CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Grietas en una vida de color rosa
Lejos de su habitual estilo
experimental y transgresor,
Haynes
("Sa-fe", "Velvet Goldmine") vuelve la vista hacia el melodrama
de los años 50, y especialmente hacia el Douglas Sirk de "Sólo
el cielo lo sabe" y "Obsesión". Es la manera elegida para
conectar con el público a tra-vés de las emociones, a la vez que
se cuestiona un optimismo ameri-cano que ahora es actualizado,
aunque conservando toda la estética del technicolor, tan en boga
en esos años y que tan bien habla de esa felicidad edulcorada.
Estamos ante una vida
construida sobre las apariencias, con la úni-ca preocupación de
la opinión pública, pero que no puede ocultar por mucho tiempo
la falsedad que se esconde en su interior. Con sonrisa
promocional, apareciendo en las portadas de las revistas de moda
y de barniz filántópico, así vive la ingenua Cathy, en un
ambiente idílico, junto a una familia modélica y de posición
acomodada… hasta que la vida se impone, y el edificio se viene
abajo porque no todo es lo que parece.
Con una fotografía que nos introdu-ce en una
época ya pasada, con un vestuario y una ambientación cuida-da
hasta los más pequeños detalles, y unos movimientos de cámara
pau-sados y amables,
desde el primer plano de una hojas otoñales a punto de caerse
–magnífica metáfora sobre unas vidas caducas– nos da la
sensación de estar ante una película rodada en los años del
mismo Sirk. Pero también destaca la in-terpretación de una
Julianne Moore
que ha llegado a la madurez con el papel de una mujer dulce a
quien le falta valentía y convicción para no enga-ñarse, una
mujer que prefiere mantener el disfraz antes que afrontar la
realidad, más cruda y complicada que el sueño americano; por su
par-te, el personaje de
Dennis Quaid no
es tampoco fácil por su comple-jidad, pero Haynes sabe captar
sus muestras de debilidad y egoísmo, su lucha por permanecer
fiel y evitar su desviación afectiva. La apues-ta explícita por
lo emocional es evidente y viene reforzada por una mú-sica de
Elmer Bernstein
que no cesa durante toda la película, y que mantiene –un poco
artificialmente– ese toque romántico y de ensoña-ción.
Temáticamente, también se
pretender traer un aire clásico y expli-citar lo que se supone
que entonces debía permanecer oculto. Se ele-va una voz a favor
de la tolerancia y de la autenticidad, con un mari-daje excesivo
entre racismo y homosexualidad, y una invitación a mi-rar lo que
hay debajo de la piel y a alejarse de posiciones hipócritas.
Podría pensarse que el director no ha hecho más que imitar y
home-najear a Sirk, pero eso sería injusto con quien ha sabido
hablar de amor y de esperanza, de falsedad y de realidad
–a
la vez que conec-tar con el público y sus emociones–
para hacer una
película como las de antes pero que sirve para el espectador de
ahora.
Calificación:
    
Imágenes de "Lejos del cielo" - Copyright © 2002 USA Films.
Distribuidora en España: Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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