CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
El "mcguffin" de Hitchcock
hecho película. Y Amén.
Sinceramente, me resulta difícil en-trar en valoraciones sobre
esta pelícu-la, no tanto por el hecho de que todo aquello que
pueda tener de bueno también lo tiene de malo, sino porque la
falta de honestidad y madurez que subyace a este supuesto
thriller de terror con notables componentes de ciencia-ficción
me impiden dejarlo de ver como lo que de hecho es –el fondo, y
no las formas, son lo que en realidad me interesan–. Mis
comentarios sobre "Señales" po-drían ser una traslación de aquel
"chiste" en el que se tiene una buena noticia y una mala noticia
por contar, y se pregunta al hipotético interlocutor cuál de las
dos desea que se le comunique primero. Como la crítica no es
sino un monólogo, y no existe interlocutor para la interacción,
la elección corre a mi cargo, de manera que empezaré con las
"buenas noticias", que, a pesar de lo que pudiera parecer, les
aseguro que éstas son las buenas, porque las malas son aún
peores.
Ciertamente, Shyamalan sabe
có-mo dar miedo. Ésta es en muchos aspectos una buena
cinta de sus-pense y también una buena cinta de terror, pues
en este sentido es-tricto logra sus objetivos. No hablaría tanto
de los sobresaltos –en ocasio-nes previsibles y por tanto, poco
sor-presivos–, sino de la forma en que sostiene la intriga y su
buena gestión de los tiempos y todas las claves del misterio.
Shyamalan sabe muy bien dónde colocar la cá-mara, cómo moverla,
qué encuadres tomar, cómo encadenar los planos y cómo ir
administrando las dosis de forma proporcionada. El desconcierto,
el pavor, la angustia de sus protagonistas, se transmiten al
espectador como si se vivieran en carnes propias. Durante gran
parte de la película, Shyamalan juega casi del mismo modo
elegante en que lo hacía Amenábar en "Los
Otros". No enseña, no muestra, sólo insinúa, de
manera sutil y efectiva: rui-dos, sombras, siluetas, presencias
detectadas por los perros...; por tanto, el temor es mucho mayor
porque hay un componente del miedo a lo desconocido que logra la
complicidad del público. Sin embargo, Shyamalan está
empezando a coger los peores vi-cios de Spielberg: se vuelve
obvio. Obvio con los sentimientos, obvio con sus intenciones
manipuladoras, y obvio, sobre todo, por-que hacia los momentos
finales se atreve a mostrar. Y cuando muestra, además de poco
delicado es también poco ingenioso. Pero el qué, el cuándo, el
cómo, el porqué, y todo lo demás, si existe o no, deben
descubrirlo viendo la película con sus propios ojos.
"Señales" no es un film concep-tualmente original, al
menos en sus distintos componentes. Los campos de maíz, con sus
innatas posibilida-des de escondite, han sido ya tan ex-plotados
en el cine como los anima-les que ven alterado su
comporta-miento ante presencias "fantasma-les". La agente de
policía del pueblo rural de la América profunda, la sensación de
aislamiento que se deriva de vivir en un lugar así, la familia
que ha perdido a uno de sus miembros, la niña que parece
percibir algo que los demás no pue-den... Tampoco los famosos
círculos en los campos de cultivo o la posibilidad de una
invasión extraterrestre son algo novedoso. Ade-más de claros
referentes del género, presentados aquí con más o menos gracia,
la película nos ofrece algunas escenas que recuer-dan, sin
ningún lugar a dudas, tanto a títulos recientes como a otros
clásicos. El propio Joaquin Phoenix
–en su papel del her-mano retirado del béisbol que sirve como
apoyo al ex sacerdote viu-do al que interpreta
Mel Gibson– comenta en
determinado momen-to que aquella situación parece sacada de "La
guerra de los mun-dos". Y sí, lo parece. También hay mucho en
este film de "Encuen-tros en la tercera fase", hasta de "Mars
Attacks!", pero la cosa no se queda ahí. Desde su arranque, con
un padre que se despierta por los gritos de sus hijos en algún
lugar alejado, que nos remite a "Los Otros", hasta las
secuencias del encierro con el niño enfermo y el descuido del
inhalador para el asma –prométanme que Shya-malan no ha visto "La
habitación del pánico" de Fincher y no les creeré–, y
pasando por otros detalles aquí y allá, constantemente estamos
pensando en sus predecesoras.
La lógica interna de "Señales" también es más que
cuestionable. En algunas películas sobre temas similares,
cuando el "loco del pueblo" afirma haber sido abducido por una
nave extraterrestre, para rebatir su afirmación, se le pregunta
por qué unos seres más avanzados que los humanos iban a tomarse
la molestia de llegar hasta la Tierra para pasar desapercibidos
y elegir a un individuo como él para estudiarlo. Y ya asumo que
es una cinta de ciencia-ficción. Pero es que Shyamalan va de
serio, y hasta los disparates cómicos del film de Burton tenían
más peso argumen-tativo. La cuestión es que el director consigue
con su guión tomar todos estos elementos y generar un resultado
–valga la redundan-cia– resultón. Es más, dentro del thriller de
ciencia-ficción, inserta una historia sobre el drama de una
familia, la crisis espiritual de un antiguo sacerdote viudo, y,
por si fuera poco, lo aliña con toques de humor que resultan en
muchos momentos francamente divertidos (en otras ocasiones,
puedes llegar a reírte –o, como alternativa, sentir vergüenza
ajena–, sin que la película lo buscara). Esto, a simple vista,
podría parecer un gran mérito.
Pero prosigamos, ahora sí, con las prometidas "malas noticias".
Las se-ñales en los maizales, la posible exis-tencia de "los
marcianitos" y toda la demás parafernalia, no son más que un
enorme "mcguffin" inflado para despistar –o no– del tema
principal. "Señales" es, simple y llanamen-te, la historia de
un hombre que pierde la fe y la vuelve a recuperar. Las
"señales" a las que alude su título no son las enormes marcas en
los cultivos. Y al final de la película no aparece un rayo de
luz divino que se abra paso entre las nubes e ilumine la figura
de un reconciliado Mel Gibson, envolviéndole de una aureola
dorada, no. Pero no me hubiese sor-prendido. Shyamalan nos lleva
con su último trabajo a clase de catequesis y nos quiere dar una
lección moral sobre el amor de y a Dios, sobre la necesidad de
las creencias religiosas, sobre lo im-potante que es la familia
unida en nuestras vidas... ah, y sobre lo grandioso que es el
béisbol... Todo ello tan arraigado en las mentes de los
estadounidenses que entran en el mismo paquete, aún a riesgo de
caer en el ridículo. "Señales" es casi una especie de mo-derna
parábola bíblica puesta al servicio de una determinada
ideo-logía. Pero lo grave no es esto, pues a cada cual con lo
suyo. Lo grave es que Shyamalan lanza su discurso doctrinario
muy en serio –él mismo, que pasa del cameo de anteriores films a
interpretar a un secundario clave para la trama, dice, en boca
de su personaje, algo fundamental–, lo disfraza pésimamente y
nos vende gato por liebre: no nos digan que esto es un thriller
cuando no lo es. Ésta no es una película que utilice el elemento
religioso –igual que "El exorcista", "El día de la bestia" o
"Los Otros"– como una con-frontación del Bien contra el Mal o
como una metáfora de la "ce-guera existencial" frente a "la
verdad". No. Esto es pura ideología disfrazada de cinta de
ciencia-ficción –¿por qué se arremetía contra el paredón a
"las producciones de la Iglesia de la Cien-ciología"
("Phenomenon", "Campo de batalla: la Tierra"...) precisa-mente
por los mismos motivos que se esconden tras "Señales"?–. Por si
no fuera suficiente, además Shyamalan lo justifica y rela-ciona
todo en base a unas claves –o mejor diría trampas– tan
pue-riles, que si usted no es creyente, hasta se lo puede tomar
a risa –no por falta de respeto, sino por la inutilidad
argumentativa y los burdos trucos del director–, pero si usted
es creyente, puede sen-tirse como mínimo insultado.
Y ya por último, si les cansa ver siempre a Mel Gibson en el
papel de gran héroe americano, y creen que aquí su rol va a ser
muy diferente, es-tán de enhorabuena: Mel Gibson –que consigue,
todo hay que decirlo, un buen nivel interpretativo– no corretea
por el campo de batalla enarbolando una bandera con barras y
estrellas, pero vuelve a encarnar la figura de un héroe
salvador, salvador de su familia, y, lo que es más importante
todavía, salvador de esa fe nor-teamericana que, si estaba
pasando por un bache, saldrá suma-mente enaltecida y
reforzada... tras haber visto una película... Ésta.
Probablemente yo vaya a arder en muchos "infiernos", así que iré
preparando mi traje de amianto. El infierno que me prepararían
con sumo gusto los entusiastas de este thriller de
ciencia-ficción, y el infierno al que me arrojarían si
pudieran los entusiastas de este dra-ma
"propagandístico". En cualquier caso, seguro que si se
quedan en el "micro", en la epidermis de "Señales", eso les
proporcionará grandes instantes de miedo viendo este film. Pero
si se alcanza el "macro", la idea de fondo, la reacción es
todavía más espantosa.
Valoración: 5
/10

Imágenes
de "Señales" - Copyright © 2002
Touchstone Pictures. Distribuidora en España: Buena Vista
International. Todos los derechos
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