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8 MILLAS
(8 mile)


Dirección: Curtis Hanson.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 118 min.
Interpretación: Eminem (Jimmy Smith Jr), Kim Basinger (Stephanie Smith), Brittany Murphy (Alex), Mekhi Phifer (David Porter / Future), Eugene Byrd (Wink), Omar Benson Miller (Sol), Taryn Manning (Janeane).
Guión: Scott Silver.
Producción: Brian Grazer, Curtis Hanson y Jimmy Iovine.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: Jay Rabinowitz y Craig Kitson.
Diseño de producción: Philip Messina.
Dirección artística: Kevin Kavanaugh.
Vestuario: Mark Bridges.
Estreno en USA: 8 Noviembre 2002.
Estreno en España: 7 Febrero 2003.

CÓMO SE HIZO "8 MILLAS"
Notas de producción
© 2002 UIP

  No importa quiénes seamos, no importa dónde vivamos, todos tenemos unos límites... a veces reales, a veces imaginados. Muchos de nosotros nos contentamos con vivir dentro de esos límites; otros están obligados a ello. Pero algunos necesitan romper esos límites, atravesarlos para salir fuera, aunque lo que les espere fuera sea algo desconocido o aterrador. Ocho millas habla de las fronteras que limitan nuestras vidas y cuenta los esfuerzos de un joven por encontrar la fuerza y el valor para traspasar dichos límites.

  El director ganador del Oscar Curtis Hanson (L. A. Confidential, Wonder Boys) y el productor ganador del Oscar Brian Grazer (Apollo 13, Una mente maravillosa) presentan una producción Universal Pictures-Imagine Entertainent protagonizada por Eminem, Kim Basinger, Brittany Murphy, Mekhi Phifer, Omar Benson Miller, Evan Jones, Eugene Bird... El guión es de Scott Silver y los productores son Hanson, Grazer y Jimmy Iovine.

  Detroit, 1995. Capital del crimen. Un imperio caído. Sus mejores barrios han entrado en decadencia, los blancos se han marchado al evaporarse las oportunidades y el optimismo que una vez hicieron de ésta una urbe bulliciosa y próspera. La brillante promesa de potencia industrial de Detroit se ha transformado en un hervidero de conflictos económicos y raciales después de que la ciudad sufriera una de las peores rachas de disturbios callejeros de la historia de Norteamérica. La calle 8 Mile Road, que recorre el perímetro de la ciudad, marca ahora la frontera entre lo urbano y lo suburbano, entre lo negro y lo blanco.

  Pero en Detroit hay una larga tradición de creatividad bajo presión, y muchas veces se ha manifestado a través de la música: el sonido de la Tamla Motown, que dominó la música popular de los años 60, la maestría de Aretha Franklin, el llamado sonido Detroit de rockeros como Mitch Ryder, Bob Seger o el grupo MC5... la música de la ciudad ha tenido siempre unas raíces obreras y ha expresado sin filtros la verdad sobre las realidades de la vida. Y la música hip hop de Detroit no es ninguna excepción a esta tradición.

  En los bajos fondos de Detroit la supervivencia es dura y para muchos el hip hop sirve de base emocional para seguir adelante. El rap es una música improvisada y rápida, al mismo tiempo reflexiva y reflejo de la realidad; requiere dominio del lenguaje, control de los matices, sentido de la observación y autenticidad emocional. Para chicos como Jimmy Smith Jr. (Eminem), el hip hop es lo único que les separa del abismo.

  En ausencia de sus padres Jimmy y sus amigos forman una familia: el carismático y seguro de sí mismo Future (Mekhi Phifer), el soñador y optimista Sol (Omar Benson Miller), el futuro activista DJ Iz (De´Angelo Wilson) y el lento pero seguro Cheddar Bob (Evan Jones). Jimmy y su “equipo” (los Three One Third) viven con la esperanza de conseguir su gran golpe de suerte, mientras trabajan en empleos sin futuro y navegan por los campos de minas de sus turbulentas relaciones personales. Como dice Jimmy sin andarse con rodeos: “Estamos sin una puta pela y vivimos en casa con nuestras mamás”. Por la noche, alimentan sus sueños en los clubs de hip hop de Detroit, en donde los mejores raperos de la ciudad se enfrentan en duelos verbales con rimas ofensivas para conseguir el respeto de sus colegas. En el poco poético mundo de Three One Third, la rima se utiliza como un arma mortífera, las palabras hieren y la victoria es de aquel que tiene el ingenio más rápido.

  Eminem, el protagonista de Ocho millas, conoce bien el mundo de los clubs de hip hop de Detroit: “Me acuerdo que cuando perdía uno de esos duelos, se me caía el mundo encima. Muchos me decían, “Has perdido. ¿Y qué? Vuelve a intentarlo”. Pero para mí aquello era como el fin del mundo. Es una competición, es como un deporte en el que te fuera la vida. Desde fuera puede parecer algo tonto, pero para nosotros era todo nuestro mundo”.

  Jimmy, el protagonista de la película, tiene el talento necesario para ganar. Pero necesita encontrar una voz propia y volcar toda su ira en su musica. Dice Eminem: “Jimmy es un chico de sangre caliente. Así es como era yo y creo que a veces lo sigo siendo. Su carácter emocional es lo que le pierde”. Pero Jimmy encuentra su voz y con ella la forma de salir de las fronteras que amenazan con asfixiarle.

  Fascinado por el mundo del hip hop, el productor Brian Grazer llevaba mucho tiempo convencido del enorme potencial dramático de este tipo de música, que el cine no había sabido nunca explotar. Estaba decidido a encontrar un argumento que permitiera llevar a la pantalla la fuerza, la energía y la autenticidad del hip hop.

Dice Grazer: “Llevo más de veinte años interesándome por el hip hop. Escuché la música de Slick Rick, un excéntrico artista de hip hop que contaba en sus canciones historias perversas llenas de humor y de sinceridad. Eso me llevó a querer descubrir las raíces del hip hop, su funcionamiento, la relevancia que tienen las letras. Todo esto fue antes de que el hip hop se convirtiera en la base de una industria multimillonaria”.

  Grazer sabía que para que una película sobre el rap funcionara, era esencial encontrar al artista adecuado. Y el destino quiso que Grazer se fijara en el brillante y polémico rapero Eminem justo cuando éste andaba buscando un proyecto adecuado para realizar su debut en el mundo del cine.

  Eminem y el productor Jimmy Iovine habían escuchado todo tipo de ofertas pero sin encontrar nada que les interesara, hasta que hablaron con Grazer. Dice Iovine: “Nosotros lo que hacíamos era lanzar la bola y Brian Grazer fue el primero que nos la devolvió”.

  Dice Grazer: “Hace años que empecé a interesarme por Eminem. Aún no era una estrella, pero yo le veía como alguien lleno de carisma que podía convertirse en una explosiva estrella cinematográfica. Le cité en mi despacho y al principio no abrió la boca. Ni siquiera me miraba. Cuando habían pasado unos quince minutos empezó a reaccionar. Y cuando se puso a hablar, tenía una elocuencia y una inteligencia fantásticas”.

  Una vez llegado a un acuerdo con Eminem, Grazer contrató de guionista a Scott Silver, quien había hecho una película independiente, Johns, llena de un realismo urbano similar al que el productor andaba buscando para Ocho millas. Observa Grazer: “No hace falta ser un fan del boxeo para apreciar Rocky o Toro salvaje; de igual modo que no hace falta ser un fan del hip hop para apreciar Ocho millas. Es una película que habla de la resistencia humana, de la tenacidad, de la capacidad de supervivencia”.

  Según dice el director Curtis Hanson, este proyecto le permitía explorar un estrato de la cultura americana y hacer un retrato de un grupo de gente que lucha por encontrar un camino propio: “En esta película mostramos un mundo poco visitado por el cine o por los telediarios: una América empobrecida que se esfuerza por buscarse la vida de forma legal en medio de la desolación de los ghettos urbanos. Para los habitantes de Detroit la 8 Mile Road marca el límite de la ciudad, es una frontera. Para Jimmy, el protagonista, lo que marca es la frontera psicológica que le separa de lo que quiere llegar a ser. Si lo piensa uno bien, todos tenemos nuestras propias “ocho millas” en el horizonte...” Los personajes y el argumento de Ocho millas son ficticios pero Eminem conoce bien el mundo de Jimmy Smith Jr. : “La 8 Mile separa la ciudad de los barrios suburbanos. Ser un rapero que se ha criado en el lado de Detroit, y no en el lado suburbano, te da credibilidad. Es algo muy importante. Si no escuchas hip hop, si todo eso te da igual, no te parecerá importante. Pero si estás metido dentro, cuenta mucho”.

  El trabajo para preparar su debut como actor comenzó con un período de ensayos de seis semanas. Dice Eminem: “Curtis tiene un método muy personal para organizar los ensayos. No es sólo personal, es “tiránico”... Durante más de un mes ensayamos sin parar, probamos diferentes formas de decir los diálogos. Eso nos dio la oportunidad de conocernos. No quiero sonar cursi, pero Curtis es un gran artista. Es de ese tipo de directores que, cuando tú crees que ya sabes cómo resolver una escena, se descuelga con una sugerencia para un enfoque diferente del que tú habías pensado... y mucho mejor”.

  Hanson también se deshace en elogios sobre el rapero que debuta con él: “Marshall me ha dado todo lo que un director puede esperar de un actor: un talento enorme, concentración, dedicación y una entrega total a la historia que queríamos contar. Su actitud ante el trabajo era de humildad, respeto y una tremenda auto-disciplina. Por muy difíciles que fueran las circunstancias, siempre estaba dispuesto a hacerlo lo mejor posible y a encontrar el lado verdadero de cada situación”.

  En busca de la actriz adecuada para encarnar el papel de Stephanie, la madre de Jimmy, Hanson recurrió a Kim Basinger, quien había ganado un Oscar y un Globo de Oro por su trabajo bajo su dirección en la película L. A. Confidential. Basinger aceptó enseguida la propuesta: “Para mi fue todo un regalo poder volver a trabajar con Curtis. Es la experiencia de trabajo más sincera que he tenido. No conozco nadie con más talento o más digno de confianza que Curtis. Los artistas somos seres muy inseguros, siempre buscamos a alguien que nos pueda servir de guía para hacernos dar lo mejor de nosotros mismos. Curtis te apoya siempre, es una persona humilde y maravillosa que se entusiasma como un crío, es un gran amigo y tiene un lado misterioso... Es la combinación perfecta. Me siento muy afortunada de conocerle”.

  Hanson supo conectar también con una serie de importantes artistas jóvenes, que respondieron a su llamada. Diced Brittany Murphy: “Hablé con Curtis unas cuantas veces. Fue un encanto conmigo y me gustó la historia que me propuso. Me pareció que hablaba de una parte del país a la que todavía no se ha hecho justicia en el cine. Cuenta la situación de un joven con una asombrosa cantidad de energía que busca la forma de dar cauce a esa energía para mejorar su futuro. Cualquier artista conoce esa situación. Puedes utilizar esa energía o dejar que te devore, y ese es el dilema al que se enfrenta Jimmy en la película”.

  La actriz prosigue: “Curtis tiene un método muy interesante para enfocar los ensayos. En cierto modo es como un gran maestro de marionetas, es un hombre con un lado muy misterioso. Hizo que todos nos conociéramos a fondo, nos hicimos amigos y descubrimos nuestras manías respectivas. Yo era la única chica en aquella pandilla de chiflados: fue una locura, y algo muy divertido. Cuando había acabado de ensayar mis escenas me quedaba para verlos ensayar a ellos, porque me lo pasaba en grande”.

  Dice Mekhi Phifer: “Cuando me contaron el proyecto no me pareció demasiado estimulante. No quise ni leer el guión. Pensaba que iba a ser una película de raperos y no me interesaba hacer una película de ese tipo. Pero luego hablé con Curtis y descubrí que Ocho millas iba a ser una comedia, un drama, un film de acción, toda una mezcla de géneros. Habla de encontrar tu propio camino, de buscar la felicidad, de hacer realidad tus sueños, de no dejar que tu talento se desperdicie...”

  En la fase de ensayos los actores se unieron en una especie de cruzada en pos de la verdad en la que se fundieron el arte y la vida, dice Phifer: “Nos incorporamos al proyecto sin albergar falsas pretensiones. Aportamos nuestra pasión y nuestras ganas de trabajar. Queríamos mejorar el proyecto y hacerlo nuestro. Los ensayos nos ayudaron a definir nuestras relaciones. Cambiamos la dinámica existente entre los personajes, les dimos mayor veracidad y tratamos de comprender mejor sus motivaciones”.

  La gran obsesión de Hanson durante toda la producción fue conseguir el mayor grado posible de autenticidad: “Quería darle a la película un tono real, natural. Casi como si fuera un documental. Me apetecía explorar el mundo en el que tiene lugar la acción y quería que el espectador tuviese la sensación de que él también se internaba en ese mundo”. Hanson escogió a su equipo teniendo ese objetivo en mente: captar tanto la realidad que buscaba como la auténtica textura de la ciudad de Detroit. Para ello eligió a un grupo de técnicos que alternan su trabajo entre el cine independiente y el cine de la gran industria.

  El director de fotografía mexicano Rodrigo Prieto había impresionado a Hanson con su trabajo en la película Amores perros, por su realista retrato de la vida en las calles de una de las ciudades más duras del mundo, México D. F. Dice Prieto: “Tras haber rodado películas de época como Frida y Pecado original, me encantó la idea de hacer otra película de ambiente urbano al estilo de Amores perros. Curtis me dijo que quería que Ocho millas tuviese el aspecto de una hierba que crece en el cemento... Me encantó la imagen que utilizó”.

  El director artístico Philip Messina, colaborador habitual de Steven Soderbergh, dice: “Cuando lei el guión por primera vez me dio la impresión de que la acción transcurría en un mundo que me resultaba ajeno. Pero Curtis me dejó muy claro que no íbamos a hacer otra película de raperos. Ibamos a contar la historia de un viaje. Entonces supe que podría hacer una película sobre un mundo que no conocía, y darle un toque de autenticidad. Desde el punto de vista del diseño, la tarea más importante era conseguir un aspecto realista”.

  Tras alguna que otra discusión inicial, se decidió rodar la película en Detroit. Dice Brian Grazer: “Era importante rodar en Detroit, sobre todo para Curtis, porque quería hacer una película que resultase muy auténtica. Y cuando ves la película terminada comprendes que no podría haberse rodado en ningún otro sitio”.

  Rodar en Detroit, y en pleno invierno, es todo un desafío. Pero el equipo de la película aprendió pronto a sintonizar con la ciudad. Dice Hanson: “Llegar a conocer Detroit a fondo fue toda una revelación. Por todas partes había trazas de lo que la ciudad había sido: cuando prometía un futuro a todos los que llegaban allí. Ahora no parece prometer nada. Era un escenario perfecto, tanto desde un punto de vista visual como temático, para nuestra historia”.

  Hanson y Prieto concibieron un estilo a la vez disciplinado y abierto para la película. Dice Prieto: “Si no buscas la perfección te sale algo más espontáneo. Ese fue el criterio que seguimos para la fotografía de la película. Curtis y yo hablamos de la forma de vida de esos chicos y del rap de estilo libre que cultivan... y así fue como rodamos la película: con un estilo libre y amplio espacio para la improvisación. Trabajamos casi siempre con la cámara al hombro, lo que nos dio más libertad al no estar sujeta la cámara a unos raíles o a un trípode. Puedes moverte alrededor de la acción, adaptarte a ella, hacer que tu trabajo sea algo orgánico respecto al trabajo de los actores. No hemos rodado complicados planos con grúa y en general hemos recurrido pocas veces a planos generales de situación. En esta película descubrimos la ciudad de Detroit a través de los personajes. Da gusto trabajar con Curtis: sabe escucharte como si fuera un miembro más del equipo. Sabe lo que quiere pero siempre pregunta tu opinión. Y si piensa que estás en lo cierto, hace lo que le dices sin vacilar. No tiene problemas de ego: sólo le preocupa el resultado de la película”.

  El director artístico Messina se quedó asombrado con la variedad de escenarios que le ofrecía Detroit. Esa variedad se debe en parte al gran número de edificios vacantes o reciclados que dan testimonio del ilustre pasado de la ciudad. Edificios de oficinas vacíos o que se han convertido en condominios. Iglesias que se han convertido en restaurantes. Mansiones con un siglo de vida, de la época del Ford T, que ahora son asilos o teatros comunales. Esta tendencia de reutilizar lo antiguo, de reciclar elementos de antes de la crisis, no es sólo típica de Detroit sino también del propio estilo del hip hop, que a menudo recurre a “samplear” ritmos del pasado. Como escribe Nelson George en su libro “Hip Hop America”: “El hip hop es un arte posmoderno en el sentido de que saquea sin pudor formas antiguas de la cultura popular: las películas de karate, los cómicos que actúan en locales de poca monta, la música funky de los años 70 y otras fuentes igual de disparatadas. Lo que hacen con ese material es darle una forma nueva para que se adapte a la personalidad de cada artista individual y a los gustos actuales”. Hanson y Messina prolongaron esta idea y mostraron muchos edificios de Detroit que han tenido una o más vidas pasadas, en lo que es un reflejo de la lucha de la ciudad para sobrevivir y reinventarse a sí misma en el curso del tiempo.

  Un ejemplo de este fenómeno es el Michigan Theatre, inaugurado en el año 1926, y que ha sido luego restaurante, club nocturno y finalmente un parking. Messina dice: “Es uno de los sitios más extraños que he visto en mi vida. Han destripado literalmente el edificio por dentro; queda intacta una cuarta parte del proscenio, sobre el que todavía penden unas raidas cortinas, y el resto lo han convertido en un parking de tres plantas. Nos enamoramos de este lugar y es uno de los escenarios más importantes de la película”.

  El equipo reconstruyó también el local Chin Tiki en su escenario original. Dice Messina: “Era como si lo hubieran cerrado el sábado anterior. Había todavía botellas en el bar. El dueño vino a vernos la noche que rodamos allí y casi se pone a llorar cuando vio su viejo restaurante resucitado y otra vez lleno de actividad...”

  Otro escenario importante es el de la “casa abandonada” en donde violan a una niña, lo que provoca que el grupo Three One Third incendie el local. Estos hechos siguen pasando en Detroit pero en el año 1995 adquirieron un carácter epidémico: hubo más de cuatro mil incendios, la mayoría de ellos en la llamada “Noche del diablo” que precede a la fiesta de Halloween. Dice De’Angelo Wilson: “Muchas de esas casas abandonadas se convirtieron en lugar de reunión para adictos al crack y en sitios muy peligrosos para los vecinos de la zona. Y el ayuntamiento no quería o no podía hacer nada para resolver el problema. Para mi personaje, DJ Iz, que se considera un activista político, quemar esa casa no es algo divertido... es un acto político”. Para Jimmy, el incendio es un punto de inflexión desde el punto de vista emocional, pues le lleva a reflexionar sobre la función anterior que tuvo esa casa como hogar familiar, y por extensión sobre la vida en familia que él nunca ha conocido.


Imágenes y notas de cómo se hizo "8 millas" - Copyright © 2002 Imagine Entertainment y Universal Pictures. Distribudora en España: UIP. Todos los derechos reservados.

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