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EL CABALLERO NEGRO
(Black knight)


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Dirección: Gil Junger.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 95 min.
Interpretación: Martin Lawrence (Jamal Walker), Marsha Thomason (Victoria), Tom Wilkinson (Knolte), Vincent Regan (Percival), Daryl Mitchell (Steve), Michael Countryman (Phillip), Kevin Conway (Rey Leo), Jeannette Weegar (Princesa Regina), Erik Jensen (Derek), Dikran Tulaine (Dennis), Helen Carey (Reina), Michael Burgess (Ernie), Isabell Monk (Sra. Bostik).
Guión: Darryl J. Quarles y Peter Gaulke & Gerry Swallow.
Producción: Darryl J. Quarles, Paul Schiff, Arnon Milchan y Michael Green.
Música: Randy Edelman.
Fotografía:
Ueli Steiger.
Montaje: Michael R. Miller.
Diseño de producción: Leslie Dilley.
Dirección artística: Steve Cooper.
Vestuario: Marie France.
Estreno en España: 13 Septiembre 2002.

 

SOBRE LA PRODUCCIÓN
© 2001 Hispano Foxfilm

1. La producción

Los mundos del cine y la literatura se han sentido fascinados durante mucho tiempo por los viajes en el tiempo y las consecuencias cómicas de arrancar a un hombre o a una mujer de su marco temporal moderno y mandarle a un pasado remoto. Uno de los ejemplos más notables es el de la obra de Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo, en la que un joven de Nueva Inglaterra del siglo diecinueve se da un golpe en la cabeza y se despierta en el Camelot del siglo sexto.

La Edad Media sigue siendo fuente de inspiración para artistas, escritores y directores de cine. El guionista Darryl J. Quarles confirma que las clases sobre las leyendas artúricas de cuando era niño en la escuela fueron una de las primeras fuentes de inspiración para EL CABALLERO NEGRO. “Desde el momento en el que mi profesor de tercer curso nos leyó historias sobre el rey Arturo, me he sentido fascinado por la época medieval y la forma en la que se vivía hace todos esos siglos”, señala. “Pensé que sería sumamente divertido escribir un guión sobre un hombre afro-americano de hoy en día que se ve inmerso en medio de una rebelión en la Inglaterra del siglo catorce y emplea todos sus conocimientos contemporáneos”.

A Quarles no le resultaba nada nuevo eso de poner a un personaje en situaciones disparatadas, después de haber tenido la feliz idea de disfrazar a un detective como si fuera una enorme abuela del Sur de los Estados Unidos en la exitosa película, “Esta abuela es un peligro”. Para EL CABALLERO NEGRO, pensó durante largo tiempo acerca del método mediante el cual podría hacer viajar a su protagonista en el tiempo. De nuevo, volvió los ojos a su temprana fascinación por este periodo. “Siempre me ha parecido que los castillos y los fosos que los rodean gozan de una magia y una mística especial, así que decidí que podía usarlo como la puerta que toma mi personaje para ir a este viejo y nuevo mundo”, afirma Quarles.

La mezcla de humor actual y escenario medieval que logró Quarles llamó la atención de Martin Lawrence, quien con anterioridad había llevado un traje enorme para que cobrara vida el personaje de Quarles de “La Abuela”. “El guión de EL CABALLERO NEGRO me hizo reír con ganas”, recuerda Lawrence. “Me encantó el tema del pez fuera del agua, y pensé que sería muy divertido interpretar a Jamal. Me explico, ¿qué pez estaría más fuera del agua que un ‘hermano’ de hoy en día viviendo en la Inglaterra medieval?”

Según el director Gil Junger, quien ha pulido sus habilidades con más de seiscientas horas haciendo comedias en televisión, el argumento de EL CABALLERO NEGRO y el personaje de Jamal Walker le sentaban como anillo al dedo al estilo y al humor de Lawrence. “Lo que más me gustó del guión era que le brindaba grandes oportunidades a Martin, que es un cómico excelente, para desarrollar y hacer más ricas las situaciones”, afirma Junger. “El talento y el estilo incomparables de Martin hacen resaltar el tema presente en la historia del impacto de Jamal en la vida de esta gente del siglo catorce y de su influencia sobre ellos”.

Central en este tema es la relación de Jamal con Sir Knolte, un en tiempos legendario caballero que está pasando una mala racha. Al haber acabado de aterrizar en esta extraña tierra, Jamal desconoce por completo el hecho de que se encuentra fuera de su elemento y de que Knolte podría ser cualquier cosa excepto una persona de las que suelen caminar por Los Angeles. “Cuando se encuentra con Knolte, lo primero que piensa Jamal es: ¿‘Está de verdad sobrio este tipo?’, ‘¿Dónde es la próxima reunión de alcohólicos anónimos?’”, se ríe Lawrence. “Pero a pesar de todos los cuentos y todos los trapicheos de Jamal, en el fondo es un tipo compasivo que ve que Knolte necesita que alguien le ayude. Y Jamal quiere saber cómo puede ayudarle”.

Además de esta inverosímil y extraña pareja separada por más de quinientos años, está lo que Junger describe como “una comedia de amor y colegas”.

“Knolte y Jamal ayudan al otro a ser la mejor persona que pueda ser, por respeto y sentido del honor”, señala. “En este aspecto, en una especie de historia de amor”.

Junger eligió a Tom Wilkinson, uno de los actores británicos más destacados, para interpretar a Knolte. El contraste entre el método clásico de Wilkinson y el incisivo tempo cómico y la improvisación característicos de Lawrence sirvió para acentuar la dinámica entre sus respectivos personajes. El productor Paul Schiff señala: “Uno de los placeres de trabajar en esta película ha sido ver a Tom y a Martin haciendo que sus personajes cobraran vida desde una perspectiva tan diferente. Tom proviene de la tradición de la escena teatral inglesa, impregnada de un cierto tipo de disciplina, la cual hacía un magnífico contraste con el tempo cómico y el proceso de abordar el personaje de Martin. Y, en esencia, eso es de lo que trata la película y cómo son sus personajes”.

Wilkinson confirma que el diferente estilo de Lawrence y el suyo acrecentaron la química existente entre los actores: “Cuando tienes al lado a alguien tan talentoso e imaginativo como Martin, el toma y daca se produce de forma natural”, dice. “La generosidad de Martin delante de la cámara fue también crucial a la hora de mostrar cómo los dos personajes hacen cambiar al otro: Jamal enseña a Knolte a respetarse a sí mismo mientras que Knolte le enseña el significado del honor”.

Jamal también aprende mucho de Victoria, una joven fuerte, voluntariosa y muy guapa con la que se embarca en un romance interépocas. En tiempo un Don Juan de padre y muy señor mío, experto en el timo y el trapicheo, Jamal encuentra algo más que la pareja perfecta en esta feminista del Medievo. “Victoria ha nacido en una época que no le correspondía”, señala Gil Junger. “Si hubiera vivido en los años sesenta o setenta, habría sido como Gloria Steinem. Jamal nunca había conocido a una mujer tan enérgica como Victoria. Se enamora de su fortaleza y de su dedicación al prójimo”.

Por su parte, Victoria nunca se había topado con alguien como Jamal y al final termina por encontrarle irresistible. “Victoria se vuelve loca cuando conoce a Jamal”, dice la actriz británica Marsha Thomason, quien interpreta el papel de la vitalista heroína. “Él deja con la boca abierta a Victoria cuando le cuenta cómo se trata a las mujeres en la época de la que viene. Eso le encanta porque se siente enjaulada en el siglo catorce”.

Al igual que Jamal hace buenas migas con Victoria y con Knolte, se enfrenta a Percival, un malvado rey que recela de las fanfarronadas de Jamal y de sus extravagantes maneras. Percival también pretende aplastar la rebelión en ciernes contra una monarquía ilegítima y una forma de gobernar que sojuzga a sus súbditos.

A la hora de que el personaje del rey cobrara vida, el director Gil Junger y el actor Vincent Regan pretendían mantenerlo todo lo real que pudieran dentro del marco cómico de la película. En otras palabras, no se permitían mostachos en remolino. “Veíamos a Percival como alguien creíble, el tipo de villano que nunca necesita gritar”, sostiene Junger. “Él sólo tiene que mirarte para que sientas el miedo”. Regan, un reputado actor teatral dramático, añade: “No tengo la oportunidad de aparecer en demasiadas comedias, así que saboreé con deleite cada uno de los pedacitos de maldad de mi personaje. Pero incluso con todas las extravagantes ocurrencias que suceden con la llegada de Jamal al castillo, trabajé duro para mantener el realismo en la interpretación. Eso hace a Percival una amenaza aún más seria para Jamal.”

El realismo y la autenticidad también se extendieron al diseño de producción de la película, en especial al principal decorado de ésta: un castillo que parece haber sido construido en el siglo catorce pero que fue un trabajo del diseñador de producción Leslie Dilley. Situado en medio de lo que había sido el solar de un aparcamiento de los Estudios Screen en Wilmington, Carolina del Norte, el castillo era un prodigio de imaginación, esmerada investigación y horas y horas de duro trabajo.

Cuando el director Gil Junger se incorporó al proyecto, decidió que el castillo tendría que ser históricamente fidedigno, tanto en extensión como en magnitud. “En el viaje hacia atrás en el tiempo de Martin Lawrence hasta la Inglaterra medieval, queríamos que el público tuviera la sensación de que estábamos allí de verdad”, señala Junger. “Era fundamental que el castillo resultara espectacular y cien por cien real”.

Tras entrevistarse con varios eventuales diseñadores, Junger le encargó la tarea a Leslie Dilley. Este británico, cuyos créditos van de “La guerra de las galaxias” a “En busca del arca perdida”, pasando por la reciente “Hombres de Honor”, estaba entusiasmado con la posibilidad de abordar los miles de retos en el diseño que entrañaba EL CABALLERO NEGRO. Al llegar a los exteriores de Wilmington, Dilley y su equipo pusieron sobre el papel las ideas que éste tenía cuando leyó por primera vez el guión, construyeron maquetas del pueblo y el castillo, y empezaron a limpiar el terreno en el solar de Wilmington. “EL CABALLERO NEGRO suponía una oportunidad excelente para mí, especialmente al ser yo inglés”, señala Dilley. “¿Cuán a menudo puedo recrear la Inglaterra del Medievo?”

En vez de usar los alrededores de su tierra natal, Dilley recreó la Inglaterra Medieval en Wilmington. “Encontrar un castillo con alojamiento para el reparto y el equipo técnico, un patio y un foso, rodeados de césped y de árboles, habría sido casi imposible”, explica Dilley. “El plató tenía que ser el apropiado para el director, los operadores de cámara y los actores”.

Así y todo, hay más de un ligera pincelada de la Inglaterra de Dilley en el castillo levantado en Carolina del Norte. Éste sacó moldes en fibra de vidrio de piedras auténticas de castillos de la campiña inglesa. El taller de modelado del estudio hizo luego cientos de piezas en escayola que luego se aseguraron con clavos o se graparon en el sitio, para posteriormente ser emplastecidas e impermeabilizadas. Se pintaron las piedras una a una para hacer que los muros del castillo parecieran tener la antigüedad requerida. Estas piedras de yeso también recubrían todos los platós construidos en los estudios de sonido, incluyendo el dormitorio de Jamal, el Gran Salón y las mazmorras, todos los cuales fueron posteriormente rematados con antiguas puertas de madera, antorchas y telas de época.

La construcción del castillo fue una empresa titánica. Dilley y su equipo formado por cien artesanos y operarios de la construcción necesitaron más de tres meses para erigir el castillo y el pueblo colindante. El frontal del castillo, rematado con un puente levadizo y un foso, dominaba un campo cubierto de hierba, que fue sembrado con un tipo de centeno que crece en invierno. El patio, que mide cien metros de ancho, fue recubierto con corrales que albergaban cabras y ovejas de Jacob (una raza con cuatro cuernos propia de la época), carros de paja y casetas para que los extras que hacían de campesinos compraran y vendieran carne, hortalizas y otros productos que se necesitaban por entonces. Dilley, siempre consciente de que estaba trabajando en una comedia, aligeró los imponentes decorados con estandartes y tapices de brillantes colores.

Para Gil Junger, el decorado del castillo era uno de los puntos más importantes en la película, así como un tremendo desafío. “Me puse muy nervioso en dos ocasiones en todo el proceso de planificación y rodaje de EL CABALLERO NEGRO”, dice Junger. “La primera vez fue cuando me confirmaron como director, y la segunda cuando iba hacia el plató. Cuando vi el castillo real, pensé: ‘Ya me vale hacerlo bien de verdad, porque este decorado es increíble’. Me ofrecía enormes posibilidades a la hora de rodar. Y era una fantástica zona de recreo para mí”.

Jamal no pasa por este increíble mundo ataviado con una brillante armadura ni otros efectos personales propios de la era medieval. Su camiseta de fútbol americano color verde eléctrico proporciona un brusco y cómico contraste con las cotas de malla, los atuendos de los campesinos y el terciopelo real que le rodeaba. Jamal finalmente vestirá ropas de época cuando empieza a preparar a sus nuevos amigos para que se rebelen contra el malvado rey. Pero es su propia interpretación de lo que la diseñadora de vestuario Marie France llama “hip-hop medieval”: accesorios de ante y cuero adornando su característica camiseta de fútbol americano.

Jamal enseña a su nuevo “ejército”, compuesto por Knolte y varios cientos de campesinos, algunas artimañas de fútbol americano y la lucha libre, para conseguir alguna ventaja sobre Percival y sus caballeros. No eran exactamente la 101 Aerotransportada con espadas, aunque varios extras y miembros del reparto asistieron a un campo especial de entrenamiento para espadachines. El mismo Martin Lawrence estuvo encantado de añadir a los métodos clásicos de duelo movimientos modernos más accesibles. “Cuando me dieron una espada, no podía con ella”, admite Lawrence. “Y pensaba: ‘¿Qué voy a hacer con esto?’” Como demuestra Lawrence a su rival en la gran pantalla, una llave de brazo propia de la lucha libre es más poderosa que cualquier espada medieval.

Jamal también añade algunos movimientos del siglo veintiuno al espléndido banquete organizado por el rey en el Gran Salón del castillo. El soberano, que cree que Jamal es un normando, le pide que haga una demostración de los bailes de su lejana tierra. Obligado a improvisar, Jamal termina por enseñar a sus compañeros de francachela a dejarse llevar por la música por primera vez.

Los realizadores acudieron a la famosa artista discográfica y coreógrafa Paula Abdul para que entrenara a Lawrence y al reparto para este número que arranca los más encendidos aplausos. Abdul trabajó estrechamente con Lawrence, incorporando a la escena los movimientos que le han hecho famoso (burlándose del estilo de baile de los ochenta y los noventa). Casi se puede decir que era una ocasión “histórica” para Abdul. “EL CABALLERO NEGRO era mi primera pieza medieval”, se ríe. “Pero me lo pasé en grande coreografiando este baile. Me divierte la dificultad que entraña aprender un baile por primera vez”.

Bailar, montar a caballo, hacer que le gente se ría... para Martin Lawrence así era un día de trabajo en el plató de EL CABALLERO NEGRO. Al haber pasado algunos meses inmerso en la era medieval, Lawrence considera que sería un buen lugar para ir de visita pero no para quedarse a vivir. Como pudo descubrir, fue verdaderamente una época oscura y difícil en materia de retretes, los cuales no eran sino un banco de piedra con la mugre pegada (con matojos de paja en sustitución del papel higiénico). “En ese tiempo los servicios eran desde luego muy diferentes”, se ríe Lawrence. “No creo que pudiera irme a la época medieval. No querría vivir de esa manera”.

1. La producción
2.
El reparto
3.
El equipo técnico


Imágenes y notas de producción de "El caballero negro" - Copyright © 2001 20th Century Fox, New Regency Pictures y Runteldat Entertainment. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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