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cartel |
Dirección: Manuel
Gutiérrez Aragón.
País: España.
Año: 2002.
Duración: 119 min.
Interpretación: Juan
Luis Galiardo (Don Quijote), Carlos Iglesias
(Sancho Panza), Marta Etura (Dulcinea), Manuel
Manquiña (Merlín), Emma Suárez (Duquesa), Juan
Diego Botto (Tosilos), Fernando Guillén Cuervo
(Secretario), Manuel Alexandre (Montesinos),
Joaquín Hinojosa (Duque), José Luis Torrijos (Cura), Víctor
Clavijo (Barbero), Santiago Ramos (Sansón Carrasco), Kiti Manver
(Ama), María Isasi (Sobrina).
Guión: Manuel
Gutiérrez Aragón; basado en la obra de Miguel
de Cervantes.
Producción: Juan
Gona.
Música: José
Nieto.
Fotografía: José Luis Alcaine.
Montaje: José
Salcedo.
Diseño de producción: José
Luis Jiménez.
Dirección artística: Félix
Murcia.
Vestuario: Gerardo
Vera.
Estreno en España: 8 Noviembre 2002. |
CRÍTICA
por
Diego Vázquez
Tocando el
cielo cervantino
Que nadie
se asuste ni salga co-rriendo. No se trata de una nueva
adaptación de un clásico de nuestra literatura (EL CLÁSICO) con
funcio-nes pedagógicas y valores de sustitu-to de la lectura del
original para traba-jos escolares, o de uno de esos tos-tones
literarios que no saben que el cine es otro lenguaje. Lo que
Manuel Gutiérrez Aragón nos
ofrece en su segunda aproximación a la abruma-dora obra maestra
de Cervantes, es un relato mágico y complejo que trae
necesario aire fresco a la ci-nematografía nacional y que se
coloca así, llanamente, como el mejor Quijote filmado hasta la
fecha (sólo las imágenes del que nunca llegó a terminar
Welles apuntan a un logro parecido). Digo segunda aproximación,
pues Gutiérrez Aragón fue también el encargado de llevar las
aventuras de este caballero andante a la televisión, en una
serie protagoni-zada por Fernando Rey y Alfredo Landa donde sólo
se adaptaba la primera parte de la novela. Aquella serie, aunque
de calidad nota-ble, no sabía desprenderse tan bien del original
literario y no mos-traba la soltura y madurez que desprende esta
segunda aventura. Ahora, 10 años después de aquélla (el mismo
tiempo que transcu-rrió entre la publicación de las dos partes de
la novela de Cervan-tes), su director lleva a la pantalla grande
el segundo libro de las aventuras del universal hidalgo;
transformadas, reposadas y teñidas de un insoportable sabor de
derrota, de vejez y de fin de la fantasía, que hacen de este "El
caballero Don Quijote", el film probablemen-te más triste y
crepuscular de lo que va de año.
La
primera gran virtud del film viene dada por su inapelable
deci-sión de romper con los tópicos que rodean la imagen popular
de sus protagonistas (de la que es en buena parte
responsable Gustave Do-ré y sus famosos grabados que han
acompañado infinidad de ediciones del libro). Aquí ni Quijote es
espigado y locuaz, ni Sancho es gordito y ton-torrón. De hecho,
los monólogos de Quijote no han sonado nunca tan do-lorosos y
tristes, ni han tenido nunca esa cualidad de alientos de vida
nece-sarios para agarrase a una fantasía que poco a poco se va
quebrantando; necesarios para no enmude-cer. Si añadimos que la
elección de su pareja protagonista se des-cubre como perfecto
contrapunto de la original televisiva (el idealis-mo y la
preocupación de Alfredo Landa como Sancho ha evolucio-nado hacia
el desencanto lleno de reproches de un excelente
Car-los Iglesias; mientras la
locura extrovertida y firme de Fernando Rey dan paso a un
Quijote cada vez más tristemente cuerdo, más romántico, íntimo y
débil, al que Juan Luis Galiardo
entrega lo mejor de sí mismo en una interpretación de auténtico
maestro) y que aquí la adaptación del lenguaje está mucho más
lograda, al hacer que todos los personajes hablen de manera
actual excepto Quijote (mucho más cerca de lo que sería el
espíritu de la novela si se hubiera escrito hoy), tenemos una
lectura certera y muy perso-nal de estas nuevas aventuras,
enriquecida por la propia compleji-dad de este segundo libro,
donde las confusiones entre el Quijote real (ya personaje
literario) con otro Quijote que le suplanta sobre el papel, la
mitificación del personaje real con esos propios escritos y las
representaciones en los pueblos de sus aventuras, terminan por
dar forma a un relato riquísimo y tan complejo como bien
adminis-trado desde la pantalla.
A los
muchos aciertos de la trasla-ción de la novela y a los bellos
mo-mentos en ella invocados (el descen-so a la cueva negra donde
realidad y ficción se confunden, la manera en que los nobles
engañan y se burlan de Quijote y Sancho o el encuentro agónico y
premonitorio con el mar) hay que ponerles algunos peros, so-bre
todo por haberse recortado en exceso la etapa de gobernador de
la falsa ínsula por Sancho Panza, uno de los mejores episodios y
de los más relevantes para la psicología de este personaje del
original, así como otros capítulos intermedios. Una vez la
cinta encara su tramo final, el trabajo visto en pantalla vuelve
a ser sobrecogedor y su seco y fulgurante desenlace deja la
sensación de estar frente a una visión definitiva sobre el
personaje.
El
magnífico acabado formal que envuelve el relato: la fotografía
de José Luis Alcaine, la
dirección artística de Félix Murcia
y la música de José Nieto
(de las mejores escuchadas nunca en una película española),
terminan por redondear esta pieza mayor de nuestro cine, a la
que ni sus pocas debilidades logran privarle de su lugar entre
las películas imprescindibles del año.
Calificación:
9 / 10
Imágenes
de "El caballero Don Quijote" - Copyright © 2002 Gonafilm.
Distribuidora en España: Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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