Puntuación: 8
/10
Banda Sonora Original: *
* * * *
Tras
haber sufrido lo indecible con un verano plagado de tantas
mediocri-dades cinematográficas, éramos mu-chos los que
esperábamos con ansia la llegada del otoño. Si bien no sentía
unos especiales deseos de visionar "Camino a la Perdición", ya
que ja-más he sido un amante del cine negro o de gángsters, he
de reconocer que tras ver la última cinta de Sam Mendes me he
dejado cautivar por su inequívoca calidad. Distinta en
intenciones a clásicos como "Scarface. El Terror del Hampa" o
"Al Rojo Vivo", el filme comparte con ambas producciones su
temática, mas consigue aunar las convenciones de un género
muy conocido por el público con la poderosa singularidad del
realizador, que logra dotar a la obra de una serena y
entristecida belleza.
Aunque es cierto que otras
películas de mafiosos han planteado cuestiones relativas a los
vericuetos morales que torturan a algunos de los integrantes de
estas bandas criminales, lo normal es que esto acontezca desde
un punto de vista ajeno al propio delincuen-te, pues éste es
casi siempre juzgado por terceros y no por sí mismo. Si bien en
"Camino a la Perdición" esto también sucede (la presencia del
hijo de Sullivan así lo atestigua), vemos en ella a una serie de
personajes sumidos en su propia tragedia, aquélla que les impide
huir de su condición de asesinos. Algunos saben que sus acciones
son denigrantes, pero son incapaces de escapar del sis-tema, de
salir de él y de llevar un vida normal (fragilidad que tam-bién
atormenta al todopoderoso Rooney).
Todo
ello se nos narra a través de u-na historia de muerte y
venganza plagada de brillantes pasajes que demuestran la
calidad, no ya tanto del guión, sino de la puesta en es-cena.
Así, citar la escalofriante visión de un asesinato a través de
los ojos de un niño, cuya inocencia se rompe cuando observa
quién es realmente su padre; o los dramáticos acontecimientos
que llevarán a Sullivan a un camino de destrucción que
finalmente lo liberará; o la con-versación entre el protagonista
y su hijo, en la que éste le confiesa la devoción y el amor que
tiene por él y la frustración que le produ-cía el no sentirse
correspondido; o las múltiples escenas de poesía visual que nos
regala el director, cuya cámara resume los atracos de Sullivan
con una concisión propia de un maestro o dibuja deter-minados
asesinatos como si en realidad se trataran de una fatal
salvación. Todo ello, pues, constituye una narración que, si
bien re-sulta convencional en los elementos objetivos que la
conforman, se vuelve fascinante en lo formal (su brillante
plástica) y en lo subjetivo (la plasmación del vulnerable mundo
interior de los aparentemente recios criminales).
Sam Mendes, responsable final de la notoriedad de su
último trabajo, destaca principalmente por el insólito
detallismo de su dirección, capaz de construir silencios a
través de la mirada o de las acciones de sus personajes
(destacar, por ejemplo, y duran-te los primeros minutos del
metraje, cómo Sullivan llega a casa y oculta bajo su chaqueta el
revólver que posa sobre la cama, inten-tando así que no lo vea
su hijo, que le reclama para la cena). A pe-sar de su en teoría
poca experiencia en el mundo del cine, el reali-zador combina
magistralmente los aciertos del teatro (la sabia di-rección de
actores) con el esplendor técnico de su fastuosa puesta en
escena, tan poderosa como efectiva.
Si
a alguien le quedaba dudas del ta-lento de
Tom Hanks y de su capaci-dad
para actuar de forma camaleónica (cosa que ya demostró en la
infrava-lorada "Náufrago", donde su interpre-tación logra hacer
creíble la mutación que se produce en su personaje du-rante el
tiempo que permanece solo en la isla), creo que tras ver "Camino
a la Perdición" disipará cualquiera de sus posibles recelos.
Hanks da vida a un hombre frío y que no exterioriza sus
sentimientos; a pesar de que intenta mantenerse sereno en las
circunstancias ad-versas, Sullivan, a través del rostro del
protagonista de Forrest Gump, consigue transmitir con sus ojos
el drama que se ha adue-ñado de su vida y la de su hijo. Por su
parte, Paul Newman llena la
pantalla con su sola presencia, confiriéndole a Rooney un
acerta-do carácter contradictorio, pues bascula entre la firmeza
y la debili-dad, entre la apariencia y la realidad. De correcta
se puede descri-bir la actuación de
Jude Law, que en ningún momento logra hacer sombra a
las verdaderas estrellas del filme; por contra,
Tyler Hoechlin, que se pone en
la piel del hijo de Sullivan, destaca por lo bien que sabe darle
las réplicas a los grandes actores que le rodean (lástima que su
doblaje en español no esté a la altura de las circunstancias).
Una actriz más de "Camino
a la Perdición" es la sólida banda so-nora de
Thomas Newman, sin duda una de las
más equili-bradas de cuantas ha compuesto en los últimos años.
Aunque sigue utilizando esa música experimental que a veces
parece ale-jarse en demasía de las imágenes a las que ha de
servir, Newman se contiene esta vez y logra una conjunción
perfecta entre lo que vemos y lo que escuchamos. Así, aporta
hermosos momentos al filme, siendo en ocasiones su razón de ser
(la matanza bajo la lluvia que provoca Sullivan). Cabe destacar
de su obra los créditos iniciales, la llegada a Chicago, la
sucesión de atracos, el ataque de Maguire y, en general, la
mayoría de las escenas intimistas. Me-nos afortunada me parece
la recreación musical del vil personaje encarnado por Jude Law.