CRÍTICA
por
Leandro Marques
Buenos Aires, Argentina
Valoración:
    
Las raíces del mundo
Más allá
de su recurrencia temática, que convierte a sus películas de
algu-na manera en previsibles, no se pue-de dejar de reconocer el
talento de M. Night Shyamalan,
el escritor-director nacido en la India, para generar un tipo de
suspenso especial, capaz de transmitir a sus espectadores un
es-calofrío corporal casi constante. El responsable de la
taquillera "Sexto sentido", invocando a los mie-dos populares más
frecuentes y arraigados a la tradición, aquellos que sobrepasan
los límites humanos de lo pensable (muertos que viven,
fantasmas, extraterrestres, poderes especiales) pone de
ma-nifiesto el mayor de los terrores que pueden acosar al hombre:
el terror a lo desconocido. Nuevamente ahí está acentuado el eje
na-rrativo central de su último filme, "Señales", en el que
Mel Gibson cumple con el rol
protagónico que Bruce Willis habia llevado a cabo en las dos
últimas cintas del realizador hindú (la mencionada "Sex-to
sentido" y "El
protegido").
Una
mañana, el ex reverendo devenido en granjero Graham Hess (un
correcto Gibson) corre hacia sus campos de maíz acudiendo al
llamado casi desesperado de sus dos hijos. Al llegar, ellos le
se-ñalan algo que cambiará para siempre sus vidas: todo un sector
de la plantación había sido aplanado misteriosamente conformando
extraños símbolos circulares en el campo. Graham, que por la
trá-gica muerte de su esposa había perdido la capacidad de creer,
rá-pidamente disuelve toda posibilidad de que algún factor
sobrenatu-ral tenga alguna incidencia en eso que acababa de ver.
Pero rápi-damente, el desarrollo de las cosas lo empezaría a
hacer cambiar de opinión.
La
televisión informa que en muchos países del mundo sus campesinos
habían encontrado aquellos dibujos geométricos en sus campos. La
para-noia comienza a instalarse en todos, menos en el negado ex
reverendo, que se obstina en no creer pese a que sus hijos y su
hermano menor –interpretado por Joaquin
Phoenix–, que también vive en la casa, ya casi no
tienen dudas. Hasta que a través del walkie tolkie de su hijo
empiezan a oirse extrañas voces de seres extraños que parecen
querer comunicarse entre sí; hasta que una noche, recorriendo su
plantación en busca de pistas, vis-lumbra fugazmente el contorno
de una figura; hasta que, finalmen-te, la visita a una casa
vecina termina cruzándolo, puerta de por medio, con una mano
extraterrestre que quiere atacarlo; todos esos hechos terminaron
por convencer a Graham de que sí, algo fuera de lo común estaba
sucediendo.
Como
el terror que ofrece Shyamalan está fundado sobre lo
desconocido, sus herramientas para crear suspenso también se
basan en lo que no se ve. El director recurre a un
repertorio de indicios implícitos, una puerta que se golpea, una
sombra fugaz que deja vislumbrarse, una mano que aparece de
repente, un giro de cámara violento, un sonido que marca el
ritmo de la escena, una imagen que remite a otra cosa. Todos
estos elementos se conflu-yen y generan una atmósfera densa y
tensionante que, una vez instalada, funciona sola. Inserto en
esa clave, la mente del espec-tador estará siempre alerta e
interactuará con cada detalle que ofrezca la imagen. Shyamalan
no necesita mostrar la tecnología de los extraterrestres, y
mucho menos a ellos atacando a los hom-bres, para que todo lleve
a pensar que los invasores son seres su-periores, e implacables
asesinos. La imaginación de cada especta-dor, paralelamente a la
de los protagonistas del filme –que resig-nados deciden
encerrarse en la casa a esperar lo peor–, se encar-gará de llenar
a su modo ese terrorífico vacío de certezas que pro-duce aquello
sobre lo que no se sabe ni se ve, pero que se cree. La fe, la
mística popular, eso que se siente más allá de cual-quier
evidencia empírica o razonamiento científico, envuelve cada
momento del filme y se transforma en su principal fuerza
movilizadora, como sucede en la mayoría de las películas de este
director.
Toda la
cinta se desarrolla en medio de esa agobiante sensación de
opre-sión que produce lo desconocido, aunque por momentos, el
director de-be recurrir a flashbacks que contex-tualicen y
justifiquen un comporta-miento determinado, especialmente del ex
reverendo. Cuando se produce esa discontinuidad en la dinámica
del filme, el efecto es negativo, porque se transmite una
certeza que disuelve la tensión. Poder entender calma, y en
varios puntos, es-pecialmente sobre el final, Shyamalan apela a
la explicación, bus-ca ponerle luz a una situación para poder
hacerla coherente, pero al mismo tiempo resigna su poder sobre
la incertidumbre del es-pectador, esencial para la eficacia de la
trama. Ese límite auto-impuesto, no transgredido, consiste el
punto flojo de "Señales". Quizás la fe del realizador no
haya llegado a un lugar tan oscuro e impreciso. Todavía.
Imágenes
de "Señales" - Copyright © 2002
Touchstone Pictures. Distribuidora en España: Buena Vista
International. Todos los derechos
reservados.
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