CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Si de lo que se trataba era de perderle el miedo al miedo, el
cine español lo está haciendo, y a pasos agiganta-dos. Tras
larguísimos años de sequía, una travesía del desierto iniciada
en las postrimerías de los años 70 (des-pués de las legendarias
películas que en esa década popularizaron gentes como Paul
Naschy –en la dirección e interpretación– o Narciso Ibáñez
Serrador –en la creación y direc-ción–), nuestro cine ha ido
volviendo, tímidamente en un principio y con más contundencia
posteriormente, a recuperar el pulso temblo-roso y el sobresalto
permanente como aditamentos emocionales de un buen número de
películas a las que sus buenos resultados en taquilla han
confirmado como apuestas bien esgrimidas: desde "El arte de
morir", "Los sin nombre" o "Tuno negro" a un bombazo del calibre
de "Los
otros". En definitiva, cine patrio de terror para
solaz y disfrute de los degustadores de las variantes autóctonas
de tan universal género.
En ese
contexto, aparece "Nos miran", película en la que conflu-yen,
además de la ya apuntada de su adscripción al género de te-rror,
otras circunstancias que también influyen enormemente en sus
hechuras, a veces para bien, a veces para no tan bien, si bien,
en última instancia, el resultado definitivo nos arroja una
valora-ción global que la situaría en los márgenes de lo
aceptable, sobre todo si tenemos en cuenta su condición de ópera
prima.
"Nos miran"
se centra en un tema, el de los desaparecidos y la investiga-ción
policial de sus casos, que la lle-va a adentrarse por dos
vericuetos pa-ralelos y complementarios a los del gore más
convencional, del cual, por otro lado, bebe con fruición, tanto
en sus aspectos ambientales –la comi-saría y la casa de Juan, el
protago-nista, son ejemplos claros de buena asimilación y
plasmación de toda la imaginería formal del género– como en los
de trama y situación –la nómina pormenorizada de referentes
localizables en películas anteriores se haría interminable:
labor más propia (y fuen-te más apropiada de satisfacción) de
viciosos irredentos de la es-pecialidad que de críticos
generalistas...–.
Por un lado, está la
componente policiaca; la historia se de-senvuelve con el
contrapunto –y, al mismo tiempo, hilo conductor– de una
investigación sobre una desaparición (cuya consideración como
“normal” servirá de punto de contraste respecto al resto de los
casos), y, en ese terreno, nos ofrece un anclaje que, no por
manido en su fórmula expositiva, deja de funcionar eficazmente
(además de regalarnos la presencia, siempre digna de agradecer
por su calidad, de Paco Algora,
en un papel tan breve como inte-resante).
Por otro, nos encontramos, en para-lelo a la anterior y
sobrevolando siem-pre el ambiente, además de dotando al film de
sus aspectos más aterrori-zantes, la veta paranormal, en
la cual, como en botica (y aquí quizá pe-ca el autor de un
exceso de acumula-ción de elementos) no falta de nada: desde el
receptador de libros “raritos” al cura extraviado del recto
camino y poseedor de todas las claves, pasando por el expolicía
enloquecido –en cuanto a personajes–, a toda la parafernalia de
situaciones y efectos acordes con el tema de fondo –presencias
evanescentes, sombras, espejos, alucinacio-nes...–. Sobre tal
componente paranormal asienta el guión su muy peculiar tesis,
con la cual serán plenamente coherentes (y, algo meritorio, con
bastante claridad) tanto el desarrollo como el desen-lace de la
historia.
En cualquier caso, "Nos
miran" quizá nos plantea, a través de sus hipótesis y apuestas
(que pueden llegar a resultar, para las mentes más escépticas,
poco más que fuegos de artificio de una ficción
fanta-científica), un tema bastante más profundo –y racional–,
so-bre el que, además, no se limita, pese a todas sus alharacas
for-males, a pasar de puntillas, y ése es el de la locura,
el de hasta donde puede llegar un proceso de descomposición
mental progresi-va, provocado e influenciado por cualesquiera
circunstancias, y del cual lo que más asusta (esto sí que da
realmente miedo) son dos características que el tramo final de
la película recalca muy acerta-damente: su inevitabilidad (el
proceso es imparable, por más es-fuerzos que para detenerlo
esgrima su víctima) y la plena conscien-cia del mismo por parte
del sujeto que lo experimenta (y que, aún así, insisto, es capaz
de bloquearlo). Desconozco si era intención del autor el bajar a
tales pozos, al incidir de forma tan inquietante en estos
aspectos de la mente, pero no se puede negar, a la vista del
resultado final, que el impacto que causa con el retrato de los
mismos es de grueso calibre.
Tampoco es, en absoluto, desde-ñable el trabajo
interpretativo de su protagonista, un
Carmelo Gó-mez que asume un rol destacadí-simo en
cuanto a preponderancia, pe-ro que está, de todos modos, muy
bien secundado por un “cuerpo de éli-te” redondo (desde su
mujer, encar-nada por una siempre solvente
Icíar Bollaín, hasta los niños
–Manuel Lozano y
Carolina Petterson- o la madre
–Margarita Lozano–, además
del ya mentado Paco Algora o un nada sobreactuado
Karra Elejalde –pese a lo mucho
y bien que su papelito se prestaba a ello–). Si su
interpretación no llega a desfallecer en ningún momento –y el
esfuerzo no es peque-ño: como ya indicaba, su presencia en
pantalla es casi permanen-te–, alcanza su clímax en los momentos
previos al final, donde, a un punto máximo de exigencia,
responde poniendo toda la carne en el asador, hasta un punto en
que puede llegar a sorprender a aque-llos que lo tengan
conceptuado como un actor frío o de perfil dema-siado discreto:
esa alegría que se llevarán; para sus seguidores ha-bituales,
esas prestaciones no hacen otra cosa más que confirmar lo que
cabía esperar de un actorazo de su nivel.
"Nos miran"
constituye, en definitiva, una buena muestra de cine de género,
con una eficacia –como se predicaba del insecticida aquel...–
plenamente probada: te atornilla a la butaca, te asusta
cuando te esperas (y deseas) que lo haga, te ofrece algún punto
interesante de reflexión y te hace pasar un rato entre-tenido.
No es poco, más aún si tenemos en cuenta que se trata de la obra
de un debutante: de su director,
Norberto López Ama-do, cabe esperar una progresión a
tono con lo mostrado en estos comienzos. Atentos a ello (y,
mientras tanto, por favor, no se miren demasiado en los espejos:
quién sabe lo que nos podemos encon-trar al fondo de ellos...).
Calificación: 7
/10
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