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NOS MIRAN


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Dirección: Norberto López Amado.
País:
España.
Año: 2001.
Duración: 100 min.
Interpretación: Carmelo Gómez (Juan), Icíar Bollaín (Julia), Massimo Ghini (José), Margarita Lozano (Luisa), Manuel Lozano (Álex), Carolina Petterson (Laura), Roberto Álvarez (Sacerdote), Karra Elejalde (Medina).
Guión: Jorge Guerricaechevarría; basado en la novela 'Los otros' de Javier García Sánchez.
Producción: César Benítez.
Música: Bingel Mendizábal y Borja Ramos.
Fotografía:
Néstor Calvo.
Montaje: Mª Elena Sáinz de Rozas.
Dirección artística: Alain Bainee.
Vestuario: Margaret Watty.
Estreno en España: 20 Septiembre 2002.

CRÍTICA por Manuel Márquez

Si de lo que se trataba era de perderle el miedo al miedo, el cine español lo está haciendo, y a pasos agiganta-dos. Tras larguísimos años de sequía, una travesía del desierto iniciada en las postrimerías de los años 70 (des-pués de las legendarias películas que en esa década popularizaron gentes como Paul Naschy –en la dirección e interpretación– o Narciso Ibáñez Serrador –en la creación y direc-ción–), nuestro cine ha ido volviendo, tímidamente en un principio y con más contundencia posteriormente, a recuperar el pulso temblo-roso y el sobresalto permanente como aditamentos emocionales de un buen número de películas a las que sus buenos resultados en taquilla han confirmado como apuestas bien esgrimidas: desde "El arte de morir", "Los sin nombre" o "Tuno negro" a un bombazo del calibre de "Los otros". En definitiva, cine patrio de terror para solaz y disfrute de los degustadores de las variantes autóctonas de tan universal género.

  En ese contexto, aparece "Nos miran", película en la que conflu-yen, además de la ya apuntada de su adscripción al género de te-rror, otras circunstancias que también influyen enormemente en sus hechuras, a veces para bien, a veces para no tan bien, si bien, en última instancia,  el resultado definitivo nos arroja una valora-ción global que la situaría en los márgenes de lo aceptable, sobre todo si tenemos en cuenta su condición de ópera prima.

  "Nos miran" se centra en un tema, el de los desaparecidos y la investiga-ción policial de sus casos, que la lle-va a adentrarse por dos vericuetos pa-ralelos y complementarios a los del gore más convencional, del cual, por otro lado, bebe con fruición, tanto en sus aspectos ambientales –la comi-saría y la casa de Juan, el protago-nista, son ejemplos claros de buena asimilación y plasmación de toda la imaginería formal del género– como en los de trama y situación –la nómina pormenorizada de referentes localizables en películas anteriores se haría interminable: labor más propia (y fuen-te más apropiada de satisfacción) de viciosos irredentos de la es-pecialidad que de críticos generalistas...–.

  Por un lado, está la componente policiaca; la historia se de-senvuelve con el contrapunto –y, al mismo tiempo, hilo conductor– de una investigación sobre una desaparición (cuya consideración como “normal” servirá de punto de contraste respecto al resto de los casos), y, en ese terreno, nos ofrece un anclaje que, no por manido en su fórmula expositiva, deja de funcionar eficazmente (además de regalarnos la presencia, siempre digna de agradecer por su calidad, de Paco Algora, en un papel tan breve como inte-resante).

  Por otro, nos encontramos, en para-lelo a la anterior y sobrevolando siem-pre el ambiente, además de dotando al film de sus aspectos más aterrori-zantes, la veta paranormal, en la cual, como en botica (y aquí quizá pe-ca el autor de un exceso de acumula-ción de elementos) no falta de nada: desde el receptador de libros “raritos” al cura extraviado del recto camino y poseedor de todas las claves, pasando por el expolicía enloquecido –en cuanto a personajes–, a toda la parafernalia de situaciones y efectos acordes con el tema de fondo –presencias evanescentes, sombras, espejos, alucinacio-nes...–. Sobre tal componente paranormal asienta el guión su muy peculiar tesis, con la cual serán plenamente coherentes (y, algo meritorio, con bastante claridad) tanto el desarrollo como el desen-lace de la historia.

  En cualquier caso, "Nos miran" quizá nos plantea, a través de sus hipótesis y apuestas (que pueden llegar a resultar, para las mentes más escépticas, poco más que fuegos de artificio de una ficción fanta-científica), un tema bastante más profundo –y racional–, so-bre el que, además, no se limita, pese a todas sus alharacas for-males, a pasar de puntillas, y ése es el de la locura, el de hasta donde puede llegar un proceso de descomposición mental progresi-va, provocado e influenciado por cualesquiera circunstancias, y del cual lo que más asusta (esto sí que da realmente miedo) son dos características que el tramo final de la película recalca muy acerta-damente: su inevitabilidad (el proceso es imparable, por más es-fuerzos que para detenerlo esgrima su víctima) y la plena conscien-cia del mismo por parte del sujeto que lo experimenta (y que, aún así, insisto, es capaz de bloquearlo). Desconozco si era intención del autor el bajar a tales pozos, al incidir de forma tan inquietante en estos aspectos de la mente, pero no se puede negar, a la vista del resultado final, que el impacto que causa con el retrato de los mismos es de grueso calibre.

  Tampoco es, en absoluto, desde-ñable el trabajo interpretativo de su protagonista, un Carmelo Gó-mez que asume un rol destacadí-simo en cuanto a preponderancia, pe-ro que está, de todos modos, muy bien secundado por un “cuerpo de éli-te” redondo (desde su mujer, encar-nada por una siempre solvente Icíar Bollaín, hasta los niños –Manuel Lozano y Carolina Petterson- o la madre –Margarita Lozano–, además del ya mentado Paco Algora o un nada sobreactuado Karra Elejalde –pese a lo mucho y bien que su papelito se prestaba a ello–). Si su interpretación no llega a desfallecer en ningún momento –y el esfuerzo no es peque-ño: como ya indicaba, su presencia en pantalla es casi permanen-te–, alcanza su clímax en los momentos previos al final, donde, a un punto máximo de exigencia, responde poniendo toda la carne en el asador, hasta un punto en que puede llegar a sorprender a aque-llos que lo tengan conceptuado como un actor frío o de perfil dema-siado discreto: esa alegría que se llevarán; para sus seguidores ha-bituales, esas prestaciones no hacen otra cosa más que confirmar lo que cabía esperar de un actorazo de su nivel.

  "Nos miran" constituye, en definitiva, una buena muestra de cine de género, con una eficacia –como se predicaba del insecticida aquel...– plenamente probada: te atornilla a la butaca, te asusta cuando te esperas (y deseas) que lo haga, te ofrece algún punto interesante de reflexión y te hace pasar un rato entre-tenido. No es poco, más aún si tenemos en cuenta que se trata de la obra de un debutante: de su director, Norberto López Ama-do, cabe esperar una progresión a tono con lo mostrado en estos comienzos. Atentos a ello (y, mientras tanto, por favor, no se miren demasiado en los espejos: quién sabe lo que nos podemos encon-trar al fondo de ellos...).

Calificación: 7 /10


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