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cartel |
Dirección: Álex de
la Iglesia.
País: España.
Año: 2002.
Interpretación: Sancho Gracia (Julián),
Carmen Maura (Laura), Ángel de Andrés López (Cheyene), Eusebio
Poncela (Scott), Luis Castro (Carlos), Enrique Martínez
(Arrastrado), Luciano Federico (Enterrador), Ramón Barea (Don
Mariano), Manuel Tafallé (Manuel), Terele Pávez (Rocío), Gracia
Olayo (Juli), Cesareo Estánez (Andrés), Eduardo Gómez
(Ahorcado), Eduardo Antuña (Taxista), Berta Ojea (Ángeles), Ane
Gabaráin (Jacinta), Yoima Valdés (Sonia), Alfonso Torregrosa
(Jefe policía), Juan Viadas (Monitor), Juanjo Legamiz
(Camarero).
Guión: Jorge
Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia.
Producción: Álex de
la Iglesia.
Música: Roque
Baños.
Fotografía: Flavio Martínez
Labiano.
Montaje:
Alejandro Lázaro.
Dirección artística: Arri y
Biaffra.
Vestuario: Paco
Delgado.
Estreno en España: 18 Octubre 2002. |
CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Valoración: 5 /10
Se veía venir. El
director vasco Álex de la Iglesia,
tras su des-lumbrante introducción en el mundo del terror
cotidiano, después de llenar sus vitrinas con numerosos premios,
no ha sabido canali-zar el reconocimiento en serenidad
profesional, sino en ambición desmesurada, en derroche
innecesario de medios y en una bús-queda desesperada de la
comercialidad a través del humor desla-vazado, chabacano y
burdo.
“800 balas” se olvida práctica-mente del
desarrollo argumental, punto fuerte de los mayores éxi-tos de
Álex de la Iglesia, para caer en el humor fácil de una su-cesión
de sketches en la peor tra-dición del humor televisivo
y, en función de la eficacia de éstos, la pe-lícula navega entre
la sonrisa, esca-sas carcajadas y, en la mayor parte de las
ocasiones, la satura-ción de los gags autocomplacientes de un
director notoriamente consciente de su tirón en el público. Los
pequeños puntos que os-curecían y chirriaban tímidamente en “La
Comunidad” son en esta nueva película, en este
marmitako-western, la constante que se repite durante dos horas
largas de metraje. De la Iglesia da rienda suelta, con un
presupuesto de cinco millones de euros, a un des-fase lleno de
excesos, de escenas innecesariamente largas, de provocaciones
oportunistas y ordinarias hasta la vulgarización casi total del
celuloide.
A pesar
de lo fallido de la globalidad de este largometraje presuntuoso
y egocéntrico, hay que reconocer a De La Igle-sia su
extraordinaria labor de coordinación en lo que es una
superproducción en toda regla.
Sabe rodearse de los mejores técnicos para crear una atmósfera
crepuscular en ese resquicio de gloria rancia almeriense en el
que se desarrolla la acción, en ese antiguo decorado de las
películas de Sergio Leone en el que, intro-ducida por unos
dinámicos y excelentes títulos de crédito y acom-pañada por la
inefable banda sonora de
Roque Baños, se
desa-rrolla la mayor parte de la acción. Allí donde se mueven
unos per-sonajes más ricos por la expresividad de los planos que
por la po-breza de los diálogos, y que se sustentan en un
maniqueísmo drástico y, por tanto, absolutamente inverosímil.
La odisea de Carlos para conocer a su abuelo está plagada de
situacio-nes forzadas, a veces previsibles y, súbitamente, en
ocasiones también brillantes. La latencia del indiscutible
talento de De La Iglesia se interrumpe por momentos en los que
el especta-dor realmente disfruta, se divierte y que justifican
toda la espectacular puesta en escena y las secuencias de
descontrolada acción. Sin embar-go, a
pesar de la escasez de esas sorprendentes agudezas
cinematográ-ficas, la película aguanta todo su metraje
con entretenimiento gracias a las solventes presen-cias
interpretativas. En un
protagonismo que no veíamos hace mucho tiempo,
Sancho Gracia
está soberbio como decrépito es-pecialista de cine y sabe
bordear con maestría los límites entre la autoparodia y la
seriedad, mientras que
Carmen Maura y
Teréle Pávez
vuelven a trabajar con el director con resultados tan
sobre-salientes como los de “La Comunidad”, sólo que en papeles
más breves, al igual que un grupo de secundarios irreprochables,
los insólitos habituales de De La Iglesia, que responden con sus
ros-tros atípicos al tono de cómic que viene dando a sus últimas
pe-lículas.
Pese a todo, colmada de
errores disimulados por pequeñas dosis de genialidad, irregular
y desafortunada, con estas “800 balas” es fácil recurrir a la
expresión de que a su director le ha salido el tiro por la
culata.
Imágenes
de "800 balas" - Copyright © 2002 Pánico Films. Distribuidora en
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