CÓMO SE HIZO "800 BALAS"
Notas de producción
© 2002 Sogepaq
El poblado de Texas-Hollywood
está a cuatro patadas de Tabernas, en Almería. Se construyó hace
tres décadas. Es el único decorado del Oeste que todavía
conserva su estructura original. Allí se han rodado películas
como El bueno, el feo y el malo, Hasta que llegó su hora,
Shalako, Los siete magníficos, Las petroleras, Ana Caulder, La
colina de las botas, Indiana Jones y la última cruzada, La
vuelta de El Coyote y la teleserie Reina de espadas. Es decir,
que Clint Eastwood, Brigitte Bardot, Yul Brynner,Claudia
Cardinale, Terence Hill, Raquel Welch, Sean Connery, Lee Van
Cleef, Charles Bronson, Bo Derek, Harrison Ford y Mar Flores se
han paseado por sus calles disfrazados de vaqueros, pistoleros,
aventureros y chicas de saloon. Que a nadie le extrañe, pues,
que a pesar de la abundante presencia de caballos, camellos y
bisontes, en este lugar huela a auténtico cine de género. Es
más, cuando ningún equipo autóctono o foráneo está rodando, los
propios empleados de la casa se encargan de protagonizar
espectáculos de acción en vivo para entretener a los visitantes
de pago (que los hay) y mantenerse en forma ellos mismos y sus
monturas.
Uno de estos especialistas,
Agustín Javier Gómez Mariño, más conocido como El Titi, nos
explica de qué va la cosa: "En el espectáculo western de
Texas-Hollywood hay un poco de todo: caídas, peleas, duelos y
persecuciones a caballo. Yo hago de pistolero malo, porque sé
poner cara de tío chungo. Lo hacemos sobre todo en temporada
alta, cuando hay público". El Titi tuvo su primer contacto con
el cine siendo un crío. Lo sacaron del colegio para hacer de
niño que recibía a los tanques de Patton con una banderita de
los Estados Unidos en la mano. "Después, le cuidé el perro a
Brigitte Bardot". Como una cosa lleva a la otra, se subió a un
caballo en cuanto tuvo oportunidad. Y hasta hoy. "Para ser
especialista hay que sentirlo", sentencia. Fue precisamente él
uno de los personajes que más llamaron la atención de Jorge
Guerricaechevarría y Alex de la Iglesia durante una visita que
hicieron el pasado año a las instalaciones de Texas-Hollywood.
Tras presenciar el show y conocer a sus protagonistas, ambos
comenzaron a darle vueltas a una historia que acabaría
convirtiéndose en el guión de 800 BALAS. Al final, El Titi
aparece en la película haciendo el papel de El Chacho, un jinete
que se rompe una pierna actuando en un espectáculo muy parecido
a los de verdad.
800 BALAS se rodó en Almería
y Madrid, desde finales de enero a finales de abril del 2002.
Texas-Hollywood es su localización principal. La cinta empieza a
lo grande. En los primeros minutos, aparece una diligencia
perseguida por unos cuatreros. Esta escena de acción,
trepidante, culmina con la muerte de uno de los bandidos,
arrollado por los caballos y las ruedas del vehículo. Enseguida
descubrimos que todo esto sucede durante el rodaje de un western
setentero. El bandido era, en realidad, un especialista; el
accidente, sin embargo, no formaba parte de ningún montaje.
Suena entonces una versión guitarrera de El bueno, el feo y el
malo, de Ennio Morricone, a cargo del mítico dúo de rumba pop
catalana Los Amaya. Finalizado el prólogo, comienza la historia
propiamente dicha, ambientada en la actualidad.
Esta es la peculiar manera
que tiene De la Iglesia de introducirnos de cabeza en el
universo tragicómico de su sexto largometraje, el primero que se
financia a sí mismo a través de una productora con nombre
temerario: Pánico Films. La estética de 800 BALAS es
espectacular: scope puro y duro. El tono, arriesgado. El humor,
contundente. Las referencias, equívocas. Por fuera, parece una
del Oeste; por dentro, pellizca las zonas sensibles. Como en
anteriores obras del realizador vasco, los protagonistas son
unos desheredados de la Tierra. Todos ellos malviven inmersos en
un viejo decorado de western, comportándose como personajes de
ficción, ajenos al hecho de que no hay ninguna cámara que les
esté filmando. Bueno, ninguna no, porque ahí está la de De la
Iglesia, dispuesta, como siempre, a captar la lucha entre dos
mundos irreconciliables: realidad y ficción.
En los años sesenta y setenta
se rodaron en Almería y alrededores centenares de películas del
Oeste. Eran filmes de inspiración americana, pero de manierismo
europeo. El término spaghetti western englobó a la mayor parte
de estas producciones, aunque sería más exacto utilizar el de
eurowestern. Muchos españoles participaron activamente en la
consolidación de este subgénero tan pintoresco; sobre todo,
especialistas. Con el tiempo, por desgracia para los fans del
auténtico cine de barrio, este tipo de películas dejó de
hacerse, y los especialistas fueron quedándose sin trabajo. Unos
se buscaron la vida como pudieron; los demás se quedaron
colgados de los recuerdos. Julián, el personaje que interpreta
Sancho Gracia en 800 BALAS, pertenece a este segundo grupo.
De la Iglesia aprovecha la
figura de Julián y la de sus compinches para hablar del cine
dentro del cine. Y lo hace con pleno conocimiento de causa, con
el ojo puesto en esos pequeños grandes detalles que marcan la
forma de ser de todos los cinéfagos: los que hacen películas y
los que las ven. También, de alguna manera, al elegir el western
como caldo de cultivo de su propuesta tragicómica, hace suyas
las palabras del maestro Franco Giraldi, autor de Siete pistolas
para los McGregor (1965) y Sugar Colt (1996): "Tragedia griega,
drama shakespeariano, conflictos elementales, personajes
arquetípicos y decorados simbólicos. El western es, en un
sentido naïf del término, la quintaesencia del cine".
Durante el rodaje de 800
BALAS se produjeron todo tipo de coincidencias. Curiosas unas;
demenciales todas las demás. La ficción y la realidad se
fundieron con demasiada frecuencia en un abrazo amistoso. La
fiesta salvaje que ocupa buena parte del metraje central de la
película, por ejemplo, tuvo su versión real a los pocos días de
rodarse. El grupo gallego Siniestro Total actuó por sorpresa y
en directo sobre el escenario del saloon. Todo el equipo técnico
y artístico se dejó llevar por la excitación del momento y acabó
asaltando el camión del vestuario. Disfrazados de pistoleros,
bailarinas, confederados e indios, los miembros de la banda de
Alex retrocedieron veinticinco años en el tiempo para invitar a
Clint a unos tragos. Algunos aseguran que toquetearon el poncho
del actor con los dedos y olfatearon su aroma de leyenda.
Cuarenta y ocho horas más tarde, Julián, por boca de Sancho
Gracia, pronunciaba estas sabias palabras: "En la vida hay
momentos jodidos, pero jodidos de verdad; mucho más de lo que tú
te puedas imaginar. Ésos no hay Dios que te los quite. Hay que
aprovechar los intermedios entre putada y putada. No divertirse
cuando uno puede es el mayor pecado del mundo".
Imágenes
y notas de cómo se hizo "800 balas" - Copyright © 2002 Pánico Films. Distribuidora en
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