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TODA LA VERDAD
(High crimes)


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Dirección: Carl Franklin.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 115 min.
Interpretación: Ashley Judd (Claire Kubik), Morgan Freeman (Charles Grimes), Jim Caviezel (Ronald Chapman), Adam Scott (Teniente Terrence Embry), Amanda Peet (Jackie Grimaldi), Jude Ciccolella (Coronel Farrell), Juan Carlos Hernández (Hernandez), Michael Gaston (Waldron), Bruce Davison (William Marks), Tom Bower (Agente Mullins), Michael Shannon (Abbott), John Billingsley (Oshman).
Guión: Yuri Zeltser & Cary Bickley; basado en la novela de Joseph Finder.
Producción: Arnon Milchan, Janet Yang y Jesse B'Franklin.
Música: Graeme Revell.
Fotografía:
Theo van de Sande.
Montaje: Carole Kravetz-Aykanian.
Diseño de producción: Paul Peters.
Dirección artística: Gary Kosko.
Vestuario: Sharen Davis.
Estreno en España: 26 Julio 2002.


 

SOBRE LA PRODUCCIÓN
© 2002 Hispano Foxfilm

El escritor Joseph Finder, un experto en temas de la CIA y la política internacional, ha sido sumamente elogiado durante casi una década por su mezcla de incesante suspense e intriga política en sus novelas El club de Moscú, Poderes extraordinarios, La hora cero y más recientemente, High Crimes.

Cuando a la productora Janet Yang y a su antigua socia de Manifest Films, Lisa Henson, se les presentó la novela High Crimes, Yang pensó que esta novela tenía todos los ingredientes para hacer de ella una magnífica película. Como en otras novelas de Finder, el ritmo vertiginoso de ésta era inherentemente cinematográfico. También era muy importante la existencia de una protagonista femenina con mucho carácter que se ve inmersa en una situación extraordinaria. “La novela tenía esa maravillosa premisa de una abogada defensora femenina que termina defendiendo a su propio marido”, explica Yang. “Claire tiene que tomar decisiones muy duras y casi imposibles a lo largo de la historia. Pensamos que era algo con lo que tanto los hombres como las mujeres podían identificarse”.

Adaptar la densa trama y la compleja estructura del libro de Finder a un guión que funcionara se reveló un gran reto. Yang volvió sus ojos al equipo de guionistas (marido y mujer) formado por Yuri Zeltser & Cary Bickley, de quienes Yang dice que tenían la disciplina y la chispa creativa necesarias para convertir la historia en un guión.

Con el guión de Zeltser & Bickley en la mano, Yang comenzó a buscar a un director que pudiera aportar al proyecto algo más que potentes escenas de acción y los elementos convencionales propios del género. “Quería a un realizador que pudiera lograr de forma consistente grandes interpretaciones de sus actores”, afirma Yang, “para que TODA LA VERDAD fuera algo más que un mero thriller”.

Un encuentro casual con Jesse B’Franklin, su socia productora y, más recientemente, con la mujer del director Carl Franklin, resultaron sumamente provechosos. Yang le pasó el guión a B’Franklin, quien vio el gran potencial que había en él, particularmente en lo tocante a su personaje central. “Pensé que el de Claire era un personaje fascinante”, cuenta B’Franklin. “Ella es una mujer con un gran éxito profesional, que ha vivido una vida fantástica hasta que, de repente, se ve involucrada en una situación que nunca hubiera podido imaginar”.

B’Franklin le pasó inmediatamente el guión a Franklin, quien compartió su entusiasmo por el proyecto. “Me gustó especialmente ese aspecto de ‘David contra Goliath’ presente en la historia”, dice Franklin, cuyas películas “Un paso en falso” y “El demonio vestido de azul” también presentaban a un personaje solitario haciendo frente a unos obstáculos aparentemente insalvables.

Yang sabía que Franklin, todas cuyas películas incluyen minuciosos estudios de los personajes, podría aportar algo especial a TODA LA VERDAD. “Carl tiene un inequívoco sentido de autenticidad, un continuado sentido de la realidad”, explica Yang. “Todos los momentos de sus películas parecen reales. Sientes que ha capturado un trozo de vida en todas sus dimensiones y con todo su colorido”.

Una vez que Franklin era parte del proyecto de TODA LA VERDAD, comenzó a añadir algunos elementos relativos en los personajes. “Quería encontrar la forma de ponerle vida a las relaciones humanas”, señala, “para profundizar en los personajes”.

Clave entre estos personajes es el de Claire Kubik, cuyo matrimonio aparentemente ideal y su imparable carrera profesional comienzan a derrumbarse cuando el hombre que ella pensaba que conocía tan bien se convierte en otra persona. Mientras la Claire de la novela de Joseph Finder era una abogada pija y digna integrante del estamento judicial, Zeltser, Bickley y Franklin imaginaban a una Claire más rebelde, una abogada de la generación posterior a la X. Esto, pensaban, le haría ser alguien con quien más gente podría identificarse.

Según B’Franklin, Ashley Judd era la actriz ideal para comunicar la rebeldía, la inteligencia y la complejidad de Claire. “Ashley es extremadamente brillante y verbal”, afirma B’Franklin, “con una mente curiosa e inquisitiva. Por estas razones era perfecta para hacer de Claire. Ella era nuestro personaje”.

Las complejidades del papel eran sólo uno de los elementos que intrigaban a Judd respecto a TODA LA VERDAD. A ella también le gustaba cómo Franklin había convertido la película en algo más que un thriller sobre una mujer corriente que se halla en peligro. “Los refuerzos políticos de la historia añaden una calidad dinámica y textura”, explica Judd. “Hay una genuina síntesis entre los momentos dramáticos y apasionados y el suspense.

“Carl Franklin nos dijo”, continúa Judd, “que él veía TODA LA VERDAD tanto como un drama como un thriller. Porque, como dijo Carl: ‘Necesitamos el miedo. La amenaza’”.

Judd incluso le puso un nombre al trabajo detallado del director y su actitud hacia TODA LA VERDAD: “La Franklin-aciación”. “Carl podía coger lo que tendrían que ser momentos estándar y obligatorios en un thriller y acentuarlos de forma que tuvieran algo de ‘Franklin-aciación’”, señala. “Siempre estaba pensando en los detalles de una escena, dando más fuerza a la historia”.

Claire es en cierto modo un personaje “perdido”; perdida en la perplejidad sobre el pasado de su marido y su vida secreta como soldado de operaciones especiales, y perdida en los vericuetos del impenetrable mundo del sistema judicial militar. A los militares, como descubre Claire, no les gustan los intrusos.

Para entender el sistema frente al cual ella se encuentra de repente enfrentada, Claire necesita ayuda; alguien, dice “que haya vencido a esos tipos antes y que tenga ganas de hacerlo de nuevo”. Ella lo encuentra en un “comodín”: Charlie Grimes, un abogado y ex-militar que odia el sistema, que ahora trabaja en una oficina cochambrosa y conduce una Harley muy deteriorada. Cuando Charlie le dice a Claire que no puede atacar al sistema y que debe jugar de acuerdo con sus reglas (“lucha contra el sistema y perderás”, insiste), añade al instante ­ con un brillo en los ojos ­ que su estatus como invitado hace que él no tenga que jugar según sus reglas ni las de ningún otro.

Como con Claire, los realizadores hicieron más largo el papel de Charlie Grimes, construido sobre su relación con su nueva jefa, mientras añadían defectos al personaje con una vulnerabilidad que no se encontraban en la novela. Los realizadores creían que Morgan Freeman era justo el actor que podría aportar esas condiciones. “Lo que la gente siempre percibe en Morgan es un profundo nivel de autenticidad y ternura”, afirma Janet Yang. “Hay algo compasivo y real en Morgan”.

A lo largo de su carrera, Freeman ha estado siempre excelente interpretando a intrusos, como el duro proxeneta de “El reportero de la calle 42” y el hastiado pistolero de “Sin perdón”. Pero como señala Carl Franklin, el “brillo” inherente en Freeman es igual de importante para que Grimes cobrara vida. “Morgan tiene esa especie de característica propia del Gato Cheshire de Alicia en el país de las maravillas, por la que te estás preguntado qué es lo que piensa”, señala Franklin. “Y tú eres siempre el aludido. Así pasa con Grimes, y ésa es claramente una característica de Morgan que estábamos buscando”.

Freeman y Judd habían demostrado formar una combinación muy potente en el éxito de taquilla “El coleccionista de amantes”, y estaban entusiasmados al tener la oportunidad de unir de nuevo sus fuerzas. “Lo que es extraordinario de nuestra relación en pantalla es la química que desprende”, dice Freeman. “Trabajar juntos por segunda vez no suponía ninguna simplificación, porque nunca tuvimos que crearla por primera vez con ‘El coleccionista de amantes’. Estaba allí desde el principio”.

“Yo confío plenamente en Morgan”, añade Judd. “Sé que siempre va a estar presente y va a ser auténtico. Y esto ayuda a sacar esas cualidades también en mí”.

La dinámica entre Claire y Charlie lleva a lo que Franklin llama “una de esas relaciones clásicas entre colegas que has visto en la pantalla durante años en un montón de épocas distintas de la historia del cine”. Morgan Freeman, sin embargo, la ve como algo más que una simple amistad. “En cierta forma, tiene un poco de historia de amor”, declara. “No en un sentido romántico y convencional, pero hay un profundo y permanente cariño entre ellos. Son personas muy diferentes, pero en ciertos aspectos cada uno saca lo mejor del otro”.

Claire piensa que ella y su marido Tom Kubik estaban sacando a relucir lo mejor del otro. Viven casi una existencia de cuento de hadas en Marin County, California. Son jóvenes, se aman profundamente y están listos para formar una familia.

Pero tras conocer la oscura y secreta vida de su marido, anterior a que se conocieran, Claire debe responder a la pregunta que se formulan muchas parejas: ¿Conoces de verdad a la persona con la que estás casado/a? Claire comienza a darse cuenta de que no conoce en realidad a Tom. El hombre que ella pensaba que era amable y bueno, fue en tiempos un militar de operaciones especiales, un cualificado asesino. ¿Pero habrá asesinado a sangre fría a indefensos civiles como le acusan los militares?

El actor Jim Caviezel, digno representante de los valores americanos, de ojos afables y gran carisma, que el director Terrence Malick supo capar de forma tan notable en “La delgada línea roja”, convenció a Franklin de que había encontrado a su Tom Kubik. “Estaba hipnotizado con el trabajo de Jim en esa película”, recuerda Franklin. “Pensé que era el rostro más interesante que había visto en el cine desde el de De Niro de joven. La cara de Jim tiene una calidad cinematográfica y parece que puede estar escondiendo muchos secretos”.

Franklin también señala que Claire y Tom, al igual de lo que sucede en la película, se complementan a las mil maravillas. “Claire tiene una vena de gran rebeldía, mientras Tom es un hombre bueno y tranquilo que trabaja con sus manos, aunque de alguna forma sea él la base de su relación”.

A Caviezel le gustaba especialmente que Tom no tuviera nada que ver con ninguno de los anteriores personajes que había interpretado. “Tom es uno de esos tipos corrientes que ama a su mujer más que a cualquier otra cosa en el mundo. Pero hay en él ciertas complejidades, al principio escondidas detrás de la superficie, que dan una dimensión completamente nueva al personaje”.

Completando el reparto se encuentran Amanda Peet, en el papel de Jackie, la desorientada hermana de Claire, y Adam Scott como el teniente Embry, el novato abogado asignado por el tribunal para defender a Tom Kubik. Franklin había trabajado anteriormente con Peet en el episodio piloto de una serie de televisión y estaba encantado de volver a trabajar con ella en TODA LA VERDAD. “Amanda comunica de verdad la idea de que Jackie sabe entender a Claire”, declara. “Son casi dos caras de la misma moneda”.

Surge la chispa cuando Jackie conoce al teniente Embry. El joven oficial tiene que hacer malabarismos con el amor y un caso en el que tiene todas las de perder. “A Embry no le han dado el caso por su amplia experiencia”, explica Scott. “Él es la cabeza de turco a ojos de quienes se lo han asignado”.

Aunque la novela High Crimes está ambientada en Boston, para la película los realizadores decidieron cambiar de lugar y se decantaron por San Francisco. “Estuvimos rodando en invierno, pero no queríamos que fuera una ‘película de nieve’, dice B’Franklin. “Aún más importante, creo que San Francisco es una de las ciudades más bellas y pintorescas de los Estados Unidos, y está muy cerca de una base militar”, lo cual era algo que la historia necesitaba.

La base naval de Alameda en Oakland, con su estilo art decó algo chillón, cumplía más que de sobra con la visión de Franklin para determinadas escenas. Queríamos evitar el tradicional modo de retratar las bases militares en el cine”, dice Franklin. “Nuestro objetivo era hacer de Claire un pez fuera del agua, colocándola en un lugar que tuviera un ambiente más duro del que normalmente ves en las bases militares.


Imágenes y notas de producción de "Toda la verdad" - Copyright © 2002 Twetieth Century Fox, Regency Enterprises, Manifest Film Company y Monarch Pictures. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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