CÓMO SE HIZO SE HIZO "SIMONE"
©
2002
Aurum
1. Introducción
«La realidad está muy sobrevalorada»
Andrew Niccol
En la cultura de la fama, no hay
axioma más fácil de perdonar. Que se lo pregunten si no a Viktor
Taransky, alter ego del guionista, director y productor Andrew
Niccol: «Es más fácil hacer creer algo a cien mil personas que a
una sola». Y eso es lo que hacen Taransky y Niccol con SIMONE,
paradigma de la estrella pluriempleada: actriz, directora,
cantante, poeta, filántropa... y dueña de su propio perfume:
SIMONE The Cologne. Ella es la chispa que sigue conquistando a
un público que se niega a no creer.
Esta irónica parodia de Hollywood
expone la idolatría de que son objeto las estrellas de cine
contemporáneas, una práctica fomentada por los propios
interesados y cuya existencia nadie puede negar, ni aquellos que
están delante de la cámara, ni los que están detrás, ni el
público admirador.
«¿Qué importa si los famosos son
reales o no?», se pregunta el neozelandés Niccol, guionista
nominado al Oscar por "El show de Truman" y guionista y director
de "Gattaca". «De todas formas, nuestra cultura de la fama es
incapaz de percibir la diferencia. Nuestra capacidad para
fabricar fraudes es superior a nuestra capacidad para
detectarlos».
De la reflexión sobre dicha
incapacidad nació la historia de Viktor Taransky, un hombre al
que Niccol describe como un director desengañado que sólo piensa
en terminar una película hasta que el "Santo Grial del Software"
cae en sus manos. Su regalo le permite crear «el primer actor
sintético absolutamente creíble, indeferenciable de los de carne
y hueso. Por supuesto», añade, «tamaño invento lleva en sí la
posibilidad de destruirle a uno».
Más que la creación en sí, lo que
interesaba a Niccol eran las consecuencias de esa creación. «¿Y
si uno creara una persona artificial y no explicara que es
artificial? ¿Cómo podría mantenerse el engaño? ¿Y si la estafa
te sale tan bien que cuando descubres la verdad nadie te cree?»,
se pregunta Niccol. «Para el mundo la mentira es más creíble que
la verdad».
En opinión de Niccol, Al Pacino era
el único actor capaz de hacer creíble esta mentira. «Al aporta
un algo subversivo al papel de un hombre que es el abogado de
las personas artificiales», explica Niccol. «Cuando un actor tan
respetado como él dice: '¿quién necesita a los actores?', uno
escucha. Si lo dijera un actor de comedia, no tendría la misma
gravedad».
Para el modesto Pacino, la razón
aducida por Niccol para ofrecerle el papel de Taransky fue «un
halago y una lección de humildad». El actor describe a su
personaje como «un hombrecillo interesante, gracioso y raro».
Para él, sin embargo, el mérito del personaje corresponde a
Niccol, a quien considera «un gran visionario».
Del personaje le atrajo su
«excentricidad, su forma de tomarse la vida y el trabajo, y
sobre todo, su pinta de ser una persona que ha tenido que luchar
por todo lo que tiene».
Según Pacino, aunque su criatura le
lleva al éxito, cuando todo está dicho y hecho «Viktor no quiere
estar solo. Quiere sentir el consuelo, el apoyo y el aliento de
la familia, y el amor de otras personas reales». Para Pacino,
«la gran pregunta que la película no responde es cómo se
perpetua el secreto, eso es lo interesante. Eso es algo que
permite cierta ambivalencia, y eso para los espectadores siempre
es divertido».
Aunque Taransky es un hombre que
siempre ha destacado por su honradez, el éxito le empuja a
pervertir las reglas en beneficio de su mutable verdad personal.
Como dice Niccol: «Para Viktor, intentar convencer al mundo de
que SIMONE existe significa intentar convencerle de que él mismo
existe». En opinión de Pacino, Taransky «necesita que le
reconozcan por haber dedicado su vida a la consecución de algo
que él considera valioso». Pero lo que al final le lleva al
éxito «es su talento intuitivo como actor», expresado a través
de SIMONE. Esto hace que el público se «identifique con ella y
se sienta humanizado por la relación, que se sientan
representados en este idealizado mundo del espectáculo, de la
gloria y de la fama», añade.
En cuanto al personaje de SIMONE,
Pacino dice que la encontró «fascinante. Tiene muchos ideales,
vive para su trabajo y su necesidad de hacerlo todo a la
perfección. Por eso dedica todo su tiempo a ese ideal, a hacerse
agradable a la gente y a conseguir que la gente se identifique
con ella, siempre en la esperanza de obrar en beneficio del
proyecto y del juego. Es un comportamiento muy poco habitual. No
tiene vanidad, pero al mismo tiempo se sirve de todos los
aspectos de la técnica de la representación, y los utiliza sin
complicarse la vida».
Aunque hacía tiempo que no hacía una
comedia, en esta ocasión Pacino se sintió atraído por la «visión
del mundo» que ofrecía el guión. «La relación [que tiene
Taransky] con el éxito es a la vez interesante e irónica.
También resultaba divertida, tenía un toque liviano, pero detrás
de esa liviandad había una idea más profunda».
A Catherine Keener (Elaine) le
interesó el hecho de trabajar con Pacino y Niccol en una
película donde Hollywood se ríe de sí mismo. «Aunque dirige un
estudio, no es una gran lumbrera», explica Keener de su
personaje. «Es elegante, frívola, la típica aduladora, pero de
una forma simpática. Creo que sus mejores momentos son los que
comparte con su hija Lainey (Evan Rachel Wood). Elaine es
inmadura, pero su hija tiene la cabeza en su sitio». En opinión
de Keener, Elaine mantiene con Viktor una relación torturada,
pero también es una relación de largo respeto y, en el fondo, de
amor. Su relación con SIMONE está marcada por la frustración.
«Toda una presidenta de Hollywood, incapaz de controlar a una
actriz desconocida, y todo por el poder que da la fama». La
escalada a ese poder es resbaladiza para todo el mundo, salvo
para Taransky.
Evan Rachel Wood, una actriz de
catorce años que lleva nueve trabajando en el mundo del
espectáculo, opina lo siguiente de Elaine, su madre en la
ficción: «Elaine simboliza bastante bien este mundo. Lainey, mi
personaje, es quien hace de madre en realidad. Maneja a todo el
mundo. Se pasa la película deseando que sus padres vuelvan
juntos. Quiere a su padre porque es honrado y se mantiene fiel a
sus principios. Pero entonces el padre hace una película para
intentar recuperarlo todo y tiene que empezar a mentir. Lo mejor
hubiera sido no entrar en ese jardín, pero entonces las cosas no
hubieran salido como han salido. No hay una respuesta fácil».
Wood también percibe un un mensaje más profundo y personal que
espera los espectadores se lleven con ellos: «Sé fiel a ti
mismo, persigue tus sueños y no tires la toalla».
Para Jay Mohr, dar vida a Hal, un
frívolo galán de cine, fue la ocasión de cumplir uno de sus
sueños. «Hal es un egocéntrico y está mal iluminado. Pero yo
hubiera dado cualquier cosa por hacer una película con Al
Pacino», explica el actor. «Me encantó el guión, diría que es la
mejor sátira de Hollywood que se ha hecho nunca. Andrew no
podría haber elegido a un actor mejor para el papel de Viktor,
un hombre que ansía desesperadamente reaparecer en el mapa y que
lo tomen en cuenta como antes».
Max Sayer es el hombre que no ceja
en su empeño de descubrir la verdad que se oculta tras Taransky
y su actriz. En su interpretación, Pruitt Taylor Vince intentó
«combinar el periodismo a lo "National Enquirer" [un diario
sensacionalista] con un personaje que quiere ser Woodward y
Bernstein en "Todos los hombres del presidente", como si fuera
un perro que hincara el diente en un hueso y se negara a
soltarlo». Para Sayer, Max simboliza la «difuminación de
fronteras» que se ha operado entre el periodismo serio y el
amarillismo, «porque el periodismo del famoseo ha asumido el
tono del auténtico periodismo», afirma Vince. «Cuando se cuentan
noticias que no son noticias, sino un híbrido entre
sensacionalismo y otra cosa, lo que se hace conlleva
autoimplicación, proyección. La verdad se ha convertido en un
concepto: una opción. En otros tiempos, creo que Max hubiera
sido un buen periodista, pero en este mundo sólo es lo que el
mundo le hace ser: un representante del periodismo del famoseo y
lo que ello conlleva».
En SIMONE, Niccol y su equipo
crearon la esencia de cierta clase de Hollywood. «Es una
historia moderna filmada con un clasicismo que recuerda a la Era
Dorada de Hollywood», explica Edward Lachman, director de
fotografía. «Aunque la rodamos de una forma que recuerda a otros
tiempos, intentamos darle un aura de intemporalidad, una
cualidad que es lo mejor del cine europeo, pero trasplantado a
Hollywood: un estilo en la frontera de lo comercial».
SIMONE se rodó en Los Angeles y
zonas aledañas, en los decorados exteriores de los estudios
Burbank de la Warner Brothers, en platós de Sunset Gower Studios
y en la puerta principal de los renovados estudios de Paramount
Pictures. Todo ello en representación de los ficticios
Amalgamated Film Studios. «Cubrimos la verja antigua de la
Paramount con una fachada y hasta los de la Paramount se
sorprendieron del cambio de aspecto», explica Jan Roelfs,
diseñador de producción. «Muchos exteriores se rodaron en los
decorados exteriores de la Warner. Aunque lo que realmente
queríamos era recrear la atmósfera del Hollywood de los
bungalós, el de los años treinta. Se trataba de aprovechar las
cosas bonitas del pasado, pero de forma que parecieran reales en
el futuro».
1. Introducción
2.
Así se fabrica una estrella
3.
El reparto
4.
El equipo técnico
Imágenes
y notas de producción de "Simone" - Copyright © 2002 New Line
Cinema, Niccol Films y Jersey Films. Distribuidora en España:
Aurum. Todos los derechos
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