CRÍTICA
por
Leandro Marques
Buenos Aires, Argentina
Los últimos
destellos del doctor Lecter
"Dragón
rojo" está anunciada como la película
que retrocede en el tiempo para mostrar al tenebroso –y
fundamentalmente taquillero– Hannibal
Lecter meses antes de que aquella bella y joven agente del FBI
interpretada por Jodie Foster acudiera a su ayuda para tratar de
interpretar los movimientos del psicópata responsable de los
horrorosos crímenes que forman parte de la consagratoria cinta
original de la saga, "El silencio de
los inocentes". Tras su espera-dísima
pero para muchos decepcionante continuación, "Hannibal",
dirigida dos años atrás por Ridley Scott, se decidió para este
tercer filme de la serie acompañar a
Anthony Hopkins con reconocidos actores y un
argumento que sigue casi al pie de la letra la fórmula que llevó
al éxito mundial a la obra original.
Si bien en esta ocasión la pérdida de
creatividad narrativa evidenciada por la adaptación del libro de
Thomas Harris, de mismo
nombre que la pelí-cula, "Dragón
Rojo" tiene un mérito: no se deja caer
nunca, entretiene siempre, y logra que el espectador se dedique
a seguir la trama y olvidar (sin que eso signifique perdonar),
al menos por un momento, la similitud argumental con "El
silencio de los inocentes". El
realizador Brett Ratner no se
preocupa de-masiado por concebir un
producto ambicioso, sólo se dedica a brindar a través de las
imágenes el soporte visual necesa-rio
para acompañar a quienes cargan con el verdadero peso de la
historia, los actores.
Además de la siempre atrapante pre-sencia
de Hopkins en la piel de Hannibal (aunque esta vez algo so-brepasado
de tics y expresiones tenebrosas), son de la partida el
excelente Edward Norton,
Ralph Fiennes,
Harvey Keitel y
Emily Watson.
La
película arranca de manera fulminante. Con Hannibal en li-bertad,
haciendo gala de su delicada intelectualidad, cenando una
elogiada y sugerente comida con los músicos de una orquesta, tra-bajando
junto al detective William Graham en la investigación y per-secución
de un impiadoso y cerebral asesino en serie. Una noche, el
agente del FBI visita al doctor y le comenta su último descubri-miento:
el criminal usa los órganos que extirpa de sus víctimas para
comerlos. Inmediatamente el clima se tensa, las miradas se afilan
y Hannibal, sintiéndose descubierto, ataca con frialdad, pero
William se defiende y logra reducirlo. Resultado final: el
“caníbal” es reclutado en un instituto psiquiátrico de máxima
seguridad. El mis-mo que lo hospeda en
"El silencio de los inocentes".
La segunda secuencia del filme mo-difica
radicalmente el eje narrativo de la cinta. Graham, ahora ex
agente, vi-ve con su familia en una
playa alejada de la civilización y disfruta de su nue-vo
oficio, reparar lanchas. Todo es tranquilidad para él hasta que
recibe una visita, la de su ex jefe, que pasa a informarle que
dos familias han sido recientemente masacradas por un
trastornado que sigue los pasos de Lecter. El ex oficial se deja
convencer y decide colaborar por unos días en la investigación.
Así comienza la nueva película. Poco a poco las pistas lo van
acercando al perverso criminal, pero nunca lo demasiado como
para poder finalmente capturarlo. Sólo una persona es capaz de
interpretar sus procedimientos y vaticinar sus siguientes pasos.
Sí, esa persona es Hannibal Lecter.
Es
interesante la relación que mantienen Lecter y el agente en la
historia. Se respetan y admiran mutuamente. Son igualmente
inteli-gentes y perspicaces, con una
diferencia, como dice Graham, la locura enferma del doctor, que
alimenta el recelo y rencor que siente Lecter por quien fue
capaz de descubrirlo. Pero el director no hace hincapié en
profundizar la conexión psicológica que los vincu-la.
Prefiere utilizar esa relación como un componente más, pinto-resco,
de la investigación. Y a diferencia de lo que sucede en "El
silencio de los inocentes", se
involucra más con la vida del psicó-pata,
interpretado por Fiennes. Sometido de pequeño al brutal trata-miento
que recibió de su abuela, quien lo hostigaba con crueldad por
una pequeña deformidad en su labio, el voraz asesino tiene
también un costado humano, bondadoso, que le permite acercarse
al amor de una compañera de trabajo, ciega, encarnada por Emily
Watson. Este psicópata tiene debilidad, se debate en
contradiccio-nes, lucha para
detenerse, pero la fuerza de un extraño dios, un dibujo de
William Blake llamado 'El dragón rojo',
es demasiado po-derosa, y termina
doblegándolo.
La cinta se reparte en dos historias
paralelas. Por un lado, la investiga-ción
de los crímenes, los diálogos en-tre
Lecter y el agente William, las pistas enigmáticas que el doctor
ofre-ce a cambio de una cena
suculenta. Por otro, la vida del psicópata, su re-lación
con el dragón, con los recuer-dos de
los maltratos recibidos, su amor hacia la mujer que lo con-mueve,
su admiración hacia Lecter, su contacto con él. Y en
un punto, previsiblemente, ambas historias se cruzan. Las
buenas interpretaciones, el buen manejo de los ritmos
narrativos, al-gunas imágenes de
extrema violencia, y fundamentalmente la ausencia de mayores
pretensiones hacen de "Dragón
rojo" una película entretenida. Pero
ninguno de estos factores evita convertirla en una cinta
intrascendente, que sólo quedará
en el recuerdo por tratarse de un nuevo intento de la industria
norteamericana de facturar millones a costa de la popularidad de
un personaje.
Imágenes
de "El dragón rojo" - Copyright © 2002
Dino de Laurentiis Productions y Universal Pictures. Distribuidora en
España: UIP. Fotos por Glen Wilson. Todos los derechos
reservados.
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