegador blanco, más nuclear que el que promulgan los anuncios de detergentes para la ropa. Esta ambientación tan gélida, impersonal, inhumana, poco acoge-dora, contrasta con los interiores de la casa de la familia Yorkin, que, contrariamente, se podría describir como cálida, personal, humana y acogedora. En cambio, en la vivienda de Sy, domina una iluminación macilenta, sucia, enrarecida, como también ocurrirá en las habitaciones del hotel que aparece en la última parte del film. El carácter que se está imprimiendo a cada uno de estos espacios a través de los colores y la luz, además de otros elementos como el material con que está hecho el mobiliario y su distribución, es uno de los grandes logros de la película, ya que transmite el clima que se respira en cada uno de ellos y resalta la personalidad y circuns-tancias vitales de sus personajes. En este sentido, Mark Roma-nek, director y autor del guión, que proviene del campo del videoclip, hace un muy buen uso del elemento estético como soporte y extensión de su contenido.

  Sobre el resto del reparto, decir que todos cumplen correctamente sin que nadie sobresalga de manera especial. Como anécdota, mencionar la participación del actor Gary Cole como el severo e impasible jefe de Sy Parrish, quien ya hizo de antipático jefe en "Trabajo basura" (Office Space) de Mike Judge. También apuntar la intervención de Eriq La Salle ("Urgencias") como el comprensivo y paciente policía que se ocupará del caso.

  En un territorio tan visual como es el del cine, no existen demasiadas pelí-culas que hayan tratado de manera más o menos seria aquellos concep-tos que se engloban en algo tan habi-tual como es el simple hecho de to-mar una fotografía. "Retratos de una obsesión" es una película muy certe-ra, que saca gran partido de sus piezas, y en la que confluyen ideas como el recuerdo, las apariencias, el anonimato, la soledad o la vivencia de experiencias y emociones ajenas como propias... signos de nuestra sociedad. También es de alabar que el peligro no surja de lo desconocido, lo improbable, lo obvio, sino de alguien con quien convivimos en nuestro día a día, lo cual se convierte en un riesgo mucho más amenazante, por posible y real.

Calificación: 8


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Imágenes de "Retratos de una obsesión" - Copyright © 2002 Fox Searchlight Pictures, Catch 23 Entertainment y Killer Films / John Wells. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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