CRÍTICA
por
Leandro Marques
Valoración:
    
Atrapado antes de matar
No te
detengas. Corre lo más rápido que puedas. Todos lo hacen. No hay
razones, entonces, para no hacerlo. De todas maneras, re-sígnate:
tarde o temprano, el eterno perseguidor, el destino, alcan-zará
su objetivo, imprimirá su sello irrefutable, preescrito, y
decidirá por su cuenta qué es lo que tiene planeado para ti.
Se trata
de un pensamiento instalado en la sociedad desde hace tiempo el
que anuncia aquello de que “ya todo está escrito”, por lo que la
mejor alternativa es aguantar tanto como sea posible y luego
rendirse frente a lo inevitable. "Minority Report", la película
que reu-nió por primera vez a Steven
Spielberg y a Tom Cruise,
dos de los más grandes popes actuales en la industria
cinematográfica estadounidense, no sólo ofrece un
apasionante cóctel de acción, suspenso y efectos especiales
contextualizados en un futuro no tan lejano. Como sostén
espiritual de ese torbellino visual y narrativo que nunca se
detiene, la cinta desliza preguntas, interpela constantemente al
espectador, hace girar la trama, casi inadvertidamente, en torno
a planteos que van mucho más lejos que cualquier historia de
ciencia-ficción que se proponga relatar.
Esos
planteos exploran dilemas que se le presentan al hombre hoy,
refle-jados en el mundo de mañana, y fun-damentalmente conectados
con los lí-mites éticos que el ser humano debe tener en cuenta a
la hora de adueñar-se del control y destino de la vida de sus
semejantes. ¿Existen barreras que resistan al imparable
crecimiento de la tecnología, ya convertida a es-tas alturas en
dueña absoluta de los parámetros de verdad y progreso
legi-timados socialmente? ¿Puede un dis-positivo tecnológico
anticipar todo lo que está a punto de suceder, o al me-nos, puede
hacerlo de manera infalible? Como estos, son varios los
interrogantes que deja flotando "Minority Report". El público
puede decidir tomarlos y profundizar sobre ellos, o dejarse
llevar por el efecto absorbente y envolvedor del argumento. No
la pasará mal ante ninguna de las dos opciones. Pero sea como
sea, el esquema central de la película está determinado así:
entre aquel supuesto destino incorregible e inmodificable y esta
moderna maquinaria pre-visora de los sucesos (en este caso, de
índole criminal), la socie-dad ya debe descansar tranquila, allá
por los tiempos en que trans-curre la historia, en el cercano
2054; con la adecuada organización institucional, ya no habrá
más asesinatos que lamentar.
De eso,
justamente, se jacta el proyecto Pre-Crimen, que gracias al uso
complementario de la última tecnología y tres seres huma-nos
“especiales” (Pre-Cogs), con el don de ver más allá del
presen-te, logró establecer un rácord absoluto: nada de
homicidios a lo largo de sus seis años de duración a modo de
prueba. Nadie cree más que el jefe John Anderton (Cruise) en la
eficacia y beneficios de este sistema, que de haber existido
algunos años antes hubiera servido para evitar la trágica
desaparición de su hijo. Por eso mis-mo, nadie mejor que él para
defenderlo y llevarlo a su incorporación definitiva al sistema
de justicia cuando un representante del gobier-no comienza a
husmear sobre el modus operandi del proyecto, en busca de sus
aparentemente inexistentes defectos.
No es
necesario detenerse demasiado en los avatares de la histo-ria,
aunque naturalmente con el transcurso de los minutos ella
co-menzará a complejizarse; la supuesta eficacia del departamento
de Pre-Crimen entrará en tela de juicio, surgirán intereses de
poder en juego y Anderton se verá involucrado en un asesinato...
que come-terá él mismo. Descifrar ese supuesto futuro crimen
servirá para desenrollar el hilo de la trama. No obstante, aun
más importante que inmiscuirse en los detalles argumentales es
resaltar el modo en que ellos se presentan ante el espectador.
Con un excelente guión como aliado y proveedor de altas dosis
de creatividad e imprevisibilidad, Spielberg se desenvuelve con
maestría a la hora de crear el clima ideal para desarrollar cada
una de las escenas. Desde la textura y colores de las
imágenes; la caracterización de los personajes (todos dejan
entrever algún indi-cio de oscuridad que se esconde tras lo que
se ve); el uso (y no abuso) de los efectos especiales para
demostrar que cuando se los utiliza con propiedad e imaginación,
todavía pueden resultar im-pactantes gratamente; la puesta en
escena, el diseño de arte y el cuidado de los planos; y el
manejo de los ritmos narrativos para agilizar o frenar el
desarrollo de la historia, el director pone de mani-fiesto su
meticuloso interés por no dejar al descubierto ningún de-talle.
Como
premio extra, además, la película ofrece una visión diver-tida
y original del mundo dentro de unas décadas. Desde la
insólita estructura de las calles y el tránsito, los diseños de
los au-tos, los artefactos del hogar, en "Minority Report" hay un
sinfín de objetos y pequeños detalles que permiten trasladar al
espectador hacia adelante en el tiempo. Y eso es algo que no
sucedía hace mucho dentro del género de ciencia-ficción.
Pero pese
a la creatividad del guión y la excelente atmósfera y suspenso
que hacen fluir armónicamente a la cinta, el final parece sacado
de otro libreto. La historia bordea permanentemente ámbitos
inquietantes y oscuros, en los que no se cierran los círculos
sino que se abren a la imaginación del espectador. El desenlace
es justamente lo contrario, llamativamente. Muestra un
exagerado empecinamiento por explicar todo lo que pasó, por
tapar las turbulencias anteriores con aclaraciones
tran-quilizadoras. Y por no animarse a dejar todo en puntos
suspensi-vos, termina esforzándose demasiado para alargar el
final hasta convertirlo en un final feliz pero poco convincente.
No alcanza de todas formas para empañar la intensidad de una
película fasci-nante, pero sí para impedir su acceso al
privilegiado círculo que ocupan las obras maestras.
Imágenes
de "Minority report" - Copyright © 2002
20th Century Fox, DreamWorks SKG, Cruise/Wagner, Blue Tulip,
Ronald Shusett y Gary Goldman. Distribuidora en España: Hispano
Foxfilm. Fotos por David James. Todos los derechos
reservados.
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