CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Una que no
se tragó lo de "quedamos como amigos"
Ben (Jesse Bradford) es un
estu-diante de un instituto que procura gran dedicación a su
afición favorita, la natación, deporte en el que destaca muy por
encima de sus compañeros y que puede abrirle las puertas de una
importante universidad a través de una beca. Este atractivo
joven parece te-nerlo todo en la vida. Además de sus triunfos en
la piscina y de la admira-ción de sus colegas, goza de una
fe-liz relación sentimental con su novia, Amy (Shiri
Appleby), que es un completo dechado de virtudes. Por
si fuera poco, también emplea parte de su tiempo libre en un
hospital, donde los pacientes están encantados con su amabilidad
e interés. Pero un buen día, aterriza en la escuela una chica
nueva, Madison (Eri-ka Christensen),
quien queda prendada de las gracias de Ben y va reconduciendo la
situación hasta que, por distintas circunstancias, una noche
visitan juntos la piscina y pasa "lo inevitable". Tras ese
primer y único encuentro sexual... acuático, Ben le deja claro
que aquello no debe significar nada en su relación futura, pues
él quiere a su novia y no desea hacerle daño. Madison
aparentemente acep-ta este gastado discurso masculino –"Manual
sobre cómo nadar y guardar la ropa", se podría titular para la
ocasión–, prometiendo mantener el secreto y no inmiscuirse en
sus asuntos. Sin embargo –o aquí se acabaría el tema y no habría
película– la joven sigue enamorada de él de una forma obsesiva,
con una percepción to-talmente alterada de la realidad, y
empezará a hacerle la existencia imposible, llegando incluso a
arruinar su vida y a poner en peligro la de Amy...
Si prescindimos del marco concreto en que se desarrolla
"Swimfan" –olvi-démonos de la piscina, del instituto, de la beca
universitaria, y de la corta edad de sus partícipes–, ¿les
recuer-da a algo el argumento de esta pelícu-la? En efecto, el
más inmediato refe-rente de esta historia se puede en-contrar en
Atracción fatal, film que en los ochenta protagonizaron Michael
Douglas y Glenn Close como pareja de ocasionales amantes "en
discordia". De hecho, la eti-queta –no oficial pero sí oficiosa–
que se le ha adjudicado a "Swim-fan" de "versión juvenil de
"Atracción fatal"", no resulta simplista o desafortunada; no le
falta razón, lo difícil habría sido no estampár-sela en la
frente a la salida de fábrica. No se trata de un remake confeso
de la cinta de Adrian Lyne –que podría–, pero son tantas las
coincidencias entre ambos títulos que incluso se lleva este
pa-ralelismo a escenas particulares de la presente producción:
donde allá era una bañera, aquí es una piscina... sólo es
cuestión de pro-porciones. Y para ello han hecho falta no uno,
sino dos guionis-tas... Ahora bien, como indica su director, el
también actor John Polson,
su película va dirigida principalmente a un público alrede-dor
de los veinte años de edad, target, es de suponer, que en su
mayoría no habrá visto "Atracción fatal" y que, por tanto, no
estará en disposición de hacer comparaciones. Así que haciendo
trampas el muy pillín...
"Nº 1 en U.S.A.". Ésta es la carta de presentación con que
"Swimfan" llega a nuestro país, reflejando la rea-lidad de sus
millonarias recaudacio-nes en las salas norteamericanas. Muy
probablemente esto sea así por-que, al margen de cuestiones
comer-ciales que le han sido favorables, no tenga mucho más
substancioso que ofrecer. No queda lejos de su alcance imaginar
los conocidos in-gredientes de esta explotada y siempre rendible
fórmula: un poco de intriga dentro de los cauces
convencionales, unas notas de casto erotismo, unas caras
populares, música potente pe-ro "de buen escuchar" y una
facturación agradable. Un pro-ducto justito, de digestión y
expulsión fáciles y rápidas, que sólo consigue engañar al
estómago vacío por un rato –siempre que uno sea conformista–, y
que se elimina tan pronto se cruza la puer-ta del cine de
regreso a casa... o camino de allá donde le lleven sus pasos
tras la sesión cinéfaga del día.
Ésta es un tipo de película que se acepta condescendientemente
como blockbuster de fin de semana –"es que la que quería ver ya
estaba al-quilada..."–, en uno de esos días tontines, cuando uno
se quiere relajar en el sofá, sin exigirse nada ni a sí mismo ni
a los demás –sobre todo esto último–, y pasar un par de hori-tas
sin más preocupaciones. Creo que se hace innecesario revelar-les
lo conocido de la trama, la obviedad de cada detalle, las
conver-saciones oídas mil veces, lo superficial de las actitudes
y compor-tamientos de los personajes, la menguada veracidad de
las situa-ciones que se generan, la carente explicación de las
motivaciones que se esconden tras ellos, y el promiscuo uso de
tipicidades y clichés. No obstante, y debido al hecho de que sus
destinatarios pertenecen a la generación del Mc Donald's y la
MTV, el dina-mismo y agilidad del ritmo, la estudiada
intercalación de clímax, y el corte, si no descaradamente
videoclipero, sí conceptualmente televisivo, ayudan a aparcar el
bostezo físico –otra cosa es el bos-tezo mental, porque como
estímulo es un pobre entretenimiento–.
La
dirección de Polson es rutinaria y poco sugerente, in-cluso en
sus moderados intentos de darle un aspecto moder-no y juvenil a
la narración. Se encuentran algunos efectismos, como esa
"mermelada de cortes" para dotar de mayor intensidad dramática a
ciertas secuencias de diálogo, de los que podría haber
prescindido perfectamente.
Película desfavorecida incluso si la equiparamos con otros
productos del subgénero adolescente, como por ejemplo "Scream" o
"Sé lo que hicís-teis el último verano", pues si aqué-llas, a
pesar de sus detractores, ya forman parte de la cultura popular
porque en su momento ofrecieron al-guna clase de asidero,
"Swimfan" pronto correrá la suerte del olvido. Peor fortuna
correría al lado del film de Lyne, quedando en clara desventaja,
y es que no hay color. En este sentido, sí debe decirse que como
deudora o innecesaria copia menor de Atracción fatal, también
aquí se puede entrever, de forma más o menos manifiesta, esa ya
inevitable dosis de mora-lismo del cine de Hollywood, que
pretende advertirnos de los ries-gos de la infidelidad, ya sea
ésta castigada al modo Lyne –reali-zador notablemente interesado
en esto del adulterio, y si no, re-pasen su filmografía– o al
modo Zemeckis, más espectral, en "Lo que la verdad esconde" (y
otra bañera por medio).
Por último, de un reparto en que, a decir verdad, nadie destaca
por méri-tos propios, mencionaría a una Erika Christensen (hija
en la ficción de Dou-glas en "Traffic")
a quien le queda grande tanto el papel de "chica mala
desequilibrada", como el de "chica sexy seductora". Más allá de
barati-jas filosóficas del tipo "el hombre no está hecho para la
monogamia" o "es joven y tiene las hormonas revueltas", cuesta
grandes esfuerzos comprender por qué el prota-gonista de este
film acaba echando una canita al aire con esta moza de
redondeces cortisónicas que se hace desagradable hasta en el
rictus que adopta a la hora de sonreír. Pero "Swimfan" deja
tantos "porqués" y "cómos" suspendidos, que ya no viene de aquí.
Valoración: 4
/10

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