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MINORITY REPORT


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Dirección: Steven spielberg.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 145 min.
Interpretación: Tom Cruise (Detective John Anderton), Colin Farrel (Danny Witwer), Max von Sydow (Director Lamar Burgess), Samantha Morton (Agatha), Steve Harris (Jad), Neal McDonough (Oficial Gordon 'Fletch' Fletcher), Patrick Kilpatrick (Oficial Jeff Knott), Jessica Capshaw (Evanna), Mike Binder (Leo Crow).
Guión: Scott Frank y Jon Cohen; basado en el relato corto de Philip K. Dick.
Producción: Jan De Bont, Bonnie Curtis, Gerald R. Molen, Walter F. Parkes.
Música: John Williams.
Fotografía:
Janusz Kaminski.
Montaje: Michael Kahn.
Diseño de producción: Alex McDowell.
Dirección artística: Ramsey Avery, Leslie McDonald, Seth Reed.
Vestuario: Deborah Lynn Scott.

 

CRÍTICA
por Leandro Marques
Valoración:

Atrapado antes de matar

  No te detengas. Corre lo más rápido que puedas. Todos lo hacen. No hay razones, entonces, para no hacerlo. De todas maneras, re-sígnate: tarde o temprano, el eterno perseguidor, el destino, alcan-zará su objetivo, imprimirá su sello irrefutable, preescrito, y decidirá por su cuenta qué es lo que tiene planeado para ti.

  Se trata de un pensamiento instalado en la sociedad desde hace tiempo el que anuncia aquello de que “ya todo está escrito”, por lo que la mejor alternativa es aguantar tanto como sea posible y luego rendirse frente a lo inevitable. "Minority Report", la película que reu-nió por primera vez a Steven Spielberg y a Tom Cruise, dos de los más grandes popes actuales en la industria cinematográfica estadounidense, no sólo ofrece un apasionante cóctel de acción, suspenso y efectos especiales contextualizados en un futuro no tan lejano. Como sostén espiritual de ese torbellino visual y narrativo que nunca se detiene, la cinta desliza preguntas, interpela constantemente al espectador, hace girar la trama, casi inadvertidamente, en torno a planteos que van mucho más lejos que cualquier historia de ciencia-ficción que se proponga relatar.

  Esos planteos exploran dilemas que se le presentan al hombre hoy, refle-jados en el mundo de mañana, y fun-damentalmente conectados con los lí-mites éticos que el ser humano debe tener en cuenta a la hora de adueñar-se del control y destino de la vida de sus semejantes. ¿Existen barreras que resistan al imparable crecimiento de la tecnología, ya convertida a es-tas alturas en dueña absoluta de los parámetros de verdad y progreso legi-timados socialmente? ¿Puede un dis-positivo tecnológico anticipar todo lo que está a punto de suceder, o al me-nos, puede hacerlo de manera infalible? Como estos, son varios los interrogantes que deja flotando "Minority Report". El público puede decidir tomarlos y profundizar sobre ellos, o dejarse llevar por el efecto absorbente y envolvedor del argumento. No la pasará mal ante ninguna de las dos opciones. Pero sea como sea, el esquema central de la película está determinado así: entre aquel supuesto destino incorregible e inmodificable y esta moderna maquinaria pre-visora de los sucesos (en este caso, de índole criminal), la socie-dad ya debe descansar tranquila, allá por los tiempos en que trans-curre la historia, en el cercano 2054; con la adecuada organización institucional, ya no habrá más asesinatos que lamentar.

  De eso, justamente, se jacta el proyecto Pre-Crimen, que gracias al uso complementario de la última tecnología y tres seres huma-nos “especiales” (Pre-Cogs), con el don de ver más allá del presen-te, logró establecer un rácord absoluto: nada de homicidios a lo largo de sus seis años de duración a modo de prueba. Nadie cree más que el jefe John Anderton (Cruise) en la eficacia y beneficios de este sistema, que de haber existido algunos años antes hubiera servido para evitar la trágica desaparición de su hijo. Por eso mis-mo, nadie mejor que él para defenderlo y llevarlo a su incorporación definitiva al sistema de justicia cuando un representante del gobier-no comienza a husmear sobre el modus operandi del proyecto, en busca de sus aparentemente inexistentes defectos.

  No es necesario detenerse demasiado en los avatares de la histo-ria, aunque naturalmente con el transcurso de los minutos ella co-menzará a complejizarse; la supuesta eficacia del departamento de Pre-Crimen entrará en tela de juicio, surgirán intereses de poder en juego y Anderton se verá involucrado en un asesinato... que come-terá él mismo. Descifrar ese supuesto futuro crimen servirá para desenrollar el hilo de la trama. No obstante, aun más importante que inmiscuirse en los detalles argumentales es resaltar el modo en que ellos se presentan ante el espectador. Con un excelente guión como aliado y proveedor de altas dosis de creatividad e imprevisibilidad, Spielberg se desenvuelve con maestría a la hora de crear el clima ideal para desarrollar cada una de las escenas. Desde la textura y colores de las imágenes; la caracterización de los personajes (todos dejan entrever algún indi-cio de oscuridad que se esconde tras lo que se ve); el uso (y no abuso) de los efectos especiales para demostrar que cuando se los utiliza con propiedad e imaginación, todavía pueden resultar im-pactantes gratamente; la puesta en escena, el diseño de arte y el cuidado de los planos; y el manejo de los ritmos narrativos para agilizar o frenar el desarrollo de la historia, el director pone de mani-fiesto su meticuloso interés por no dejar al descubierto ningún de-talle.

  Como premio extra, además, la película ofrece una visión diver-tida y original del mundo dentro de unas décadas. Desde la insólita estructura de las calles y el tránsito, los diseños de los au-tos, los artefactos del hogar, en "Minority Report" hay un sinfín de objetos y pequeños detalles que permiten trasladar al espectador hacia adelante en el tiempo. Y eso es algo que no sucedía hace mucho dentro del género de ciencia-ficción.

  Pero pese a la creatividad del guión y la excelente atmósfera y suspenso que hacen fluir armónicamente a la cinta, el final parece sacado de otro libreto. La historia bordea permanentemente ámbitos inquietantes y oscuros, en los que no se cierran los círculos sino que se abren a la imaginación del espectador. El desenlace es justamente lo contrario, llamativamente. Muestra un exagerado empecinamiento por explicar todo lo que pasó, por tapar las turbulencias anteriores con aclaraciones tran-quilizadoras. Y por no animarse a dejar todo en puntos suspensi-vos, termina esforzándose demasiado para alargar el final hasta convertirlo en un final feliz pero poco convincente. No alcanza de todas formas para empañar la intensidad de una película fasci-nante, pero sí para impedir su acceso al privilegiado círculo que ocupan las obras maestras.


Imágenes de "Minority report" - Copyright © 2002 20th Century Fox, DreamWorks SKG, Cruise/Wagner, Blue Tulip, Ronald Shusett y Gary Goldman. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Fotos por David James. Todos los derechos reservados.

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