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CAMINO A LA PERDICIÓN
(Road to Perdition)


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Dirección: Sam Mendes.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 116 min.
Interpretación: Tom Hanks (Michael Sullivan), Pawl Newman (John Rooney), Jude Law (Maguire), Tyler Hoechlin (Michael Sullivan Jr), Jennifer Jason Leigh (Annie Sullivan), Stanley Tucci (Frank Nitti), Daniel Craig (Connor Rooney), Liam Aiken (Peter Sullivan), Ciarán Hinds (Finn McGovern), Dylan Baker (Alexander Rance), David Darlow (Jack Kelly), Doug Spinuzza (Calvino).
Guión: David Self; basado en la obra de Max Allan Collins y Richard Piers Rayner.
Producción: Sam Mendes, Dean Zanuck, Richard D. Zanuck.
Música: Thomas Newman.
Fotografía:
Conrad L. Hall.
Montaje: Jill Bilcock.
Diseño de producción: Deniss Gasner.
Dirección artística: Richard L. Johnson.
Vestuario: Albert Wolsky.
Estreno en España: 6 Septiembre 2002.

 

CRÍTICA
por Julio Rodríguez Chico
Valoración:

Redención de un gángster

  Tras unos comienzos en el mundo teatral, Sam Mendes consi-guió con "American Beauty" el reconocimiento de la Meca del cine al obtener el Oscar como mejor película y mejor director. Entonces se atribuyó el éxito fundamentalmente al guión, por lo que ahora ha optado por adaptar el cómic "Road to Perdition", y dar una lección de puesta en escena cinematográfica. Para ello, aborda una temá-tica y un contenido diametralmente opuesto a su primera película, y homenajea al cine de gángsters de los años 30 con un trata-miento visual novedoso.

  El guión responde a las conven-ciones del género, con un respeto tan escrupuloso como poco origi-nal: familias de la mafia, en este ca-so irlandesa, que controlan una locali-dad cercana a Chicago y en cuyo se-no se da un ajuste de cuentas con la desconfianza, la ambigüedad moral y el fatalismo como telón de fondo. Y todo ello con lluvia, ambientes nocturnos, metralletas, negocio ile-gal de alcohol... En el presente caso, la historia es rememorada por Michael Sullivan Jr, que con voz en off cuenta cómo su descu-brimiento de los “trabajos” de su padre desencadenó un torbellino de venganzas y –lo que es más importante– una transformación de las relaciones paterno-filiales y una huida desesperada del sino fatal, en la más pura tradición shakesperiana.

  Según sus palabras, lo que más interesaba destacar al di-rector era la ambigüedad moral que se daba en sus persona-jes y la fuerza de la paternidad. De hecho, Sullivan se debate entre el agradecimiento a quien se ha portado como un padre des-de su orfandad y la responsabilidad en la educación de su hijo, pa-ra quien quiere una vida distinta a la que a él le ha tocado vivir. Rooney es el otro padre que ha encontrado en Sullivan el hijo que hubiese querido tener y que no ha logrado con Connor, un ser im-pulsivo y envidioso llamado a sucederle al frente de la familia. La le-altad se erige como principio supremo del actuar, y cualquier traba-jo y silencio se puede comprar con unas monedas.

  En realidad, el “camino a la perdi-ción” no empezó para Sullivan en el momento que su hijo se convirtió en espectador del crimen y sospechoso de no guardar silencio, sino mucho antes, al involucrarse en un sistema mafioso que devora a sus miembros por no tener moral alguna que lo fun-damente. Consciente de ello, procura-rá –en parte por venganza, en parte por amor a su hijo– iniciar un “camino de salvación” para quien veía igual a él pero aún no mere-cedor del infierno, un ser inocente incapaz de apretar el gatillo ni de corromper su alma en aras de una lealtad equivocada. En reali-dad, lo que Sullivan busca es un “camino de redención” per-sonal aunque sea por la vía del derramamiento de sangre. Ahí es donde Mendes pretende cargar las tintas de la incoherencia moral del protagonista, católico convencido y matón a sueldo a la vez, ni bueno ni malo sino simplemente un padre que sufre su pro-pia degradación y la de un mundo que le ha arrastrado a la mayor negrura de las posibles. Esta conciencia del mal es algo innovador en el cine clásico de gángsters, con el sentido de culpa y reden-ción a flor de piel.

  Si lo que está en la superficie responde al patrón clásico de una historia predecible, no lo es su estética, donde Mendes hace gala de una puesta en escena impecable, con un dominio del plano fijo, por ejemplo en la presentación del fotógrafo Maguire o en la escena final, del travelling y del encadenado para mostrar los sucesivos atracos de Sullivan a los bancos o de la composición del plano en la ejecución al piano del dueto Perdition por Rooney y Sullivan, lo mismo que el inteligente uso del enfoque y desenfoque de la ima-gen de Connor en la reunión de las familias mafiosas. En todos los casos, demuestra un inteligente uso del lenguaje cinemato-gráfico, puesto al servicio de la historia. En esta tarea destaca la fotografía del septuagenario Conrad L. Hall, que consigue un “tono casi monocromático de suave neo-noir”, idóneo para mostrar la dureza invernal de los años 30 y lo sombrío del alma de los per-sonajes, y que ha logrado recrear con un realismo asombroso los escenarios urbanos de Chicago de la época.

  La dirección de actores es otra de las bazas que juegan a favor del direc-tor británico, que con un Tom Hanks que deja ver el drama interior de su personaje, atrapado en un mundo que quiere ocultar a su hijo, a través de un rostro lleno de sobriedad pero también de expresividad. También Paul New-man se nos presenta con un perso-naje lleno de humanidad, a pesar del pasado criminal y del aspecto implacable de su personalidad. Los dos actores reflejan de manera sublime esa complicada mezcla que se da en sus personajes, en-tre los buenos sentimientos paternales y la cruda realidad que les ha conducido a la perdición. Jude Law desempeña un papel con-vincente de frío fotógrafo cruel y amoral, mientras que el niño Tyler Hoechilin quizá quede un poco forzado en su actuación, no acorde a los momentos dramáticos que vive su personaje.

  Con todo, Mendes vuelve a dar muestras de su buen hacer, con una espléndida película de género, y con una profundización en dramas muy humanos, sin el cinismo de su primera película pero con la misma parcialidad de una ética ambigua que pretende ha-cernos creer que la violencia no engendra violencia.


Imágenes de "Camino a la perdición" - Copyright © 2002 Twentieth Century Fox, DreamWorks Pictures y Zanuck Company. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Fotos por Francois Duhamel. Todos los derechos reservados.

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