CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
La
furibunda y nostálgica subversión del ‘marmitako-western’
Llena de furia y de ritmo, ‘800
balas’ es una tragicomedia sobre la gente anónima que se
dedicaba al mundo del cine que desmitifica los conceptos
genéricos del ‘western’.
El universo de Álex de la
Iglesia,
siempre delirante e ineludible, diligen-te e inconformista, se
ha perfilado, a lo largo de sus seis películas, bajo unos
conceptos artísticos enfáticos, definidos por una calculada
estética procedente de las múltiples y novedo-sas influencias
que construyen un mundo propio, una forma de ver cine más
personal que transgresora. En su nueva y esperada cinta, el
cineasta promueve nuevamente todos estos paradigmas para
ofre-cer la que es su obra más personal y arriesgada.
Posiblemente, su mejor película hasta la fecha.
‘800 Balas’ toma como géne-sis el ‘spaghetti western’ para
narrar la vida de unos especialistas de aquel subgénero que
malviven en el desierto de Tabernas, Alme-ría, con un
espectáculo del Oeste para turistas. Es la excusa per-fecta para
que De la Iglesia vuelva a poner de manifiesto su impon-derable
intencionalidad llena de furia y de ritmo, en la que el
resul-tado final es un producto a medio camino
entre el cine de gé-nero y cine de autor.
En este espacio, el realizador desmitifica los conceptos
genéricos del ‘western’ y los subvierte a su antojo para recrear
una particular visión del débil fondo que permanece oculto en el
ser humano, como la traición, la amistad, el desafío y la muerte
de personajes que son fruto de la nostalgia, del triste
re-cuerdo del cine del Oeste que se hizo en nuestro país en los
años 60 y 70. Un entorno aplicado nunca como homenaje aquel cine
que hizo famoso Sergio Leone, sino para entronizar al antihéroe,
al per-dedor que determina el protagonista favorito del
cineasta.
Como viene siendo habitual en su filmografía,
el potencial de la película reside de nuevo en un só-lido guión
(compartido con su in-separable Jorge
Guerricaecheva-rría) en el que los personajes se
anteponen a la acción,
formando una nueva y entrañable galería de ‘freaks’ que pasan a
engrosar la mí-tica colección de perdedores de un director que
aborda los dramas humanos como comedias del absurdo, con un
humor negro desca-rriado, aprovechado en esta ocasión para
nacionalizar y escarnecer el heroísmo y la preeminencia del
‘western’ clásico por un propósito de ruptura, de libertad
absoluta. La nueva y apoteósica comedia de Álex de la Iglesia es
una falta de respeto a la circunspección, a las formas
establecidas, una brutal metáfora sobre la diversión como
actitud ante cualquier problema y de supervivencia ante el
fracaso ante la máxima de que ‘cualquier norma está para
transgredirla’. En esta actitud de rebeldía, De la Iglesia juega
a transformar un drama humano lleno de oscuridad y desdicha en
una divertidísima come-dia donde lo épico y legendario se
anticipa a la terrible realidad que viven unos seres entrañables
y llenos de vida.
‘800 Balas’ es, por tanto, el furibun-do recorrido a través de
las vidas de pequeños tipos, condicionalmente mi-serables, que
subsisten en una coti-dianidad anacrónica, anclados en un pasado
que les descubre ridículos, pero que extrapola su condición de
mezquinos para divertirse y romper los esquemas, para vivir de
la única forma en que fueron felices. El capitán de esta
espléndida aventura es Julián Torralba, un antiguo especialista
que sustituyó a Clint Eastwood en 'La muerte tenía un precio' o
a George C. Scott en 'Patton' y que vive de recuerdos que le
sirven para vivir ajeno a la realidad, relegando con ello su
trauma por la muerte de su hijo en un rodaje. Para dar vida a
este ‘outsider’, Sancho
Gracia concier-ta una de las mejores interpretaciones del
año, erigiéndose con su portentosa actuación en el gran
estandarte de esta maravillosa aventura.
En este apartado, el oficio de un grupo de intérpretes como
Ángel de Andrés López,
Carmen Maura,
Te-rele Pávez,
Manuel Tafalle,
Yoima Valdés,
Eduardo Gómez
o el debut del niño Luis
Castro componen
un catálogo de maestría actoral, llena de viveza y distinción.
Sobre este inexorable soporte, ‘800 Balas’ es una insondable
síntesis de solemnidad y picaresca, de ritualidad e ignominia,
de fatalismo y escepti-cismo, de exaltación y desengaño, pero
sobre todo, de farsa y tragedia. Conceptos antagónicos que
otorgan la necesaria maestría de una de las
ofrendas más memorables que se recuerden en nuestro cine a la
gente anónima que se dedica al difícil mundo del celuloide.
Un sincero y honesto homenaje a los buenos, feos y malos que un
día vivieron la gloria de Almería. Con un inicio un tanto
esquemático e irregular, ‘800 Balas’ va elevando su espectáculo
a lo largo de un metraje que incrementa su ritmo hasta
construirse en una sólida obra llena de un ingenio que Álex de
la Iglesia dilata con una desbordante honestidad hasta alcanzar
un final lleno de espectacularidad, donde el director puede
desplegar sus habituales arsenales de estruendosa potencial
vi-sual, allí donde la narrativa fílmica se vuelve prodigiosa.
Bajo la portentosa partitura del imprescindible
Roque Baños
y la necesa-ria mirada de
Flavio M. Laviano
en un esplendoroso ‘scope’, ‘800 Balas’ es, indudablemente, una
película de autor, que divierte por-que no busca conceptuar ni
esgrimir nuevas formas de estereotipar un género que, por
primera vez, se dispone para describir un oscu-ro viaje la
España más profunda. Álex de la Iglesia ofrece así, con esta
portentosa obra, otra divertida, pero a la vez triste, historia
impregnada de un sentimiento que combina, a partes iguales,
acri-monia y comedia, acción y drama.
Imágenes
de "800 balas" - Copyright © 2002 Pánico Films. Distribuidora en
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