CRÍTICA
por
Diego Vázquez
Game over
La polémica vende. El morbo y la atracción por lo prohibido son
actitudes tan propias al ser humano como las que más. Parece
in-creíble que con tanta historia a nuestras espaldas, todavía
cosas tan inocentes o primigenias al ser humano como el sexo o
la vio-lencia sigan siendo temas tabúes en este teórico primer
mundo en el que vivimos y que con ellas, y con la ignorancia de
muchos, se siguen forrando otros. El penúltimo ejemplo de una
larga lista lo te-nemos en estas "reglas de la atracción",
transformadas en España en "Las reglas del juego" (que nada
tiene que ver con el clásico de Jean Renoir). Cuando ni tan
siquiera ha pasado una semana de "El
crimen del Padre Amaro" ya tenemos aquí a su rápida
sustituta, en este caso bastante más explícita y dispuesta a
provocar a toda costa que aquélla, por lo que, a pesar de sus
aciertos escasos, hay que lamentar que sus intenciones y metas
no vallan más allá de las de "Crónicas marcianas".
El asalto comienza desde su mismo cartel, una serie de muñecos
de pelu-che en distintas posiciones del Kama-sutra, censurado en
su exhibición en lugares públicos como calles, trans-portes,
etc. (¿cuánto dinero ahorrado en publicidad puede suponer esta
de-cisión?), que por otro lado, no sólo es ingenioso y
divertido, sino también re-almente provocador (no como en otros
casos): ¿qué mejor que uno de los símbolos más ligados a la
infancia como son los peluches para otorgarles actitudes
supuestamente adultas? La idea no es com-pletamente original,
pues mucho más lejos había llegado ya Peter Jackson con "El
delirante mundo de los Feebles (Meet the Fee-bles)", pero sí que
sirve de perfecto resumen y reclamo para lo que vamos a ver en
el interior: un retrato generacional juvenil al modo de la
magnífica "Kids", pero a la inversa (del tratamiento oscuro y
duro de aquélla al tratamiento luminoso y jovial de ésta, de la
juventud de las calles a la de los niños bien, de la narración
con intención documental a la del esteticismo y la modernez
desatada), en el que a través de varias fiestas en un colegio
pijo de Nueva Inglaterra, en las que el único objetivo es
acostarse con todo el que se ponga por delante para fraguarse
una reputación, se nos sirve un festín de sexo
y estupidez, en medio del cual tres personajes tratan de
encontrar el verdadero amor.
Para su segundo trabajo tras las cámaras,
Roger Avary
(el fir-mante de "Killing Zoe" y guionista de Quentin Tarantino)
continúa utilizando un buen surtido de maniqueísmos narrativos
bastante molestos (narración marcha atrás, pantallas partidas,
tufillo de vi-deoclip, etc.) así como una afición por la
exageración burlesca y guiñolesca llevada a extremos de bastante
mal gusto (sin alcanzar ni de lejos los resultados de unos
francotiradores de intenciones en principio similares, pero de
soluciones repletas de inteligencia, co-mo fueron los Monty
Python) y una marcada frivolidad y superficia-lidad, que ya se
dejaban ver en sus colaboraciones con Tarantino.
Con un guión que no avanza,
fir-mado por el propio director y basado en una novela de
Bret Easton Ellis
(autor especializado en críticos retra-tos generacionales como
"American Psycho" o "Golpe al sueño america-no"), en el que sus
personajes son lo menos interesante del conjunto (me-ros
arquetipos descerebrados), se ha-ce difícil mantener la atención
durante sus casi dos horas de metraje. No obstante, esto no
evita que en algunas secuencias con canciones se encuentren
soluciones na-rrativas interesantes (el madrugón compartido y
paralelo de dos de los personajes) y que con la aparición de un
personaje ausente en la última mitad, al que se había estado
haciendo referencia en va-rios momentos del film (el novio de
una de las chicas, que estaba de viaje), se le intente dar un
nuevo impulso a la narración, al modo de lo que también trataba
de hacer Almodovar con "La flor de mi secreto", pero que, al
igual que allí, termina por ser una decisión bastante errónea y
totalmente prescindible, pues ni con este nuevo giro de la trama
la película acaba por dirigirse hacia ninguna parte.
Quizás en esta huida hacia ningún lado
sea donde se encuen-tre la
verdadera gracia del film. En ese caso he de confesar que Avary
y yo no nos hemos entendido y que si su intención final era
decantarse por los amplios pastos del surrealismo, tiene a
varios grandes maestros europeos (Buñuel, Fellini o los ya
señalados Monty Python) y a alguno americano (el ex-Python Terry
Gilliam) de los que poder aprender para una próxima ocasión.
Calificación: 4
/ 10
Imágenes
de "Las reglas del juego" - Copyright © 2002 Lions Gate Films.
Distribuidora en España: DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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