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Dirección: Franco
Zeffirelli.
Países: Italia, Francia y
España.
Año: 2002.
Duración: 111 min.
Interpretación: Fanny
Ardant (Maria Callas), Jeremy Irons (Larry
Kelly), Joan Plowrigth (Sarah Keller), Miguel
Ferrero (Enzo), Jay Rodan
(Michael), Gabriel Garko (Marco), Ignacio Paurici (Ignacio),
Ángela Molina (Secretaria de Callas), Jean Dalric.
Guión: Franco
Zeffirelli y Martin Sherman.
Producción: Olivier
Granier, Riccardo Tozzi y Giovannella Zannoni.
Música: Alessio
Vlad.
Fotografía: Ennio Guarnieri.
Montaje: Sean
Barton.
Dirección artística: Bruno
Cesari.
Vestuario: Karl
Lagerfeld, Anna Anni, Alessandro Lai y Alberto
Spiazzi.
Estreno en España: 15 Noviembre 2002. |
CRÍTICA
por
Diego Vázquez
Aplastados por el mito
Por motivos de la más diversa
índole nadie hasta ahora había con-seguido llevar la figura de
Maria Callas, uno de los mitos más im-portantes del siglo XX, a
la gran pantalla. Se han realizado varios documentales sobre su
obra y su persona y a la propia Maria se la puede ver en el
único papel que interpretó en su vida para el cine en la "Medea"
de Passolini, pero es este film de
Zeffirelli,
un amigo íntimo y director de escena de algunas de las óperas
más impor-tantes interpretadas por la diva, el primero en
acercarse a ella des-de la ficción, con la intención de
conquistar al gran público. Para ello este director ha optado
por no recurrir tanto a sus recuerdos personales o a la vida
real de la diva, como a inventarse un posible episodio de la
etapa final de su existencia, en la que se mantuvo alejada del
ojo público (según algunos por decisión propia al haber perdido
su preciada voz y según otros por no llevar a buen puerto
ninguno de sus proyectos de regreso), consiguiendo un resultado
que se queda en muy poquita cosa a la hora de
intentar abar-car lo que significó y sigue significando una
personalidad y una figura como Maria Callas.
Quizás la afirmación de que Zeffirelli fuera el director más
adecuado para llevar a escena la vida de esta artista
(incesantemente invocada en las no-tas de producción facilitadas
a la prensa por la distribuidora), vistos los resultados, no sea
tan cierta, pues es evidente que no ha sabido coger el to-ro por
los cuernos y escarbar firme y audazmente en las profundidades,
ri-quezas y grandes tristezas de un ge-nio solitario, al que la
vida trató tan bien en algunos aspectos como casti-gó duramente
en otros. El guión de
Martin Sherman
y del propio Zeffirelli se adentra en la soledad de aquel
periodo final y en la posibilidad (ficticia) de haber regresado
a la luz pública con una ópera filmada en la que habría sido
doblada por su propia voz registrada 20 años antes cuando se
encontraba en su mejor momento, que finalmente no prospera por
deseos de la propia interesada, la cual aprovecha para
otorgarnos una lección de honestidad y entereza un poco
im-postada y con olor a didactismo fácil, que como la mayoría
del res-to de cuerdas de las que trata de tirar este film se
queda en muy superficial, en un momento candoroso y muy para
toda la familia. Esto unido al aspecto visual, envejecido y
repleto de subrayados y obviedades, terminan por condenar al
film a la categoría de trabajo televisivo de
lujo. Un poco lo
contrario de lo que sucedía con "Resurrección" de los hermanos
Taviani, presentada en el reciente-mente finalizado Festival de
Valladolid, en donde un trabajo inicial-mente pensado para
televisión lograba elevarse por encima de las limitaciones del
medio gracias al talento de sus artífices y funcionar así
cinematográficamente.
La manera de
filmar de Franco Zeffirelli no supone ninguna sorpresa.
Mucho más suelto a la hora de enfrentarse a los mo-mentos
teatrales del rodaje de la ópera que tratando de dar vida a la
historia principal entre Maria y un viejo manager musical amigo
suyo, en donde vuelve a hacer gala de sus peores manierismos con
la cámara y su sensibilidad un poco cursi, remitiéndonos a
mo-mentos lacrimógenos y bastante fuera de tono de otras obras
su-yas como "Campeón". Y es que su manía de abusar hasta
extre-mos imposibles del primer plano, cuando no del primerísimo
primer plano del actor o de la actriz en un momento de éxtasis
emocional, nunca le han servido para ser tomado muy en serio o
para conse-guir que los espectadores penetraran realmente en sus
cintas, por muy buenas intenciones que éstas tuvieran.
El caso se vuelve a repetir aquí con un film que a priori no
pintaba mal: pretendía ser un cuento bonito, aún más mitificador
si cabe con su perso-naje de lo que la historia ya lo había
sido, con una pareja de actores de re-nombre como
Fanny Ardant y
Jere-my Irons
(ambos muy esforzados
y tratando de salvar el film, con ella muy metida en el papel
aunque borde-ando en demasiados momentos el ex-ceso),
acompañados por una secun-daria de lujo (la siempre estupenda
Joan Plowright
interpretando a la
periodista confidente de Maria, que se alza con facilidad como
lo mejor de la película) y envueltos en una
banda sonora de autentico lujo repleta de interpreta-ciones de
la diva (un comodín seguro) y por un derroche de decorados y
vestidos (tampoco del todo aprovechados).
Pero las intenciones no son suficientes siempre para entregar
finalmente un buen trabajo y las continuas lagunas del guión
(¿para qué sirve, por ejemplo, la relación homosexual que vive
el personaje que in-terpreta Irons con un joven pintor, cuando
ésta es cerrada sin haber llegado a ninguna parte en el último
tramo de cinta?), sumadas a la excesiva mano blanda de su
director terminan por no hacer justicia al personaje y al rico
material con el que se partía, quedándose to-do en una cinta que
a duras penas roza el aprobado o se puede ver sin salir de ella
excesivamente molesto.
Calificación: 5
/ 10
Imágenes
de "Callas forever" - Copyright © 2002 Alquimia Cinema, Medusa
Produzione y France 2 Cinéma. Fotos por Fabian Cevallos. Todos los derechos
reservados.
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