SOBRE
LA PRODUCCIÓN
©
2001
Hispano Foxfilm
1. La
producción
Los mundos del
cine y la literatura se han sentido fascinados durante mucho
tiempo por los viajes en el tiempo y las consecuencias cómicas
de arrancar a un hombre o a una mujer de su marco temporal
moderno y mandarle a un pasado remoto. Uno de los ejemplos más
notables es el de la obra de Mark Twain, Un yanqui en la corte
del rey Arturo, en la que un joven de Nueva Inglaterra del siglo
diecinueve se da un golpe en la cabeza y se despierta en el
Camelot del siglo sexto.
La Edad Media
sigue siendo fuente de inspiración para artistas, escritores y
directores de cine. El guionista Darryl J. Quarles confirma que
las clases sobre las leyendas artúricas de cuando era niño en la
escuela fueron una de las primeras fuentes de inspiración para
EL CABALLERO NEGRO. “Desde el momento en el que mi profesor de
tercer curso nos leyó historias sobre el rey Arturo, me he
sentido fascinado por la época medieval y la forma en la que se
vivía hace todos esos siglos”, señala. “Pensé que sería
sumamente divertido escribir un guión sobre un hombre
afro-americano de hoy en día que se ve inmerso en medio de una
rebelión en la Inglaterra del siglo catorce y emplea todos sus
conocimientos contemporáneos”.
A Quarles no le
resultaba nada nuevo eso de poner a un personaje en situaciones
disparatadas, después de haber tenido la feliz idea de disfrazar
a un detective como si fuera una enorme abuela del Sur de los
Estados Unidos en la exitosa película, “Esta abuela es un
peligro”. Para EL CABALLERO NEGRO, pensó durante largo tiempo
acerca del método mediante el cual podría hacer viajar a su
protagonista en el tiempo. De nuevo, volvió los ojos a su
temprana fascinación por este periodo. “Siempre me ha parecido
que los castillos y los fosos que los rodean gozan de una magia
y una mística especial, así que decidí que podía usarlo como la
puerta que toma mi personaje para ir a este viejo y nuevo
mundo”, afirma Quarles.
La mezcla de
humor actual y escenario medieval que logró Quarles llamó la
atención de Martin Lawrence, quien con anterioridad había
llevado un traje enorme para que cobrara vida el personaje de
Quarles de “La Abuela”. “El guión de EL CABALLERO NEGRO me hizo
reír con ganas”, recuerda Lawrence. “Me encantó el tema del pez
fuera del agua, y pensé que sería muy divertido interpretar a
Jamal. Me explico, ¿qué pez estaría más fuera del agua que un
‘hermano’ de hoy en día viviendo en la Inglaterra medieval?”
Según el director
Gil Junger, quien ha pulido sus habilidades con más de
seiscientas horas haciendo comedias en televisión, el argumento
de EL CABALLERO NEGRO y el personaje de Jamal Walker le sentaban
como anillo al dedo al estilo y al humor de Lawrence. “Lo que
más me gustó del guión era que le brindaba grandes oportunidades
a Martin, que es un cómico excelente, para desarrollar y hacer
más ricas las situaciones”, afirma Junger. “El talento y el
estilo incomparables de Martin hacen resaltar el tema presente
en la historia del impacto de Jamal en la vida de esta gente del
siglo catorce y de su influencia sobre ellos”.
Central en este
tema es la relación de Jamal con Sir Knolte, un en tiempos
legendario caballero que está pasando una mala racha. Al haber
acabado de aterrizar en esta extraña tierra, Jamal desconoce por
completo el hecho de que se encuentra fuera de su elemento y de
que Knolte podría ser cualquier cosa excepto una persona de las
que suelen caminar por Los Angeles. “Cuando se encuentra con
Knolte, lo primero que piensa Jamal es: ¿‘Está de verdad sobrio
este tipo?’, ‘¿Dónde es la próxima reunión de alcohólicos
anónimos?’”, se ríe Lawrence. “Pero a pesar de todos los cuentos
y todos los trapicheos de Jamal, en el fondo es un tipo
compasivo que ve que Knolte necesita que alguien le ayude. Y
Jamal quiere saber cómo puede ayudarle”.
Además de esta
inverosímil y extraña pareja separada por más de quinientos
años, está lo que Junger describe como “una comedia de amor y
colegas”.
“Knolte y Jamal
ayudan al otro a ser la mejor persona que pueda ser, por respeto
y sentido del honor”, señala. “En este aspecto, en una especie
de historia de amor”.
Junger eligió a
Tom Wilkinson, uno de los actores británicos más destacados,
para interpretar a Knolte. El contraste entre el método clásico
de Wilkinson y el incisivo tempo cómico y la improvisación
característicos de Lawrence sirvió para acentuar la dinámica
entre sus respectivos personajes. El productor Paul Schiff
señala: “Uno de los placeres de trabajar en esta película ha
sido ver a Tom y a Martin haciendo que sus personajes cobraran
vida desde una perspectiva tan diferente. Tom proviene de la
tradición de la escena teatral inglesa, impregnada de un cierto
tipo de disciplina, la cual hacía un magnífico contraste con el
tempo cómico y el proceso de abordar el personaje de Martin. Y,
en esencia, eso es de lo que trata la película y cómo son sus
personajes”.
Wilkinson
confirma que el diferente estilo de Lawrence y el suyo
acrecentaron la química existente entre los actores: “Cuando
tienes al lado a alguien tan talentoso e imaginativo como
Martin, el toma y daca se produce de forma natural”, dice. “La
generosidad de Martin delante de la cámara fue también crucial a
la hora de mostrar cómo los dos personajes hacen cambiar al
otro: Jamal enseña a Knolte a respetarse a sí mismo mientras que
Knolte le enseña el significado del honor”.
Jamal también
aprende mucho de Victoria, una joven fuerte, voluntariosa y muy
guapa con la que se embarca en un romance interépocas. En tiempo
un Don Juan de padre y muy señor mío, experto en el timo y el
trapicheo, Jamal encuentra algo más que la pareja perfecta en
esta feminista del Medievo. “Victoria ha nacido en una época que
no le correspondía”, señala Gil Junger. “Si hubiera vivido en
los años sesenta o setenta, habría sido como Gloria Steinem.
Jamal nunca había conocido a una mujer tan enérgica como
Victoria. Se enamora de su fortaleza y de su dedicación al
prójimo”.
Por su parte,
Victoria nunca se había topado con alguien como Jamal y al final
termina por encontrarle irresistible. “Victoria se vuelve loca
cuando conoce a Jamal”, dice la actriz británica Marsha
Thomason, quien interpreta el papel de la vitalista heroína. “Él
deja con la boca abierta a Victoria cuando le cuenta cómo se
trata a las mujeres en la época de la que viene. Eso le encanta
porque se siente enjaulada en el siglo catorce”.
Al igual que
Jamal hace buenas migas con Victoria y con Knolte, se enfrenta a
Percival, un malvado rey que recela de las fanfarronadas de
Jamal y de sus extravagantes maneras. Percival también pretende
aplastar la rebelión en ciernes contra una monarquía ilegítima y
una forma de gobernar que sojuzga a sus súbditos.
A la hora de que
el personaje del rey cobrara vida, el director Gil Junger y el
actor Vincent Regan pretendían mantenerlo todo lo real que
pudieran dentro del marco cómico de la película. En otras
palabras, no se permitían mostachos en remolino. “Veíamos a
Percival como alguien creíble, el tipo de villano que nunca
necesita gritar”, sostiene Junger. “Él sólo tiene que mirarte
para que sientas el miedo”. Regan, un reputado actor teatral
dramático, añade: “No tengo la oportunidad de aparecer en
demasiadas comedias, así que saboreé con deleite cada uno de los
pedacitos de maldad de mi personaje. Pero incluso con todas las
extravagantes ocurrencias que suceden con la llegada de Jamal al
castillo, trabajé duro para mantener el realismo en la
interpretación. Eso hace a Percival una amenaza aún más seria
para Jamal.”
El realismo y la
autenticidad también se extendieron al diseño de producción de
la película, en especial al principal decorado de ésta: un
castillo que parece haber sido construido en el siglo catorce
pero que fue un trabajo del diseñador de producción Leslie
Dilley. Situado en medio de lo que había sido el solar de un
aparcamiento de los Estudios Screen en Wilmington, Carolina del
Norte, el castillo era un prodigio de imaginación, esmerada
investigación y horas y horas de duro trabajo.
Cuando el
director Gil Junger se incorporó al proyecto, decidió que el
castillo tendría que ser históricamente fidedigno, tanto en
extensión como en magnitud. “En el viaje hacia atrás en el
tiempo de Martin Lawrence hasta la Inglaterra medieval,
queríamos que el público tuviera la sensación de que estábamos
allí de verdad”, señala Junger. “Era fundamental que el castillo
resultara espectacular y cien por cien real”.
Tras
entrevistarse con varios eventuales diseñadores, Junger le
encargó la tarea a Leslie Dilley. Este británico, cuyos créditos
van de “La guerra de las galaxias” a “En busca del arca
perdida”, pasando por la reciente “Hombres de Honor”, estaba
entusiasmado con la posibilidad de abordar los miles de retos en
el diseño que entrañaba EL CABALLERO NEGRO. Al llegar a los
exteriores de Wilmington, Dilley y su equipo pusieron sobre el
papel las ideas que éste tenía cuando leyó por primera vez el
guión, construyeron maquetas del pueblo y el castillo, y
empezaron a limpiar el terreno en el solar de Wilmington. “EL
CABALLERO NEGRO suponía una oportunidad excelente para mí,
especialmente al ser yo inglés”, señala Dilley. “¿Cuán a menudo
puedo recrear la Inglaterra del Medievo?”
En vez de usar
los alrededores de su tierra natal, Dilley recreó la Inglaterra
Medieval en Wilmington. “Encontrar un castillo con alojamiento
para el reparto y el equipo técnico, un patio y un foso,
rodeados de césped y de árboles, habría sido casi imposible”,
explica Dilley. “El plató tenía que ser el apropiado para el
director, los operadores de cámara y los actores”.
Así y todo, hay
más de un ligera pincelada de la Inglaterra de Dilley en el
castillo levantado en Carolina del Norte. Éste sacó moldes en
fibra de vidrio de piedras auténticas de castillos de la campiña
inglesa. El taller de modelado del estudio hizo luego cientos de
piezas en escayola que luego se aseguraron con clavos o se
graparon en el sitio, para posteriormente ser emplastecidas e
impermeabilizadas. Se pintaron las piedras una a una para hacer
que los muros del castillo parecieran tener la antigüedad
requerida. Estas piedras de yeso también recubrían todos los
platós construidos en los estudios de sonido, incluyendo el
dormitorio de Jamal, el Gran Salón y las mazmorras, todos los
cuales fueron posteriormente rematados con antiguas puertas de
madera, antorchas y telas de época.
La construcción
del castillo fue una empresa titánica. Dilley y su equipo
formado por cien artesanos y operarios de la construcción
necesitaron más de tres meses para erigir el castillo y el
pueblo colindante. El frontal del castillo, rematado con un
puente levadizo y un foso, dominaba un campo cubierto de hierba,
que fue sembrado con un tipo de centeno que crece en invierno.
El patio, que mide cien metros de ancho, fue recubierto con
corrales que albergaban cabras y ovejas de Jacob (una raza con
cuatro cuernos propia de la época), carros de paja y casetas
para que los extras que hacían de campesinos compraran y
vendieran carne, hortalizas y otros productos que se necesitaban
por entonces. Dilley, siempre consciente de que estaba
trabajando en una comedia, aligeró los imponentes decorados con
estandartes y tapices de brillantes colores.
Para Gil Junger,
el decorado del castillo era uno de los puntos más importantes
en la película, así como un tremendo desafío. “Me puse muy
nervioso en dos ocasiones en todo el proceso de planificación y
rodaje de EL CABALLERO NEGRO”, dice Junger. “La primera vez fue
cuando me confirmaron como director, y la segunda cuando iba
hacia el plató. Cuando vi el castillo real, pensé: ‘Ya me vale
hacerlo bien de verdad, porque este decorado es increíble’. Me
ofrecía enormes posibilidades a la hora de rodar. Y era una
fantástica zona de recreo para mí”.
Jamal no pasa por
este increíble mundo ataviado con una brillante armadura ni
otros efectos personales propios de la era medieval. Su camiseta
de fútbol americano color verde eléctrico proporciona un brusco
y cómico contraste con las cotas de malla, los atuendos de los
campesinos y el terciopelo real que le rodeaba. Jamal finalmente
vestirá ropas de época cuando empieza a preparar a sus nuevos
amigos para que se rebelen contra el malvado rey. Pero es su
propia interpretación de lo que la diseñadora de vestuario Marie
France llama “hip-hop medieval”: accesorios de ante y cuero
adornando su característica camiseta de fútbol americano.
Jamal enseña a su
nuevo “ejército”, compuesto por Knolte y varios cientos de
campesinos, algunas artimañas de fútbol americano y la lucha
libre, para conseguir alguna ventaja sobre Percival y sus
caballeros. No eran exactamente la 101 Aerotransportada con
espadas, aunque varios extras y miembros del reparto asistieron
a un campo especial de entrenamiento para espadachines. El mismo
Martin Lawrence estuvo encantado de añadir a los métodos
clásicos de duelo movimientos modernos más accesibles. “Cuando
me dieron una espada, no podía con ella”, admite Lawrence. “Y
pensaba: ‘¿Qué voy a hacer con esto?’” Como demuestra Lawrence a
su rival en la gran pantalla, una llave de brazo propia de la
lucha libre es más poderosa que cualquier espada medieval.
Jamal también
añade algunos movimientos del siglo veintiuno al espléndido
banquete organizado por el rey en el Gran Salón del castillo. El
soberano, que cree que Jamal es un normando, le pide que haga
una demostración de los bailes de su lejana tierra. Obligado a
improvisar, Jamal termina por enseñar a sus compañeros de
francachela a dejarse llevar por la música por primera vez.
Los realizadores
acudieron a la famosa artista discográfica y coreógrafa Paula
Abdul para que entrenara a Lawrence y al reparto para este
número que arranca los más encendidos aplausos. Abdul trabajó
estrechamente con Lawrence, incorporando a la escena los
movimientos que le han hecho famoso (burlándose del estilo de
baile de los ochenta y los noventa). Casi se puede decir que era
una ocasión “histórica” para Abdul. “EL CABALLERO NEGRO era mi
primera pieza medieval”, se ríe. “Pero me lo pasé en grande
coreografiando este baile. Me divierte la dificultad que entraña
aprender un baile por primera vez”.
Bailar, montar a
caballo, hacer que le gente se ría... para Martin Lawrence así
era un día de trabajo en el plató de EL CABALLERO NEGRO. Al
haber pasado algunos meses inmerso en la era medieval, Lawrence
considera que sería un buen lugar para ir de visita pero no para
quedarse a vivir. Como pudo descubrir, fue verdaderamente una
época oscura y difícil en materia de retretes, los cuales no
eran sino un banco de piedra con la mugre pegada (con matojos de
paja en sustitución del papel higiénico). “En ese tiempo los
servicios eran desde luego muy diferentes”, se ríe Lawrence. “No
creo que pudiera irme a la época medieval. No querría vivir de
esa manera”.
1. La producción
2.
El reparto
3.
El equipo técnico
Imágenes
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